Vietnam: De la Cochinchina a Ho Chi Minh

En el borde de la carretera, un turista despreocupado toma fotos a diestro y siniestro cuando prácticamente es atropellado por dos individuos a bordo de una pequeña motocicleta, equipados con máscaras anticontaminación.

Bienvenidos a la ciudad de Ho Chi Minh, o Saigón, como más se conoce esta ciudad en Europa, pues es el nombre que recibió como capital de la colonia francesa conocida como Cochinchina. Los franceses adoptaron Saigón desde que la tomaran en 1859, con la ayuda de los españoles, como base principal para sus campañas en su conquista de Indochina.

Se la apodó el París de Oriente o la Perla del lejano Oriente durante los casi 100 años que duró la ocupación gala, hasta que en 1954 los franceses fueron derrotados y expulsados para dar paso a una nueva nación independiente, Vietnam del Sur, cuya capital también fue Saigón.Vietnam, Saigón

En 1975, tras la caída de la ciudad durante la guerra entre Vietnam del Norte y del Sur, la ciudad pasó a llamarse hasta la fecha Ho Chi Minh, en memoria del presidente de la República Democrática de Vietnam, que se convirtió en un ídolo para el pueblo y que había muerto seis años atrás de tuberculosis.

Aunque Saigón sigue estando muy presente en la memoria de sus habitantes y en cierto modo se sigue empleando en ciertos círculos. Los comunistas ganaron la guerra de Vietnam, pero son los capitalistas los que han ganado la paz, pues la adoración a los billetes verdes triunfa en la región. En la cabina del camión recalentado, con un ventilador que apenas hace soportable la estancia, hemos sido testigos de la escena. Pham, el conductor con el que viajamos, simplemente lanza una maldición al verlo.

Transporte Vietnam SaigónConocimos a Pham cerca del puerto de Cat Lai mientras se fumaba un cigarrillo al arreglar el enésimo pinchazo de su viejo Freightliner. Joven, delgado, de ojos brillantes y con un gran entusiasmo por la vida, Pham sabe cómo ponerse Saigón en el bolsillo. Él nació y trabaja desde hace varios años como chófer de una empresa con veinte camiones. Su área de distribución se limita a la ciudad y sus alrededores, con incursiones ocasionales en áreas a lo largo del delta del Mekong, puesto que la ciudad está en la desembocadura de este río.

En el antiguo contenedor que sirve como taller mecánico, se siente orgulloso de un pequeño retrato amarillento de Ho Chi Minh, pero no por ello deja de mirar resueltamente hacia el futuro. Pham tiene 30 años, no ha experimentado la guerra, pertenece a una generación ansiosa por la modernidad y las nuevas tecnologías, así como el poder adquisitivo que le permita acceder a ello.

Sin embargo, él no escogió ser camionero, pero un buen día se encontró subido a un camión impulsado por alguien que tenía “conexiones” en la profesión. En un país pobre como Vietnam, un joven no elige su profesión, aunque Pham no se quejó, porque el ser conductor en este país es subir peldaños en la escala social del país. Un buen salario, independencia garantizada y unas condiciones laborales relativamente cómodas no puede rechazarse a la ligera. ¿Qué más puede pedirse en una nación en la que la gran mayoría de sus habitantes se esgrima todo el día en talleres o en la producción de arroz?

La avenida está completamente paralizada. Con sus ocho millones de habitantes y unos cuatro millones de ruidosos ciclomotores, que representan el 90 % del tráfico en Saigón, es sin duda una ciudad sumida en el colapso. Sin embargo, para los camiones es Vietnam Saigóndistinto; como un elefante en una cacharrería, se encuentra atrapado en medio de un torrente interminable de dos ruedas sin otra opción que moverse pulgada a pulgada, por lo que los tiempos de entrega quedan al margen.

En los últimos años, con el aumento de la población, las ventas de automóviles y motocicletas se ha disparado y la han convertido en la capital económica, aunque la capital del país sea Hanoi. La única solución es moverse lentamente a una velocidad constante, con mirada al frente y no pensar en el sinfín de bicicletas y motos que zigzaguean entre los vehículos.

Sólo pensar en ello nos produce un sudor frío. Clavado en su asiento, Pham no parece mostrar ningún signo de nerviosismo, simplemente fuma cigarrillo tras cigarrillo, contemplando la escena de forma pasiva e inexpresiva. Las autoridades abrumadas tratan de establecer dispositivos para descongestionar la metrópoli con transportes públicos, metro, autobuses, incluso en las horas punta miles de funcionarios viajan junto con los escolares y estudiantes en transportes combinados.

La línea de camiones porta-contenedores es interminable y la frustración empieza a leerse en los rostros de los conductores. Cat Lai, el puerto más grande del país, ubicado a las afueras de Saigón, es la gota que colma el vaso en cuanto al Puerto Vietnam Saigóntráfico caótico de la ciudad. Escasez de equipamiento, unos servicios administrativos lentos y la congestión del tráfico paralizan la actividad portuaria.

Mientras la economía vietnamita crece sin cesar, la falta de infraestructuras en el país empieza a convertirse en un obstáculo para aquellos que desean ampliar sus operaciones en Vietnam. “Se necesitan más de tres días para salir del puerto de contenedores, lo que se convierte en un enorme déficit”, se lamenta Pham.

En efecto, el precio del transporte de un contenedor a Los Ángeles es un tercio más caro desde Saigón, en comparación con sus competidores directos como Shangai o Hong Kong debido a los impuestos exorbitantes. Del mismo modo que prácticamente no hay carreteras en todo el país y los camiones del puerto se encuentran directamente atrapados en el demente tránsito de Ho Chi Minh.

La gran mayoría de los camiones que esperan fuera del puerto son de fabricación estadounidense. Freightliner con cientos de generaciones, además de Kamaz, IFA, Hyundai, Hino Foton, etc. Una muestra de todos los países, que refleja la reciente historia de Vietnam y que la relación con Europa es débil, de hecho prácticamente no hay fabricantes del Viejo Continente.

Transporte Vietnam SaigónExtrañamente y a pesar de todo el daño que sufrió el país con los americanos, los vietnamitas no parecen guardarles rencor alguno. Un número significativo de chóferes muestran con orgullo su bandera desde la cabina de su camión de fabricación americana, para mayor sorpresa de los turistas extranjeros.

Pham ha instalado su hamaca debajo del remolque del camión para disfrutar de una agradable brisa que llega desde el mar. A menudo prefiere dormir al aire libre, ya que la atmósfera de la cabina se caldea inevitablemente por la inclemencia del sol. Cuando apenas lleva unas horas dormido, desde los altavoces diseminados por toda la ciudad se amplifica un griterío propagandístico.

“Así es todos los días, a las 4.45 h de la mañana en todo el país. No voy a quejarme porque estos mensajes son parte de la propaganda del Gobierno, con el que no se recomienda bromear”, concluye Pham.

En los últimos días, reina una especie de frenesí en la ciudad. Mañana empieza la fiesta del Tet y la actividad del país entero se detendrá a lo largo de una semana. Para estos chóferes, éste es el único período de vacaciones de todo el año y el suceso no es para escatimar.

El camión se lava con especial atención y nuestros amigos van con sus respectivas familias para celebrar el acontecimiento como es debido. En unas pocas horas, las calles de Saigón están vacías del estresante tráfico diario, y por unos días ofrecerán a los visitantes otra cara bien distinta.

 

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