Un Pegaso Comet con aroma familiar

Francisco Varela —Fran para los amigos— es uno de esos jóvenes camioneros que llevan el mundo del transporte tatuado en el corazón. Pocas cosas le llenan más que el volante de un camión. Aún recuerda cuando era un niño y le decía a su madre, María Josefa: “Si vas al pueblo, no te olvides compararme el Mundo Camión. Estamos en Carballo, a 40 km de A Coruña.

En esta misma robleda en la que tomamos las fotos para el reportaje, nuestro protagonista aprendió a gatear, caminar y andar en bici. A escasos metros está su casa y la empresa de material de construcción que fundó hace 40 años su padre —Francisco— y que dirige hoy nuestro protagonista. Esto ha sido siempre un ir y venir de vehículos de transporte. Y cuando alguien mama de pequeño este mundillo, es fácil que acabe volviéndose un apasionado de los camiones.

pegaso comet varelaUno de los primeros vehículos que recuerda Fran es, precisamente, este Comet de 1977. “Lo compró nuevo mi padre, exactamente dos años antes de que naciera yo, el mismo día. Éste es el que ganaba el pan para la familia”, explica nuestro protagonista. Francisco Varela padre murió cuando el pequeño Fran tenía apenas 14 años, y además del negocio familiar le dejó en herencia una pasión irrefrenable por todo lo que tuviera que ver con los vehículos de transporte.

“De la época de mi padre recuerdo que se trabajaba mucho y más duro que ahora. Se arrancaba por la mañana con un viaje pero sin hora de regreso, y además se cargaba y descargaba el material a mano. Entonces apenas había carretillas elevadoras”. Estaba llamado a tomar las riendas de la empresa (distribución de ladrillo, cemento y arena por toda la comarca) y Fran siguió, paso a paso, las marcas de su destino.

284_CLASICOS_PEGASO_05Al poco de morir Francisco, el mítico Pegaso dejó paso a otros vehículos más nuevos y potentes. Se imponía la lógica de los tiempos, pero de ninguna manera se enterró el recuerdo. “Yo siempre he tenido la ilusión de recuperarlo. De dejarlo en el estado original, tal y como lo llevaba mi padre. Después de cerca de 15 años parado, por fin me decidí a restaurarlo de arriba abajo”.

Durante todo el tiempo en que el vehículo estuvo fuera de la circulación, nuestro entrevistado intentó moverlo frecuentemente. De hecho, el Comet se usó durante años en una finca de la familia donde Fran reparaba las plataformas de los camiones. “Le coloqué una grúa y hasta una quinta rueda para mover los remolques”.

Una huella imborrable

En estos tres lustros de actividad limitada, el Pegaso mantuvo bien la mecánica, pero la chapa sufrió inevitablemente los rigores del paso del tiempo. “La cabina estaba irrecuperable, llena de agujeros, así que no tuve más remedio que buscar una nueva”. La encontró en Burgos. La limpió, la preparó y la pintó en el taller de un vecino del pueblo. Eso fue hace un par de años, y el proceso fue trabajoso pero muy ilusionante. Fran contó con la ayuda de sus amigos Vicente y Álex. “Hubo que rascar todo el chasis y la caja, y pintarlos de nuevo. Por suerte, la mecánica estaba impecable. Habían pasado muchos años, pero no necesitó nada, ni aproximar frenos. Cambio de aceite, valvulinas y a la ITV. ¡La pasó a la primera!”.

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Lo cierto es que ni a Fran ni a sus ayudantes se les da mal la mecánica, pero tampoco son expertos. “Me atrevo con todo, y me encanta la mecánica clásica. Pero otro asunto es si el vehículo lleva centralita y esas cosas modernas… ahí no me meto”, dice Fran sonriendo.

Después de varios meses poniendo alma y sudor en el Comet, el trabajo tocaba a su fin. Sólo faltaban dos detalles: en las puertas, el nombre de su padre (de hecho, en todos los vehículos de Fran aparece el nombre del progenitor y no el suyo), y sobre el parabrisas, bien grande, el nombre de Erika, la hija de Fran, o “la jefa”, como él la llama.

Por fin, un pedazo de la historia de la empresa familiar y, por supuesto, una pizca imborrable de quien fue Francisco Varela Palacios, volvía a lucir como nuevo por las calles de Carballo. El Cometa parecía que regresaba del túnel del tiempo, y todavía hoy son muchos los veteranos que se paran junto a él para hacerse fotos. “Lo cierto es que es raro el fin de semana que no lo saco a dar una vuelta o a casa de familiares, y sobre todo en verano. Además, cuando el trabajo me lo permite, intento asistir a concentraciones. ¡Son mis vacaciones!”.

Fran reconoce que la afición por los vehículos clásicos es muy cara, pero que todo el esfuerzo queda compensado cuando ves el resultado final. El úni

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co pero, las trabas administrativas: “En mi opinión, los trámites de papeleo, a día de hoy, son las que frenan las restauraciones de camiones. Con el Comet he librado una auténtica batalla con la Jefatura de Tráfico y Transportes para ponerle su documentación al día. Ellos mismos se contradicen con sus normas”.

Pese a todo, nuestro entrevistado acaba de comenzar la restauración de un Pegaso Europa 2020. Ama este mundo y no puede evitarlo. “Es algo que siempre he llevado muy dentro. No sé muy bien la razón, pero tengo muy claro que me siento mucho más feliz conduciendo un vehículo antiguo que con el camión más moderno de cualquier marca”.

Se apoya en el guardabarros del Comet y le echa una mirada de satisfacción. Está precioso bajo los robles. Fran no dice nada, pero el recuerdo de su padre se refleja en sus ojos. Bonito homenaje.

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