Tres madres, tres amigas, tres camioneras

Vivir del camión no es sencillo. Son muchas las variables que hacen que este oficio genere más de un dolor de cabeza. Pero la ecuación puede complicarse todavía un poco más. Ser mujer, por ejemplo. Merche, Cristina y Mireia llevan años al volante.

Suspiran cuando les preguntamos sobre las dificultades que implica ser mujer en un oficio tradicionalmente reservado a hombres. Después, dejan escapar algo parecido a una mueca de resignación y comienzan a enumerar uno a uno los hándicaps a los que se enfrentan a diario: falta de instalaciones donde cambiarse, piruetas imposibles para conciliar trabajo e hijos –las tres son madres– y, sobre todo, la lupa acechante de compañeros y empleadores.

“Tienes que trabajar por dieciocho, tienes que demostrar por dieciocho”, dice Mireia. Cris y Merche escuchan, asienten y vuelven a suspirar. Lo dicho, no es sencillo..Profesión Mujeres

Pese a todo, si algo les sobra a estas tres guerreras del asfalto, es carácter. Una virtud, por otro lado, que se hace imprescindible cuando quien va al volante no es un hombre.

Ellas mismas reconocen que se transforman en cuanto suben a la cabina de su camión, se vienen arriba y no agachan la cabeza ante nada ni nadie; “si no te meriendan”, asegura Merche.

Se han topado con algún que otro imbécil, pero reconocen que la mayoría de los compañeros Profesión Mujerescamioneros se portan de diez, ayudando en lo que pueden y como pueden. En las fábricas les ponen la alfombra roja, algunos clientes solo quieren que vayan ellas a cargar o descargar, y aunque la respuesta al porqué puede parecer obvia, lo cierto es que más allá de que sus sonrisas puedan alegrarle la mañana a más de uno, Mireia, Cris y Merche son valoradas –muy valoradas– esencialmente por cómo trabajan.

Nadie les ha regalado nada, y ellas tampoco lo piden. Les basta con que las empresas gestionen mejor sus horarios y evitar así tiempos muertos que luego ellas han de restar a sus dos otros trabajos: los hijos y la casa. Es lo único. Para el resto de los obstáculos es suficiente con una buena sonrisa y actitud.

“Ser camionero no es tan malo”, dice Merche. “El que está todo el día quejándose que se baje del camión y que deje su sitio al que de verdad lo viva, como nosotras. Hay mucha gente desanimada, pero no puede ser así. ¡Remontaremos!”. Tienen carácter, buena predisposición y conducen de morirse. A este trío no hay quien les tosa.

Tres amigas, ante todo

Las tres nacieron para vivir libres, lejos de trabajos convencionales y jornadas excesivamente monótonas. Cristina Muñoz (Barcelona, 35 años) ha vivido el oficio en casa. Hija y hermana de transportistas, se dedicó a la peluquería hasta que hace un par de años dijo basta. Profesión Mujeres

“Siempre me había gustado el camión, pero no me dejaban porque era un poco cabra loca”, nos explica. “Cuando mi padre empezó a pensar en la jubilación, yo empecé a sacarme los carnets, y ahora estoy de autónoma con mi hermano”. Y está encantada.

Muchas horas de trabajo en la carretera más las horas de papeleo en casa, pero a Cris le compensa. Da igual el sufrimiento y los escollos del camino. “A mí el camión me dio la vida. Pasé una época mala, me subí al camión y he vuelto a disfrutar. Aparte de eso, es una gran satisfacción demostrar que puedes, cierras muchas bocas”.

Profesión MujeresMireia Martínez (Barcelona, 32 años) empezó a conducir furgoneta de reparto a los 18 años, en el almacén donde trabajaba. De ahí pasó a un rígido y, después, el salto al trailer. “¡Yo nací con ruedas en los pies!”, dice Mireia con una sonrisa orgullosa.

“Cualquiera de las tres te puede decir lo complicado que es entrar en este oficio. Tienes que demostrar más que ninguno. Estaba harta de enviar currículums, y un día ya mandé una carta de presentación superborde, preguntando qué experiencia podía tener si nadie me daba la oportunidad. Al jefe de tráfico le hizo gracia, y apostó por mí, pero me consta que no querían chicas”.

Profesión MujeresEl caso de Merche Cabeza (Reus, 40 años) no es muy diferente. Pese a que ella quería conducir camiones –como su padre–, en casa le dijeron que se olvidara del asunto y que se hiciera administrativa.

“Estudié, entré en una gestoría, pero al poco me subía por las paredes”, cuenta Merche. “A mí lo que me gustaba era conducir. Así que empecé con una furgoneta, y poco a poco me fui sacando los carnets”.

En 2002 le salió el primer trabajo como transportista con una cisterna y se convirtió en la primera mujer conductora de tráiler de toda la provincia de Tarragona. “Era una buena época, ganaba mucho dinero, y me enganché a este mundo. Hasta hoy. No he podido dejarlo. Llevo 13 años haciendo la loca por ahí”.

Profesión MujeresLas tres hace años que se conocen. Son amigas, confidentes, y se apoyan incondicionalmente entre ellas. Su grupo privado de WhatsApp –nos confiesan– echa humo. “¡Nos da mucha vida! –dice Cris–.

Yo soy la primera que se despierta, a las 3 de la mañana, y ya hay 40 mil mensajes. Luego se levantan ellas y estamos todo el día enganchadas unas con otras. Pero, además, nos sirve para el curro: Mireia es capaz de guiarte por el móvil mejor que cualquier GPS.

Es alucinante cómo se conoce las carreteras”. Se consideran algo diferentes a la mayoría de las mujeres, “pero no vamos de Dioses”, aclaran. “Somos todoterreno para poder cumplir con la faena, eso está claro, pero también tenemos nuestro lado femenino –afirma Merche–. Igual llevamos por la mañana un mercancías peligrosas y luego por la tarde nos arreglamos con un vestido y unos tacones. Les cuentas que llevas un camión y no se lo creen”.

Profesión MujeresCuando les preguntamos sobre lo que les aporta su trabajo, las tres se incorporan en sus sillas y vuelven a reír.

Coinciden plenamente en que la vida a bordo de una cabina es una aventura diaria, sin espacio para la monotonía. Nos hablan de situaciones complicadas, desagradables por la lacra del machismo, pero también nos explican muchas más de encuentros fascinantes con personas muy interesantes, de puestas de sol sobre el asfalto sublimes.

Les cuesta pensar en otra opción laboral si no pudieran hacer lo que hacen. Simplemente, son felices al volante y de una honestidad intachable. Merche lo resume así: “Voy a hacer lo que me apetece porque mañana no sé dónde voy a estar. Yo no he nacido para un trabajo de 8 horas, encerrada en una oficina, de vuelta a casa, a dormir y vuelta a empezar. No. Yo quiero explicarles a mis nietos todo lo que ha hecho la yaya en su vida”. ¿Y acaso no es eso la libertad? Que sigáis muchos años más con la melena al viento, muchachas.

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