Transportes José Reyes, de Almería a Perpiñán

De niño, a José Reyes ya se le iban los ojos detrás de los camiones de su padre. Ni balones de fútbol ni peonzas. Lo que de verdad le hacía sonreír eran los Avia y Pegaso que veía circular por el portal de casa, en Adra (Almería). Su padre Antonio se ganaba la vida comprando verdura, habichuelas y tomate y vendiendo el género por su cuenta con el camión como herramienta de transporte.

Más adelante dejó la venta directa y empezó a hacer únicamente el transporte, llegando a tener hasta cinco vehículos en su flota. José, obviamente, no tardó mucho en subirse a uno de ellos y empezar a trabajar en el negocio familiar, hasta que con 20 años decidió que había llegado la hora de trabajar en solitario. Primero junto con un amigo, compartiendo gastos, beneficios y camión —un Renault 420—, y a los dos años ya con un vehículo propio.

A partir de ahí, el desarrollo del negocio ha seguido una curva ascendente hasta el punto en el que se encuentra hoy en día: una decena de camiones, ocho trailers frigoríficos, otros tantos chóferes y una ruta constante que va desde Almería hasta Perpiñán, con servicio en Barcelona y Sevilla.

Ttes. José ReyesLa huerta de Almería ha sido y sigue siendo la fuente de sus cargas. En Adra, donde tiene la sede su empresa, Transportes José Reyes carga todo tipo de verdura, siguiendo puntualmente las sucesivas campañas que tienen lugar desde octubre hasta julio. Con una superficie de 5.500 metros cuadrados de campa, más una nave con oficina y taller, las instalaciones de la empresa son un hervidero de vehículos durante los meses de más faena.

A mediodía salen y entran frigoríficos arrastrados por toda una legión de Volvo —tiene ocho de la marca sueca—, que llegan a la central para su correspondiente lavado, chequeo de aceite, repostaje y de nuevo rumbo al norte. José, al que todo el mundo conoce por el sobrenombre Harry —herencia de sus primeros años de emisora—, camina por las instalaciones con el móvil pegado a la oreja. Cerca de él, Isaac, chófer de la empresa, también vive pegado al teléfono.

Ambos gestionan salidas y llegadas: “Necesito tener algún chófer libre para que me ayude con la gestión, sobre todo cuando tenemos picos de trabajo”, explica Harry. Isaac le sirve de comodín: si no está viajando con el frigo, le atiende las llamadas de trabajo y le libera de faena. Que es constante, prácticamente todo el año. “Las campañas van de octubre a julio, pero en realidad aquí no se para nunca. Hay trabajo siempre. De hecho, yo también tengo que subirme al camión a hacer algún viaje cuando no hay más remedio”.

Del invernadero, rumbo al norte

A principios de los 90, Harry comenzó a hacer transporte de verdura con un MAN 19 462. Aquel sería su primer camión en solitario, y a partir de entonces la flota fue aumentando al ritmo que marcaban los clientes y siempre con destino Perpiñán y cargado de verdura. “Luego tuve otro MAN, que lo cambié por el anterior, y ya después, en 1998, llegó el primer Volvo, un FH12 400”.

El idilio de Harry con los Volvo arranca entonces. Una relación que ha llevado a la Ttes. José Reyesempresa a contar casi en exclusiva con el fabricante escandinavo. “Es una cuestión de servicio posventa”, asegura nuestro protagonista. “Trabajo con un concesionario de Almería y estoy muy contento. Obviamente, también son vehículos muy buenos”. La flota está compuesta por ocho Volvo —un FH12 460, un FH13 540, un FH16 580, un FH16 600, un FH16 700, y tres FH16 520—, además de un Scania 730 y un MAN 603.

La pasión de Harry por el mundo del camión le lleva a cuidar como hijos cada uno de los vehículos de la flota. “Antes de salir tienen que lavarse. Me gusta que brillen”. Tal es su obsesión por la imagen, que ha ideado Ttes. José Reyesun sistema de lavado antical: “Mucha gente me pregunta ¿por qué brillan tanto tus camiones? El truco está —dice esbozando media sonrisa y bajando el tono de voz— en usar agua de lluvia para el aclarado”.

Junto al taller, varios depósitos de plástico almacenan todo el agua posible que descargan las nubes. En total, cuenta con cerca de 14.000 litros, que usa exclusivamente para que la chapa de sus camiones reluzca como ningún otro. Una vez repostados y lavados, los vehículos salen de la campa, se carga la verdura en los frigos y ponen rumbo a Barcelona. Así a diario. Transportes José Reyes trabaja con Mercabarna y con el mercado de Perpiñán.

De bajada, los vehículos cargan pescado en Figueres y lo distribuyen en Sevilla. “Ahora estamos a un 75 % de actividad, parece que no acabamos de arrancar con las campañas, pero la verdad es que durante todos estos años de crisis dura, que también la hemos vivido, la actividad se ha mantenido. Nuestro sector es especial: la gente sigue yendo a comprar tomates y verduras. Eso no cambia”.

Pese a que en sus inicios la actividad de la empresa también abarcaba transportes por Europa, ya hace casi 15 años que la única salida del país es para hacer el servicio en Perpiñán.Alrededor del año 2000 me salió el trabajo para las grandes superficies en Cataluña y Mercabarna, y ya dejé de hacer internacional”. Cada año, los camiones recorren aproximadamente 160.000 kilómetros.

Ttes. José ReyesHarry tiene otros tres hermanos que se dedican al transporte de verdura. Los invernaderos son una fábrica inagotable de producto, y ese producto se tiene que exportar más allá de las fronteras de la provincia. Es el pan de muchas familias. Y en la de Harry es el negocio de casi todos.

Antonio, el mayor, trabaja con cuatro camiones propios haciendo la ruta Almería-Barcelona; Paco hace Almería-Valencia con tres camiones; y Manolo, con siete vehículos, viaja también hasta Valencia. Uno diría que lo natural sería que la familia Reyes trabajara bajo las siglas de una misma empresa, pero cada uno mantiene su negocio como propio: “Sería lo suyo —reconoce Harry—, sin embargo fuimos saliendo de casa escalonadamente y nos hemos buscado la vida de manera individual”.

Todo un tesoro

“Cualquier día mi mujer me pone en la calle”, dice entre risas. Encarni de momento no le ha hecho las maletas, pero Harry se la juega cada vez que llega a casa y comunica que ha comprado otro clásico. Y es que, además de los vehículos exclusivamente dedicados al trabajo, a Harry le pierden las joyas. Y no hablamos de bisutería. No. Un Pegaso Tecno 360 se ha convertido en uno de sus tesoros mejor guardados.

A nuestro protagonista le encanta Ttes. José Reyesviajar a festivales y ferias luciendo orgulloso este tesoro que encontró en El Ejido, a punto de ser desguazado y que terminó restaurando. “Mi padre tuvo alguno igual”, explica Harry. “Lo he llevado a Barcelona, a Santander, a Torrelavega, a Albacete, a Vélez-Málaga… por todo el país. Y aparte de éste, tengo también un Comet y ahora estoy restaurando un Pegaso 170 y un 260 de cabina fija”.

Le pierden los clásicos, pero sin duda si hay un vehículo por el que suspira, es su Kenworth T2000. Durante años, Harry anduvo detrás de un americano. Era uno de sus sueños. Y el deseo se materializó en 2012, cuando un amigo le comentó que se vendía uno en Alicante. “El vehículo estaba en buen estado. El motor contaba con 700.000 millas y sólo tenía algunos rasguños en la pintura del morro. Así que lo compré, lo pinté y aquí está, listo para trabajar”.

Cuando salen emergencias, nuestro protagonista no duda en subirse a su Kenworth, enganchar el frigo y salir rumbo a Barcelona. “Se lleva de maravilla —asegura—; eso sí, si tengo que entrar en Mercabarna, lo hago en domingo, porque como vaya en lunes, ¡armo unos atascos enormes al acular!”. Aparte de la pintura, le ha cambiado las seis llantas —importadas de Estados Unidos— porque las originales se deterioraban mucho con los líquidos del lavado.

 

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