El transporte en las montañas del Atlas

El termómetro está bloqueado en los 48°C. El viento que entra por la ventanilla abierta quema la piel, al tiempo que nuestro Berliet ataca valiente los primeros contrafuertes del Atlas. Los pueblos más grandes aparecen donde la hierba brota débilmente, aunque es suficiente para alimentar algunos carneros famélicos.

Estamos aquí en los años luminosos del modernismo de Casablanca o los complejos Transporte en el Atlasturísticos de Agadir, y si no fuera por el largo camino de asfalto que serpentea en el valle, no podríamos creer que nada ha cambiado desde hace centenares de años.

Hemos cargado en Marrakech un puñado de corderos y cabras que debemos transportar hasta una pequeña aldea apartada en el desfiladero de Dadés.

En esta región, donde el hambre es más abundante que la harina, las transacciones comerciales son difíciles y harán falta varias horas de negociación antes de que el chófer y su cliente se pongan de acuerdo acerca del precio del transporte.

Los países pobres sufren en mayor medida las subidas de los precios del petróleo, sobre todo en regiones aisladas donde el transporte tiene un impacto directo sobre la vida cotidiana.

A pesar de la dificultad del regateo, Mohand, el conductor, no ha manifestado en ningún momento ningún indicio de impaciencia, Transporte en el Atlasconsiderada un signo de mala educación y una descortesía. Es un bereber fiel a su palabra.

Sus gestos son comedidos y su camión, igual que si perteneciera a otra época, está perfectamente conservado. Un verdadero profesional de la carretera que sabe con certeza que de la buena salud de sus utensilios de trabajo depende la supervivencia de su familia y, al mismo tiempo, su seguridad en un entorno tan hostil.

La Montaña de las Montañas es una barrera natural majestuosa que se eleva en el sur de Marruecos con cimas que culminan a más de 4.000 metros de altura. En invierno, las ventiscas soplan a temperaturas siberianas y las carreteras quedan cubiertas de hielo hasta que el sol del verano quema sin piedad.

Peligro en las pistas

Para trabajar en estas carreteras se necesitan conductores y mecánicos de acero forjado, y Mohand, con su viejo Berliet, parece particularmente bien tallado para este tipo de aventura. Desde que hemos abandonado el asfalto, las pistas son arcaicas y repletas de peligros.

Transporte en el AtlasNo es bueno quedarse averiado en un hueco cuando pequeños aludes de nieve pueden precipitarse en cualquier momento. “Aquí no es como en la llanura –cuenta Mohand maniobrando el pesado volante de su camión–, un freno que falla en un derrumbamiento del terreno acaba en accidente.

Hay que prestar siempre atención y anticiparse a todo aquello que pueda pasar con mucho cuidado, aunque será Alá quien decida realmente tu futuro”.

La carretera que une Marrakech con Ouarzazate pasa por el puerto de montaña de Tizi-n-Tichka, el puerto de los pastos, que alcanza los 2.260 metros de altitud. Es el paso con pista más elevado de todo Marruecos.

Se eleva serpenteante por las escarpadas montañas, bastante peligrosas a causa de los numerosos camiones y autocares que lo cruzan. “En verano es preferible circular de noche por las elevadas temperaturas –nos confía Mohand–, los motores se calientan demasiado durante la escalada y en el descenso a Ouarzazate. El mercurio puede superar los 50°C; es el inicio del desierto del Sáhara”.

Transporte en el AtlasEl viaje todavía no ha terminado, seguimos circulando despacio. El viejo Berliet remonta con la obstinación de un caballo de tiro a través de la calzada tallada en los flancos de la montaña, donde se cultiva trigo y cebada.

El paisaje es magnífico, pero terriblemente árido. Los autobuses nos pasan a toda velocidad al son de las bocinas y sin ninguna visibilidad. Es la vieja técnica de pasas o te quedas, eso sí, rezando a Dios, que no tiene otra cosa que hacer.

Los accidentes son bastante habituales en estos precipicios, ya sea a causa de las altas velocidades propias o ajenas.

El coche de policía nos ha detenido con una maniobra, cerrándonos el paso. El agente que está a la espera de lo que le digan por la emisora sostiene mis cámaras de fotos vociferando por el walkie para pedir refuerzos. Estamos cerca de Ouarzazate, a las puertas del desierto, y no logro comprender la agresividad con la que nos trata este agente.

El jefe de policía llega Transporte en el Atlasacompañado de dos esbirros con bigotes arrogantes, que se detienen para agarrarme de la pechera. Quieren saber por qué fotografío en las proximidades de su oficina, y sudando les explico como buenamente puedo.

Tras soltarme, me relatan una historia que me ayuda a comprender el porqué de esta escena tan desagradable. Bajo seudónimo, un marroquí había filmado a algunos polis ebrios en un vídeo algo comprometido.

La grabación dio tanto que hablar, que se procedió a la detención de los dos agentes grabados. Incluso el rey Mohamed V se vio obligado a intervenir debido a la magnitud de los hechos y tuvo que cesar a ambos policías de sus obligaciones.

Desde este altercado, otros han intentado emular grabaciones de este tipo para desacreditar a las autoridades, que se mantienen a la defensiva y reticentes ante la presencia de cámaras de cualquier tipo.

Más tarde, Mohand me confiesa: “La corrupción es parte de nuestra vida cotidiana, ya no le prestamos atención. Es necesario untar manos para conseguir desde una cama en un hospital hasta aprobar un examen en el colegio. Para muchos, esta práctica casi cotidiana Transporte en el Atlasserá muy difícil de suprimir”.

Los conductores profesionales son especialmente vulnerables a estas prácticas de las fuerzas del orden porque siempre están al límite y en situaciones delicadas frente a la ley. Sobrecargas, excesos de velocidad y camiones antiguos constituyen la realidad de lo que representan las condiciones laborales para estos camioneros.

El conductor de un camión averiado en el borde de la carretera nos hace señas con la mano. Mohand detiene su vehículo y desciende de la cabina. Aquí, la solidaridad entre compañeros es imperativa y no se toma a la ligera.

A la luz de una lámpara bajo el camión, podemos distinguir la ruda faz de otro conductor. Después de unos minutos, la reparación está terminada y los chóferes se reúnen en un hostal frente a un delicioso plato de tayín de cordero, donde lo dulce y lo salado se mezclan. “Bismillâh” (‘en el nombre de Dios’), murmuran mientras mojan pedazos de pan en la sabrosa salsa.

Terminan la cena y un grupo de paisanos viene a negociar un pasaje hasta un pueblo que se encuentra a unos cincuenta kilómetros de Transporte en el Atlasdistancia. Fardos, paquetes y cajas de todo tipo se apilan en el camión en un equilibrio precario; hasta tal punto, que los pasajeros se enganchan a los travesaños del camión.

En estos valles del fin del mundo, completamente al margen del esplendor económico del resto de Marruecos, los camiones son los únicos que no dejan que queden totalmente aislados. “En ciertos casos, también hacemos de servicio de ambulancias –cuenta Mohand– y la gente nos confía su vida para llegar a la ciudad. Sin nosotros, estos valles no podrían sobrevivir”.

El viaje continúa, pero ahora se ralentiza muchísimo. Menos mal que en cada parada dejamos una parte de nuestra carga, aunque no sin conversaciones interminables entre Mohand y aquellos que descienden del camión.

Porque la negociación de la tarifa no se acaba de concretar hasta la llegada. Y cada vez se alcanza la misma atmósfera de bazar oriental en mitad de la pista de montaña bajo un sol de justicia.

Transporte en el AtlasEl trayecto llega a su fin. Estoy exhausto. Después de descargar la totalidad del ganado, Mohand me invita a su casa y no puedo rehusar su ofrecimiento. Al alba, elige una cabra para convertirla en unas brochetas deliciosas, de bolitas de carne, asadas y a la brasa. Imposible irse antes de que se haya terminado la comida de la mesa.

Su camión es viejo y el dinero no abunda en los valles del Atlas. La mayoría de los jóvenes de Marruecos están sin empleo, y en esta zona la situación empeora considerablemente.

Quisiera comprar un Volvo para continuar su labor y proporcionar una alternativa de trabajo a sus hijos. El transporte por carretera marroquí está en plena mutación y sólo los que hacen internacional se ganan bien la vida. Aunque muy arraigado a sus montañas y consciente de la importancia de su trabajo para la población, sabe que el futuro de su familia pasará necesariamente por un traslado a las grandes ciudades de los llanos.

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