Tokio, transporte en la megalópolis nipona

Bienvenidos a la capital financiera de Asia. Tokio es la megalópolis por excelencia en este lado del mundo. Un monstruo que no duerme y que cobija a cerca de 13 millones de personas (casi 40 si sumamos las poblaciones del extrarradio).

El transporte de mercancías es, sin duda, una de las actividades vitales para la capital del imperio nipón, cuya red de carreteras responde a lo que un gigante debe ser: 1,21 millones de kilómetros enlazados que recorren a lo largo y ancho toda la isla, y de los que 8.000 pertenecen a autopistas y 55.000 a nacionales.

Tokio, como centro neurálgico, es el punto de encuentro de toda esa enorme red de vías terrestres, y de ella mueren y nacen sus cuatro accesos/salidas exprés: Tomei, Chuo, Kan’etsu y Tōhoku. No son los únicos, pero sí los más veloces. En ellas, utilitarios, taxis, furgonetas y camiones comparten asfalto. Eso sí, en un orden, pulcritud y silencio difícilmente imaginable en cualquier otra capital del mundo.Transporte en Tokio

La limpieza de los cromados y la chapa, la modernidad de su parque (mucho Nissan, Mitsubishi, Toyota, Isuzu) y el escaso o nulo uso del claxon sorprenden al visitante. ¿Cómo hacen para trabajar sin bocinazos? Es un misterio. La respuesta se esconde en el ADN de los tokiotas.

Transporte en TokioYa sea en el corazón de la capital, el cruce de Shibuya o las calles de Shinjuku, Ginza o Akihabara, como en zonas más enfocadas al comercio puro y duro, como el mercado de Tsukiji, la paciencia parece ser una constante entre los profesionales del volante.

En realidad basta echar un vistazo a cómo entran uno detrás de otro, sin pisarse, en los vagones del metro para comprender por qué, sobre el asfalto y con el pie en el acelerador, se comportan de igual manera. La megalópolis va un ritmo frenético, pero los profesionales no parecen inmutarse.

Camiones de obra circulan de un lado a otro en pleno centro, compartiendo espacio con los llamativos “koukoku torakku”, los tráilers publicitarios que se dedican a pasear una y otra vez por las mismas calles del centro Transporte en Tokio(uno de ellos es el que abre este reportaje) y que se han puesto de moda en los últimos años.

Las empresas pagan hasta 2,6 millones de yenes (unos 19.000 euros) para que su nombre circule a tamaño gigante por los lugares más concurridos de Tokio.

De obra, paqueteros, de publicidad, furgoneteros… uno de los vehículos que más abunda en las calles de la capital es, sin duda, el especializado en producto perecedero.

En Japón, prácticamente todos adoran el producto de mar. Sushi, sí. Mucho. Pero no solo pescado crudo. El negocio de la compraventa de pescado y mariscos es una rueda dentada que apenas descansa. A diario, una legión de transportistas se entrega fervorosamente a ella. Para verlo hay que acercarse hasta Tsukiji, el mercado de pescado más grande del planeta.

Prohibido andar despistado Enclavada en la zona central de la ciudad, el mercado de Tsukiji recibe cada día 2 millones de kilos de género proveniente de todos los rincones del mundo.

Algunos datos: el business mueve unos 20 millones de euros al día; de 9.30 de la noche a 8.30 de la mañana, este enorme hormiguero de 230.000 m2 de superficie registra su mayor actividad, incluida la subasta, que arranca a eso de las 5 de la mañana; aproximadamente un tercio del producto que llega a Tsukiji es fresco, otro tercio está congelado y el resto, seco o conservado con otros métodos; Transporte en Tokio14.000 personas trabajan en el mercado, a las que hay que sumar cerca de 35.000 compradores y cientos de transportistas que a lo largo de la jornada de trabajo entran y salen del mercado de Tsukiji, ya sea para entregar mercancía o para cargarla.

Los pesos medios son los que mejor se desenvuelven a primera hora de la noche (el entramado de calles, pasillos y accesos a las instalaciones no permite la maniobrabilidad de vehículos de mayor tamaño), pero a media mañana aparecen también vehículos de mayor tonelaje.

Hay mucha caja frigorífica, pero también ciclomotores, toros, bicicletas, furgonetas y minitransportadores eléctricos (estos últimos, los mejores para maniobrar entre las paradas del mercado), hasta aproximadamente las 9 de la mañana, cuando el trasiego empiece a descender paulatinamente.

Cuando termina la última de las subastas arranca la carga del género en los camiones —rumbo a los restaurantes y supermercados— y en los minitransportadores eléctricos, que distribuyen el género entre los numerosos negocios que existen dentro del Transporte en Tokiomercado, donde los propietarios de las paradas trocean y preparan los productos para su reventa.

Si durante la distribución del género en los puestos del interior el tráfico es una locura, en la zona de aparcamiento exterior la cosa no es menos estresante.

El movimiento de camiones es muy intenso y si uno anda despistado, corre el riesgo de ser embestido, especialmente si eres turista. Tsukiji atrae a diario a numerosos visitantes, que comparten a la fuerza espacio con los vehículos de carga.

El trajín es constante y, pese a que los transportistas están acostumbrados a lidiar con transeúntes, la paciencia puede llegar al límite.

Los japoneses son de naturaleza afable y muy poco ruidosos, pero cuando un tipo con prisas, cargado de cajas de atún, en medio del follón, se encuentra de frente con un turista de Kentucky, quieto, intentando hacerse un selfie con un palo de plástico… en fin, algún exabrupto se escucha.

El aparcamiento es un lugar complicado. Hay tensión, prisas y muchos vehículos, así que mejor andar con cuatro ojos o uno corre el riesgo de acabar trinchado junto a una bandeja de ostras, salmón o anguilas. No es broma. Los responsables del mercado se esfuerzan cada año en gestionar mejor los centenares de turistas que visitan cada día estas instalaciones.

Las máquinas se mimetizan con los humanos y copian de estos su tendencia silenciosa y pulcra. Aparcados en batería y haciendo varias hileras paralelas, con Transporte en Tokioun pasillo central para maniobras y movimiento de minitransportadores, una legión de vehículos espera turno.

Son cerca de las 9.00 horas, la subasta ya hace tiempo que terminó, y ahora toca distribuir lo que se ha vendido a lo largo y ancho de la metrópolis.

Gana por goleada el tono blanco, pero destaca en el paisaje algún que otro vehículo envuelto en cromados.

Los japoneses aman el brillo del metal, así que más de uno forra su máquina de arriba abajo con chapa de aluminio (es curioso lo discretos que son en sus maneras y lo estridentes que son algunos cuando deciden decorar su máquina).

Los hay, incluso, que van más allá y customizan su camión al estilo dekotora, una abreviación de “Decoration Truck” en inglés, y que viene a ser una orgía a base de extensiones de metal, acabados cromados, luces de neón, tapizados y bombillas de color. Nos topamos con un par de ellos en el mercado y más allá del gusto de cada uno, lo cierto es que impresiona ver la creatividad de algunos transportistas. En el transporte de Tokio todo es posible.

 

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