Steyr 580 de Juan José Mateo

Aunque a los amantes de los clásicos ahora nos hagan chirivitas los ojos ante una reliquia así, al comprador primero de este vehículo no le interesaba para nada la parte, digamos, rodante; así que desechó literalmente la cabina, para aprovechar únicamente su furgón laboratorio habilitado en el interior.

El Steyr 580, de 100 CV de potencia, que protagoniza nuestras siguientes páginas, tuvo su origen en una subasta pública de la ya extinta CAT (Comisaría de Abastecimiento y Transportes), que era un organismo oficial de la época.

steyr 580 mateo clásicoSus características eran por aquel entonces (último tramo de los años 50) auténtica dinamita, pues su motor de 4 cilindros en línea de 5,5 litros, con un cambio de 5 velocidades asistido por una caja de transferencia, capaz de reducirlas o multiplicarlas, le permitía superar con relativa comodidad los 100 km/h, aunque su velocímetro sólo contabilizara hasta 80.

Quizá por ello éste se consideraba un medio muy apto para el transporte de pescado, con un P.M.R. de 8 toneladas.

Su cabina alberga tres plazas, con un asiento regulable en aproximación hacia el volante para el conductor, y banqueta corrida para los dos acompañantes. Su calefacción destacaba también en potencia, con sus conductos antivaho hacia la luna delantera.

El santanderino Juan José Mateo, conocido por muchos como Dr. Mateo, mucho antes de la famosa serie de televisión, encontró este camión medio por casualidad, como suele pasar en estos casos, en un pueblo llamado Ruente.

Juan José, que en su dilatada trayectoria profesional ha ejercido como profesional en transportes convencionales y especiales, así como gruísta, mecánico, comercial y operario en un desguace, ya sabía de sobra lo que era desmontar un camión por piezas, así que desde el primer momento vio en este Steyr 580, cuya imagen ante sus ojos se ofrecía en ese estado de semiabandono en el que un vehículo parece susurrarte un llévame a casa, infinitas posibilidades.

Ese paso fundamental, y donde muchas veces se atranca una restauración, de ponerse de acuerdo en el precio de compra, en este caso fue un trámite sencillo y rápido de nuestro hombre con los hijos del antiguo dueño, así que en pocos días ya se trasladó el Steyr a Santander capital, donde el banderazo de salida de su reconstrucción se materializó en un desmontaje total de todas las piezas, con el fin de analizar con lupa su estado mecánico.

Para una empresa de tal envergadura, Juan José contó con la ayuda presta de su hijo, Javier; su esposa, Maribel; su hermano, Carlos, su compañero de trabajo, hoy ya jubilado, José; y la aportación material de otro amigo, también llamado Javier.

Con la chapa y todos los elementos mecánicos mimadamente desmembrados, para nuestros protagonistas fue una delicia comprobar el estupendo estado del motor, cárter y culatín; pues aunque sus antiguos propietarios aseguraban que el vehículo tenía sólo 35.000 kilómetros, suele ser un buen antídoto contra la ingenuidad no fiarse al 100 % de lo que marca el cuadro de mandos.

Poco a poco se fue dando constancia del buen estado de la práctica totalidad de sus elementos, como el embrague, la reductora intermedia del cambio, el filtro de láminas para el aceite o el bloqueo del diferencial.

steyr 580 mateo clásicosPertrechado el equipo de restauración con catálogos y documentación alemana, así como diversa información recabada en Internet, éste procedió a su operación, que bien podría haberse bautizado como Respeto al Steyr 580 original, hasta rayar, según nos confiesa el propio Juan José, en el puritanismo, pues tan sólo se permitieron ligeros retoques estéticos en espejos, pilotos y barras de gálibo.

La chapa, tras un pequeño repaso con el soplete, fue chorreada por completo. El chasis, por su parte, fue lijado a mano.

Después de las pertinentes capas de imprimación y pintura, se procedió al montaje del conjunto, al que se incorporó una caja modificada, a través de la base de otra que procedía de un camión, apenas tres años más joven, que se había usado en el transporte de laminados y demás elementos de hierro.

En lo que atañe al interior de la cabina, se mantuvo la tapicería original de los asientos, pero se varió por completo la del techo.

La instalación eléctrica se rehizo entera desde la cabina al final del chasis, a semejanza de la original, mientras que los pilotos traseros son originales Bosch de Alemania; y el color, eso sí, fue elegido al gusto de los nuevos propietarios, pues el original del Steyr 580 era gris, aunque para la caja de los faros y los guardabarros se reservaba principalmente el negro.

Matricularlo como histórico

Una vez reconstruido, ése fue lógicamente el paso siguiente a realizar por la familia Mateo, a la que es relativamente fácil conocer en alguna concentración de históricos como las Presillas o Torrelavega; y mucho más fácil aún de verte enredado con ellos en una cálida conversación de corte camionero.

«Me encanta la historia del transporte, se puede decir que desde niño -nos explica este hombre de 59 años-. Si eres autosuficiente, esta afición resulta algo más asequible económicamente, pero siendo sincero, barato no es restaurar un camión, aunque el disponer de un taller propio y gente que colabore contigo, como es mi caso, facilita mucho las cosas.

Me gusta asistir steyr 580 clásicos mateoa las concentraciones de clásicos, así como indagar en los reportajes que salen en Solo Camión, revista de la que soy suscriptor, porque es una manera de mantener el tono corporativo de nuestro oficio.

Las presiones que ejerce el sistema actual sobre el transportista (tacógrafo, teléfono móvil, tener prácticamente vigilados todos tus movimientos en ruta, etc.) han deshumanizado un tanto la profesión, así que muchas veces la solidaridad entre nosotros se manifiesta, aunque sea de otra forma, en este tipo de concentraciones. Los camiones antiguos, en este sentido, tienen lo que yo llamo magia improvisativa, que nos aleja de la rutina diaria».

Nuestro particular Dr. Mateo no quiere dejar pasar la oportunidad que se le brinda a través de este reportaje de extender la receta apropiada para preservar nuestros camiones más antiguos. «En ese sentido -asevera Mateo- invito a muchos empresarios a restaurar alguna unidad de época que muchas veces tienen arrinconada en su parque móvil.

Es ésta una manera suprema de demostrar respeto y agradecimiento por lo que ha sido y es nuestro sector laboral. La vida de camionero -concluye- es dura y sacrificada, que se hace larga en soledad y corta en compañía de los seres queridos.

Es una vida, por otro lado, arriesgada y, en general, no recomendable, aunque a la vez  bonita, por la variedad de gentes y lugares que se conocen, así que, ¡ojo!, que se puede convertir en una adicción».

 

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