El Scania R620, Rossi en ruta diaria

Corren en España malos tiempos para Rossi… o no, pues como quizá diría Jaime Alguersuari, presidente general de Solo Camión, que también lo es de nuestra hermana Solo Moto, “los dioses no están sujetos a las rachas”. Sea como sea, en ese espacio interestelar que hay entre astros como Rossi, Márquez, Lorenzo, Stoner o Pedrosa, donde jamás debiera pasarse de la sana rivalidad deportiva; Jorge Martínez, que hasta nombre y apellido de motero tiene, aunque su oficio sea el de camionero desde los 21 años, tiene claro que lo suyo es dar la cara por Valentino las 24 horas del día: a las duras y a las maduras.

Scania R620 RossiEso sí, cuando quedaScania R620 Rossimos con él en el puerto de Valencia para hacerle un reportaje a ese Scania R620, homenaje a su idolatrado piloto, ni se vivía, ni tan siquiera se imaginaba, el revuelo mediático que semanas más tarde porfiaría el Mundial de MotoGP.

La vida tiene a veces esos giros inesperados (y que no falten), pero no por ello nuestra agenda editorial ha de dejar de seguir su camino. Del mismo modo, cuando hace tres años nuestro protagonista dejó en manos del decorador Sergio “Manos Sucias” el pintar a mano alzada su fantasía “rossiniana” sobre el Scania, segurísimo que tampoco pensó que su camión iba a convocar en ruta tantas posiciones encontradas.

Son posiciones que van desde la del pulgar hacia arriba, en señal de aprobación y mutua armonía; a la del impresentable encargado que puedes encontrarte en un muelle de carga que, sin disimulo alguno, te pone el último en la cola, por la “gran afrenta” que supone tal decoración en tu camión.

Así somos los latinos, para lo bueno y lo malo, y conste que así nos gustamos, pero lo dañino, como en tantos otros ámbitos de la vida, no proviene de las preferencias y opiniones, siempre legítimas, de cada cual; sino que suele venir de parte de los conversos, aquellos que no saben ni han saScania R620 Rossibido nunca de qué va eso de las carreras de motos, pero en cuanto huelen sangre, alzan el cuello y nos empachan con esa mezcla en el mismo plato de una ración de amor patrio con salsa de ardores guerreros, opinando impostada y encendidamente, como si fueran los más entendidos del mundo. Huelga decir que, llegados a ese punto, el deporte es ya lo de menos.

“Yo me pateo todos los circuitos y tengo amigos aficionados a un piloto o a otro. Todos nos llevamos de maravilla. Aquí no nos dejamos llevar por el hooliganismo futbolero, porque las motos están al final por encima de todo. De hecho –sostiene Jorge, con una de sus tan particulares sonrisas–, el que hoy es de Márquez, ayer seguro que fue de Valentino, y eso lo debe saber bien Alguersuari, con el que he intercambiado tweets en acuerdo y en desacuerdo, pero siempre en paz… y más desde que me regaló un par de entradas para el Superprestigio de motos, je, je, je. Eso sí –se abre aún más la sonrisa–, a mí no se me puede pedir que sea imparcial. Para mí, Valentino es perpetuo. Yo siempre seré de Rossi, gane o no”.

Entregados ya a la singularidad de este reportaje, hemos decidido despachar la trama camionera de Jorge Martínez Lucas en cuatro letras (de pequeño se hacía una colección de cromos de camiones decorados que le daban en las gasolineras… a los 22 años su padre le compró un Mercedes Actros 570 CV… con el Renault Magnum de su hermano José Vicente comparte la tarjeta de transportes de su progenitor… carga contenedores en el puerto de Valencia…), para acabar nuestra historia con un relato en forma de cuento:

Scania R620 RossiÉrase una vez un día en el que Jorge Martínez había descargado su camión en Silla (Valencia). Era lunes, pero no era un lunes cualquiera. La temporada del Mundial de MotoGP había acabado la víspera en el circuito de Cheste, y nuestro hombre sabía que los equipos permanecían aún en el circuito valenciano. Unos 30 kilómetros le separaban de su ídolo de siempre, ese con el que tenía decorado el exterior de su Scania desde hacía tanto tiempo. “O vas ahora –pensó–, o te vas a arrepentir toda la vida”.

Dicho y hecho: desenganchó la plataforma, lavó el camión y se plantó con él en la mismísima puerta del circuito. Un vigilante, más atónito que otra cosa, le repitió varias veces que ahí no podía estar, pero a esas alturas, el que Jorge cejara en su empeño era ya misión imposible, si bien sí que accedió a alejarse unos metritos de la puerta.

“Por favor, quiero que Rossi salga y vea mi camión –repetía–”. Del interior del circuito no dejaba de salir gente a hacerle fotos al vehículo, hasta que un hombre italiano, un bendito, le proporcionó a Jorge un pase para acceder al paddock. Ya dentro, nuestro conquense buscó y rebusco, incansable, hasta toparse de cara con su ídolo. Foto en mano, le dijo sin vacilar: “Mira mi camión, Valentino. ¿Me lo firmas?”. “Ya lo había visto antes –le contestó este–. A las siete y media salgo fuera a firmártelo”.

Jorge llamó enseguida a su jefe para comunicarle, con buenas y entrecortadas palabras, que se olvidara del porte que le había encomendado, pues le había surgido algo inaplazable, y salió fuera a esperar el momento, medio mareado por la emoción. Unos cinco minutos después de que pasaran las esperadas siete y media, un mecánico de Yamaha salió a la calle y le dijo: “Valentino dice que le perdones, porque se va a retrasar un poco”.

Jorge no daba crédito: no solo se acordaba de su promesa, sino que se disculpaba por 20 miserables minutos de retraso. A eso de las ocho menos diez, por fin, salió Rossi, con la más cautivadora de sus sonrisas, y le firmó en la chapa del camión. Fotos, abrazos y todo lo que el “italiañol” puede dar de sí conformaron unos minutos de felicidad total en Jorge, que para mayor sorpresa comprobó que Rossi tenía guardadas en su teléfono móvil, a saber desde cuándo, algunas fotos de su Scania.

Scania R620 RossiTiempo más tarde, en el circuito de Misano, a 13 kilómetros de la Tavullia natal de Valentino Rossi, Jorge consiguió que toda la tribuna ocupada por los habitantes de su pueblo hicieran la ola a su señal. Costó que le entendieran, pero lo consiguió… y es que cuando Jorge se propone una cosa.

El idilio ha tenido después algún episodio más, pero la magia de la primera vez quedó para siempre en el corazón de nuestro Martínez. “Cambiaré de camión cuando llegue su momento, pero este no se va a vender jamás. Con él pasearé con mis hijos Jorge y Valeria, y cuando sea viejo – concluye– llevaré a mis nietos y les contaré quién era Valentino Rossi”.

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