El Scania R500 Topline, de José Luis Poyo

El viejo Barreiros tatuado en el frontal de la cisterna es toda una declaración de intenciones. Mucho Topline, mucho V8, mucho aluminio pintado, mucho led… belleza customizada para el Scania, en efecto, pero que no falte un espacio para homenajear a las raíces familiares, lo que realmente importa. José Luis Poyo forma parte de la Scania R500 Poyotercera generación de una saga de Cascante (Navarra) dedicada en cuerpo y alma al transporte por carretera.

El abuelo de nuestro protagonista fue el primero en subirse a una cabina (corría el año 1958); después le seguiría su padre; y como no podría ser de otra manera, finalmente el hijo se subiría al volante. “Se veía venir de lejos –confiesa José Luis entre risas–. De pequeño ya vivía obsesionado con los camiones, con mi padre, con la cabina, con los viajes”.

El joven Poyo se pasaba un mes y medio de las vacaciones de verano de ruta con su padre. En Navidad, igual. Y lo mismo en Semana Santa. Su madre, Isabel, empezó entonces a opositar para una plaza de Esposa y Madre Sufridora. Se la sacó a la primera.

“De chaval, prefería estar montado en el camión con mi padre que pasando el rato con mis amigos. Y sigo pensando igual”. La alegría era el traqueteo del camión, la ventanilla bajada, el aire en la frente y, al lado, su padre al volante. Quizás por esos recuerdos hoy su camión guarda un hueco también para homenajear a la saga.

Scania R500 PoyoJosé Luis dirige una agencia de transportes con una pequeña flota de camiones. Se dedican al movimiento de productos alimentarios en cisterna en rutas tanto nacionales como internacionales. Él trabaja a la rueda de este flamante Scania R500 V8, que adquirió hace ahora seis años.

Es la niña de sus ojos, nadie más lo toca, y el solo hecho de pensar en venderlo le produce un nudo en el estómago. “Es inevitable cogerle cariño –reconoce–. La relación que se establece es brutal. Al fin y al cabo, vives aquí dentro, tomas decisiones importantes de tu vida aquí dentro, te has cabreado con alguien que no te descargaba aquí dentro… sería imposible venderlo sin que se me cayera una lágrima”.

Su herramienta

El vehículo llegó a sus manos hace ahora seis años. Era usado y llegaba totalmente blanco. Desde el primer momento, la idea de José Luis era decorarlo, y los dibujos Scania R500 Poyoestaban más que decididos: el V8 y las banderas de meta iban a ser los motivos principales. “He tenido vehículos de todas las marcas, no me caso con nadie, pero siempre han sido V8”. La obsesión de Poyo con los ocho cilindros en V es casi religiosa (en uno de sus antebrazos luce orgulloso el mismo dibujo que los laterales de la cabina).

Las banderas de meta son un homenaje al Mercedes anterior (lucía los mismos motivos en los laterales) a este Scania. A los dibujos se les añadió un mataciervos, los escudos de Navarra y el nombre de la provincia, el vinilo del Barreiros del abuelo en la cisterna, el cartel superior con el nombre de la familia (iluminado por led), el mataloros, los dos Bibendum de Michelin (también iluminados), las llantas de aluminio, las luces especiales en el círculo de los antinieblas, los pilotos de gálibo, las luces laterales naranjas y las faldillas de la parte trasera de la tractora con el lema: “My sport is transport”. Sin duda, otra declaración de intenciones: “No he hecho ejercicio en mi vida –confiesa nuestro entrevistado–. No por nada. Es que lo encuentro muy cansado. Realmente este es mi deporte”.

Scania R500 PoyoMás allá de la espectacularidad estética, Poyo tiene claro —o eso dice— que los camiones son únicamente herramientas de trabajo. “Yo soy un fanático de los camiones decorados, desde siempre. Pero no me gusta llamarlos tuneados, porque considero que el fenómeno tunning es un juego de niños, y esto es una herramienta de trabajo, y una cosa es trabajo y otra ocio. Nada del tunning, excepto el equipo de música, tiene alguna utilidad para el trabajo”.

Para nuestro entrevistado, la practicidad de la mayoría de los elementos decorativos marca la diferencia. La idea es que quede bonito, sí, pero que sirva de algo cuando trabajes. “Las llantas de aluminio, para que pese menos y poder cargar más. La neumática de delante, a parte de para que la cabina a ras de suelo quede más bonita en la foto, también afecta a mi comodidad. No hay que olvidar que me tiro un millón de kilómetros aquí dentro. ¿Las chimeneas? Son bonitas, pero hay fábricas de alimentación que te exigen echar los humos por encima… ¿El mataciervos? Queda precioso, pero tiene su función”.

José Luis se confiesa un enamorado del estilo holandés, que tiende más al aluminio pintado y destierra la moda del acero inoxidable. Con este Scania R500 ha llevado el nombre de la saga Poyo y de Navarra a un buen puñado de concentraciones de decorados en Europa. No en vano, es uno de los veteranos entre la tropa española y su vehículo ha ganado más de un trofeo. Suele subir con su amigo Urrutia y ha participado en Assen, en Le Mans, en Nogaro, en Lopik… siempre subido al camión excepto en la Nordic Trophy sueca, adonde ha acudido dos veces pero únicamente de espectador (un sueño que cumplir).

Scania R500 Poyo“Lo de ganar trofeos es un orgullo –reconoce–. Aún me acuerdo cuando me dieron en Nogaro, con el nivelazo que hay, el primer premio de conjunto completo. Yo con mi Scania y cisternita y le ganamos al mismísimo ¡Black Amber de Patrick Vandenbulcke! Luego en Le Mans quedé segundo entre 12 participantes y entonces fue cuando empecé a pensar que quizás mi camión no estaba tan mal”.

Más allá del reconocimiento en los certámenes de decorados, lo que realmente llena de orgullo a José Luis es pasear el nombre de la saga Poyo allá donde va. Una parte de los aplausos va dedicada, sin duda, a las raíces de esta familia de transportistas de raza.

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