Rio, ‘camión veloz’, de 1927, de Francisco Pérez

¿Qué es lo que lleva a un empresario de la construcción, sin relación alguna con el mundo de los vehículos clásicos, a abordar una restauración tan complicada como ésta? No tuve más remedio que trasladar a Francisco esta pregunta en la primera ocasión que tuve, y ni qué decir tiene que me dio cumplida respuesta.

RioPara intentar encontrar esta explicación tenemos que retroceder a las navidades de 2004, y más concretamente al momento en el que nuestro amigo está en plenas negociaciones con una señora mayor para la compra de un viejo inmueble de su propiedad, en Pozo Estrecho (Cartagena). Francisco ni se imaginaba que en las entrañas de aquel viejo inmueble, y rodeado de toda clase de trastos y suciedad acumulada, había un pedacito de la historia de su pueblo: un ómnibus Rio con matrícula de 1927.

Cuando la entonces dueña se lo mostró, pronunció unas palabras que, sin saberlo, marcaron el afortunado destino del viejo vehículo. Esto fue más o menos lo que dijo: “Éste fue El Rápido. Lo compró mi padre y fue el primer coche de viajeros que hubo en Pozo Estrecho”. Ésa, y no otra, fue la razón que llevó a Paco, empresario de la construcción y grandísimo galileo -como se les denomina a los habitantes de Pozo Estrecho-, a poner todo su empeño en que El Rápido no sólo no desapareciera, sino que volviera a renacer.

Rio de 1927Saltaba a la vista que Paco se había enamorado de aquel viejo coche nada más verlo, eso a pesar de que la propia dueña le habló de forma negativa sobre el vehículo, recordando un amplio historial de averías que jalonaron su existencia, y que hicieron que se retirara prematuramente, para ser guardado en el interior del almacén de la vieja vivienda durante más de medio siglo.

A pesar de no estar incluido en la compra de la casa, Paco insistió y logró convencer finalmente a la dueña para que se lo vendiera, y todo ello en una fecha tan señalada como el 31 de diciembre de 2004.

Si el hecho de tener tanta antigüedad pudiera parecer motivo suficiente para la restauración, más lo era aún el factor de que ese viejo Rio fuese, junto con un Chevrolet, uno de los dos primeros vehículos a motor para transporte de viajeros asignados para la línea regular Cartagena-La Palma-Pozo Estrecho. Fue llamado El Rápido de San Fulgencio, que es el nombre del patrón de esta ciudad. Desde luego, nuestro hombre no lo iba a tener fácil, pero la ilusión se instaló en su mente y asumió, desde el mismo instante en que lo vio, el reto de su restauración.

Rio o Reo

RioSobre la historia de la marca Rio en España hay poquísima información, aunque se sabe que hubo, al menos, un importador oficial de la misma. Se trataba de la firma Hugo Kattwinkel, cuya sede principal estaba en Madrid, y que suministraba chasis para su posterior carrozado en función de las necesidades del cliente. Curiosamente, encontramos anuncios publicitarios de este empresario en el que se ensalzaban las bondades tanto de Rio como de Reo. Ambas marcas eran lo mismo, aunque en España se comercializaran básicamente bajo el nombre Rio.

Tanto unos como otros procedían de Lansing, en Michigan (EE.UU.). El porqué del cambio de nombre habría que buscarlo en el hecho de lo poco atractivo que podría resultar vender una marca de vehículos con el nombre de Reo (‘recluso’ o ‘preso’ en español). Con el solo cambio de una letra se consiguió “reespañolizar” la marca y obtener mejores resultados. A fin de cuentas, la imagen comercial siempre ha sido importante, antes y ahora. Otra explicación la podemos encontrar en el hecho de la pronunciación en inglés de la palabra “reo”, cuyo sonido es, más o menos, “rio”.

Para rizar el rizo, el modelo se llamaba “speed wagon” cuando se trataba de Reo y “camión veloz” cuando lo era de Rio. A poco inglés que se sepa, se comprobará que la segunda es la traducción de la primera. Lo cierto es que Reo nunca fue una palabra en sí misa, sino que se trataba de las iniciales de los dos nombres y el apellido de su fundador y propietario, que no era otro que Ransom Ellis Olds.

Perseverancia de Paco

Volviendo a nuestro protagonista, hay que decir que gracias a él disponemos de información de El Rápido de San Fulgencio, como que en abril de 1927, Pablo Urrea obtiene la concesión de la línea Cartagena-La Palma-Pozo Estrecho. A dicha línea, estaban asignados un Chevrolet matrícula MU-3723, llamado La Rio de 1927Tomasa, y el Rio con placa de matrícula MU-4305, denominado a su vez El Rápido. El chasis del Rio se había carrozado como ómnibus en los talleres de Ginés Ruiz Paredes, de Lorca (Murcia).

El interior de su elegante carrocería de madera de roble se dividía en tres compartimentos independientes (1ª, 2ª y 3ª clase), con imperial en su techo, donde se acomodaban los viajeros en función de su billete, además del espacio para poder cargar equipajes u otras mercancías. Además de conductor, también se disponía de ayudante-cobrador.

La aventura de Pablo Urrea al frente de la línea regular de viajeros duró poco tiempo, así que tanto vehículos como concesión fueron vendidos en 1930 a Francisco Bermúdez Vidal, padre de la persona que, muchos años después, vendería El Rápido a Paco.

Tampoco se prolongó en exceso la faceta del señor Bermúdez como empresario del transporte de viajeros, pues vendió finalmente la concesión y La Tomasa a Juan Sánchez Ortuño, todo a cambio de un camión. Es de suponer que no se produjo la venta de El Rápido porque entonces ya estaba seriamente averiado, y sin posibilidad de reparación. A partir de este momento, es cuando se le pierde la pista al Rio, hasta llegar a 2004, tal y como contamos al principio.

RioLa hipótesis de la avería irreparable toma fuerza ante el hecho de que el vehículo no fuera requisado, como tantos otros, con motivo de nuestra guerra civil, aunque probablemente sí que se le retiraran sus ruedas y otras piezas aprovechables que no tenía cuando Paco lo compró.

A pesar de la penosa imagen que ofrecía en aquel almacén, con su madera carcomida y desprovisto de motor, Paco tenía claro lo que quería hacer con el coche, aunque para llevar a cabo la restauración no tuviera tan claro el cómo y, sobre todo, el quién.

Antes de decidirlo, desde la vecina población de Valladolises vinieron Julián Garnés y su hijo Francisco para verlo. Ambos tenían amplia experiencia en la restauración de vehículos clásicos, así que una noche, y con la única luz de un mechero, los tres rebuscaron por todos los rincones cualquier pieza importante. La suerte estuvo del lado de Julián, quien confirmó que, lo que parecía una especie de bomba de trasiego de un pozo, era en realidad su motor de 4 cilindros de gasolina, eso sí, completamente oxidado y agarrotado.

Este hallazgo fue fundamental para el devenir de los acontecimientos, puesto que inclinó la balanza para que Julián diese su conformidad para acometer la restauración. Decidido este extremo, el primer paso era sacar El Rápido de su letargo y llevarlo a una nave propiedad de Paco. Subido en una grúa, el veterano Rio volvió a ver la luz después de no menos de 70 años encerrado. Ahí es nada. A partir de aquí, se estableció un paréntesis para la reflexión, pues las cosas había que hacerlas bien, sin importar el tiempo.

A por ello

La restauración se dividió en dos partes fundamentales: mecánica y chapa por un lado, y carrocería por otro. Separada la carrocería de chasis, la familia Garnés comenzó la tarea. RioEl motor y toda la cadena cinemática se desmontaron, mientras se chorreaba con arena el chasis. No fue tarea fácil conseguir que el motor volviera a funcionar y que todos los mecanismos fueran a una.

El problema no era pequeño, puesto que a la falta de repuestos, se unía el desconocimiento de este tipo de motores. Con mucha paciencia, las cosas se fueron haciendo, y aquel desalentador rompecabezas con el que se comenzó iba poco a poco encajando sus piezas.

La carrocería también tenía su dificultad, a pesar de que existía la primitiva como referencia. Ésta finalmente se hizo en la Carpintería Vetamax, de Torre Pacheco, respetando la madera de roble y forrando con chapas de hierro. De los guarnecidos y tapizados se encargó Talleres Taheza. Paco Trujillo elaboró la escalera y diversos herrajes, mientras que Juan Pedro Inglés se encargó del pintado. Mención aparte merece Óscar Cegarra, otro buen galileo, responsable de que este excepcional vehículo fuese conocido por todos.

Rio de 1927Detrás de la restauración del Rio hay un tremendo componente humano. Gracias a sus pesquisas, Paco supo de la existencia de quien fuera su cobrador. Se trataba de un anciano cartagenero de 100 años con el que pudo hablar personalmente. A pesar de su edad, todavía se acordaba de aquel tiempo y del coche en el que trabajó cuando apenas contaba 17 años.

También consiguió toda la información que constaba en los archivos de Tráfico, tras la cual se constató que también existieron otros Rio que operaron en líneas de las provincias de Almería y Granada.

Al finalizar la restauración, Paco ha obtenido la certificación oficial de vehículo histórico para este proyecto hecho realidad en el que ha derrochado infinita ilusión. Su compromiso con sus paisanos, su gente, en definitiva, ha sido total. Por eso precisamente aprovechó el 15 de enero de este mismo año, día grande de las fiestas patronales de Pozo Estrecho, para presentar El Rápido de San Fulgencio ante todos sus paisanos, que le dieron las gracias por tanto esfuerzo y sentimiento puesto en liza. Muchas gracias, galileo.

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