Piri Express, como el ave Fénix

Hablamos por primera vez con Jose Campaña, alma mater de Piri Express, cuando este se encuentra en Algeciras. Nos citamos al día siguiente en su base de Martorelles (Barcelona).

Comenzamos la charla y en menos de cinco minutos a nuestro protagonista le entra la primera llamada. Ningún problema. Piri ExpressContinuamos. Dos minutos más y la segunda. “Un momento que tengo que mandar un mensaje a un chófer. Ningún problema, faltaría más. Proseguimos. La grabadora apenas se ha puesto en marcha cuando otro chófer pica a la puerta. Jose le da la pertinente consigna. “Tengo que coger el camión para ir aquí al lado. Tengo que hacer una entrega que quedó pendiente de ayer. Me acompañas”. Y tanto.

Nos ponemos en marcha y, cómo no, el móvil no para de sonar. Normal. El responsable de Piri Express lleva en su cabeza la organización de 32 camiones con sus respectivas 32 rutas y las particularidades de sus 32 chóferes. “Bueno, realmente tengo 32 camiones propios con 23 remolques con personal que trabaja al enganche. De todos los vehículos, diez hacen rutas fijas, por lo que en principio me olvido de ellos. El resto hay que gestionarlos”.

Ese es el caos en el que se mueve a las mil maravillas nuestro invitado. “Sé que tengo que Piri Expressdedicarme a otras cosas y no estar subido al camión. La teoría me la sé. Es un desgaste, pero hay que dar servicio a los clientes y por aquí han pasado ya cuatro personas para gestionar desde las oficinas el tráfico, las rutas de todos los camiones y al final lo han tenido que dejar. Aquí, los cambios son constantes. La improvisación está a la orden del día. No hay que ir del punto A al B, es más complejo y siempre hay que estar según las necesidades del cliente. Pienso que es muy importante haberse subido a un camión. Cuando lo vives entiendes que hay cosas que no se le pueden pedir a los chóferes”. Aunque le cueste eso de delegar, Jose tiene toda la razón, básicamente porque se piden cosas que son imposibles de cumplir.

Labrado en mil batallas, al responsable de Piri Express le entró el gusanillo del camión a raíz de un viaje en autocar. “Mis Piri Expresspadres son andaluces y parece ser que en uno de los viajes Andalucía-Cataluña me quedé prendado de la carretera. Me quedé al lado del conductor, todo el rato atento. Desde entonces he querido ser camionero”.

Pasó el tiempo y con la ayuda económica que le dio su padre logró conseguir ese sueño. “Estaba trabajando en una fábrica, a sabiendas de que ese no era mi sitio. A los 21 años me saqué el carnet y me tiré a la aventura. Primero comencé como asalariado haciendo transporte de agua, hasta que cuatro años más tarde me salió la oportunidad de comprar un camión de segunda mano”.

Piri ExpressSe trataba de una Renault DG 290-T, conocido como El poni. Los primeros trabajos fueron haciendo distribución de combustible. Lo normal es que hiciera rutas cortas, aunque llegó un momento en el que empezaron a darle viajes más largos; sin embargo, el camión tenía demasiados kilómetros y no estaba para muchos trotes. “Sin calefacción, sin aire acondicionado, sin nada. Pero claro tenía que pagar el camión y devolverle el dinero a mi padre”, recuerda, mientras nos continúa explicando que a base de trabajo “le pude devolver el dinero, pero me animó a que comprara otro. Él tenía esa ilusión y me la contagió”.

Dicho y hecho. Preguntó a la empresa para la que trabajaba si había más faena, y como la respuesta fue afirmativa, acabó comprando otro camión, también de segunda mano. Como buen jefe, el más viejo se lo quedó él, para el otro contrató a un chófer. “Así estuve un tiempo hasta que me asocié con un amigo, los dos dejamos la distribución de la gasolina y empezamos a trabajar para otras empresas. En total teníamos cinco camiones entre los dos y muchos subcontratados. La verdad es que fue una época que estuvo muy bien, Al final, por circunstancias de la vida, rompimos la sociedad, pero no la amistad, que eso en los tiempos que corren es complicado. Él tomó un rumbo y yo otro, aunque en ocasiones incluso seguimos colaborando”, nos explica Jose Campaña.

Piri ExpressCuando se liquidó esa sociedad, se quedó con los dos camiones que tenía y, con el dinero que obtuvo, se compró tres más. También mantuvo un cliente, el boca a boca fue haciendo el trabajo; cumplir, dar servicio, atender las necesidades de su clientela le permitió ir creciendo. Tanto que, como dijimos al principio de este reportaje, se juntó con los 32 camiones que ahora forman su flota.

“Tenemos rutas fijas que llamamos navetas y vamos de terminal a terminal. En el caso de Lyon tengo un camión diario, para Milán dos salidas semanales, igual que para Venecia. Luego tengo muchas camiones con clientes de esta zona que van haciendo recogidas y entregas durante todo el día. La tercera pata del negocio me viene con clientes para los que movemos mercancías para Marruecos y Túnez. Si es para Marruecos vamos al puerto de Piri ExpressAlgeciras; si es para Túnez, a Marsella y, en ocasiones, a Génova. Mis vehículos nunca entran a los barcos, siempre dejan o recogen el semirremolque en la terminal. Si es recoger mercancía, luego la llevamos a cualquier punto de Europa”.

Ahora Jose vive un momento dulce, lo saborea, pero Piri Express ha tenido que pasar (como muchas empresas) la crisis. Hemos tenido que resurgir como el ave Fénix, de ahí nuestro logo. Hemos pasado momentos difíciles. Nóminas atrasadas, reducción de plantilla, problemas de impagos. Fue una época complicada, realmente difícil de gestionar”, nos detalla.

Afortunadamente esos momentos duros son pasado. Ahora toca disfrutar de ese estrés permanente que supone dar un servicio de calidad a tu clientela, pero con la tranquilidad de tener consolidada una plantilla y de percibir con garantías que las mercancías no paran de moverse.

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