Pegaso 1091, caballo de batalla

Hablamos de reparto urbano, cercanías, vehículos especializados, grandes volúmenes, emergencias, etc. A comienzos de los sesenta, el Pegaso Comet fue la respuesta de la extinta Empresa Nacional de Autocamiones ENASA a estas necesidades. Este camión, nacido de los acuerdos de esta con la británica Leyland Motors, cubrió un hueco importante entre los vehículos rígidos de menos de 15.000 kg de PMA.

Conjuntando una cabina y motorización nuevas, y añadiendo diferentes longitudes de chasis, se consiguió dar respuesta a todas las demandas, con un precio muy atractivo. Lo acertado de la fórmula se confirmó posteriormente, cuando a los rígidos se les unió una tractor ligera. Por si todo esto fuera poco, el chasis del Pegaso Comet sirvió además de base para carrozar cientos de autobuses, autocares, vehículos de mudanzas, etc.

Con estos mimbres, no Pegaso 1091es de extrañar que fuera un vehículo muy recordado por quienes lo tuvieron, e incluso para quienes simplemente lo conocieron. Esa consideración de chico para todo no debe considerarse una exageración, sino más bien un acercamiento al sentir popular sobre un camión que se fajó en los más variopintos cometidos.

José y Cristóbal García, tío y sobrino, respectivamente, son personas conocidas por la afición española a los camiones clásicos. No es la primera vez, de hecho, que son protagonistas de nuestro “Rincón del restaurador”. Afortunadamente, tampoco será la última.

Ambos han puesto su granito de arena en beneficio de una afición como la nuestra, no tan consolidada aún como lo Cabina Pegaso 1091está en países de nuestro entorno. Sin prisa, pero sin pausa, Pepe y Cristóbal han reunido un importante número de camiones preservados. Recordamos que ambos son oriundos de la comarca del campo de Cartagena, y más concretamente de la población de La Aljorra. El padre de Pepe comenzó en el transporte con carros de tracción animal.

Principalmente se dedicaba a la distribución de esparto, un producto natural con el que se confeccionaban antiguamente infinidad de utensilios muy demandados, tanto domésticos como profesionales. Como era un espartero, los camiones clásicos de Pepe y Cristóbal llevan grabada, precisamente, la leyenda “Espartero e Hijos”.

Tras aquellos carros llegaron los primeros camiones, verdaderos retales de la España de posguerra. Al primer Ford de pedales le sucedió un Federal, ambos de gasolina. Con ellos empezaron a relacionarse con el movimiento de tierras y obras, subcontratados por Dragados y Construcciones. Esta empresa tenía en marcha diferentes obras en el enclave industrial del valle de escombreras –Cartagena–, a principios de los años 50.

En 1957, Pepe y sus hermanos dieron un giro a sus vidas y Restauración Pegaso 1091marcharon hacia Toledo, donde Dragados también ejecutaba varias obras. No hay que olvidar que por entonces emergía el desarrollismo, todo un fenómeno social y, sobre todo, económico, que trajo consigo un sinfín de obras públicas y privadas, repartidas por toda la geografía española.

En ese contexto, los hermanos García cambiaron sus anteriores camiones por un Dodge Kew, ‘vaca seca’, y un par de Leyland Comet. Posteriormente, vinieron un 115 de Barreiros y dos Pegaso Comet, todos dotados de caja basculante. Después llegaron otros Barreiros y Pegaso, hasta comparecer en nuestros días con modernos Volvo, Mercedes y, sobre todo, MAN. Tras su encomiable esfuerzo, que les llevó a trabajar allá donde hiciera falta, se consolidaron en la zona centro de la Península como empresa puntera, echando raíces allí.

Han pasado los años y, aunque el relevo generacional se ha producido, Cristóbal aún dirige la nave. Pepe, sin embargo, hace ya algunos años que levantó el pedal. Ambos son verdaderos maestros. Escucharles es una gozada.

Todo un Comet

Un Pegaso 1091 es la última incorporación a la nómina de clásicos que Pepe y Cristóbal atesoran. Antes de su recuperación, este Pegaso pasó bastantes años parado en una propiedad particular, desprovisto de su carrocería y abandonado a las inclemencias meteorológicas y la posibilidad de algún acto vandálico. Pasado un tiempo, tanto este camión como otros materiales Pegaso 1091que estaban junto al mismo, fueron comprados por una empresa de recuperaciones, con destino a su conversión en chatarra.

Sin embargo, la suerte se alió con el Comet cuando Manolo, la persona que lo había comprado para achatarrarlo, se acordó de sus buenos amigos y vecinos, Pepe y Cristóbal. Conociendo Manolo la pasión de estos por la conservación de camiones clásicos, se lo ofreció. Nuestra pareja no lo dudó. Ese día quedó sellada la afortunada historia del camión que hoy se asoma a nuestro querido Rincón.

Personalmente, conocí a este Comet en los tiempos en que trabajaba. Era por aquel entonces un camión carrozado con un furgón frigorífico dedicado al transporte de carne, en régimen de “mercancías propias”. Pertenecía a un conocido empresario cartagenero, que tenía puestos de carnicería en el mercado principal de la ciudad. Recuerdo este camión en un estado siempre impecable, en concordancia con su trabajo.

En la cabina, sobre el habitual fondo blanco, se remataba la conocida como chapa Pegaso, en color azul, en la mitad alta de la zona central acanalada. Externamente, lucía muchos de aquellos adornos típicos en las cabinas de aquel tiempo, con molduras, cromados y tapacubos. Fue un camión que no llegó a acumular en activo un excesivo kilometraje. En consecuencia, y a pesar de llevar parado tantos años, conservaba su mecánica en bastante buen estado.

Caja Pegaso 1091Para su restauración, sus nuevos propietarios optaron por desmontar la cabina y las ruedas, y dejaron el chasis al desnudo, para proceder después a su chorreado con arena, su imprimación y pintado. Esta es, sin duda, la mejor –y más cara– forma de recuperar una vieja estructura de hierro, con infinidad de rincones y recovecos.

Y es que, aunque el aspecto exterior de un viejo camión no sea malo del todo, quien ha abordado una restauración sabe que el óxido y la podredumbre se esconden en cualquier rincón. Por tanto, hay que sanear todo lo que se pueda. En el caso de este camión, son varios sus puntos débiles de criaderos de óxido, como el techo, los vierteaguas, las partes bajas de las puertas o la citada chapa Pegaso. Este importante repaso le vino a las mil maravillas.

Sin prisas

Los trabajos se hicieron de forma casera. No se puso fecha de finalización a la restauración. Mientras la chapa y pintura avanzaban en su recuperación, tocaba decidir qué carrocería llevaría el Comet. Parece lógico que, con los antecedentes profesionales de Pepe y Cristóbal, el camión llevaría caja basculante de obras, a imagen de aquellos camiones que tuvieron.

No obstante, finalmente se optó por dotarlo de una caja fija de tipo medio y sin marquesina. Se trata de una caja estilo pescatero, con estructura de hierro y laterales de madera. Por otro lado, aunque este Comet estaba bastante completo, le faltaban diversas piezas internas y externas.

Pintura Pegaso 1091En uno de sus frecuentes viajes a La Aljorra, se trajeron en góndola a un hermano del camión, para convertirlo en donante. Se trataba de otro 1091, que había pertenecido al Ayuntamiento de Madrid, que llevaba una cuba y había sido adquirido para regar pistas de tierra en una cantera.

Tras la carrocería y chapa, tocaba repasar la instalación eléctrica, los ajustes mecánicos y de frenos, para acabar con la rotulación y tapizado del interior de la cabina. A la chita callando, el trabajo fue quemando etapas y se acabó en el verano de 2014.

Ahora el Pegaso 1091 luce hermoso e impecable, gracias a Pepe y Cristóbal. Ambos, al igual que su añorado esparto, tienen a gala grandes dosis de fuerza, tenacidad, resistencia y, sobre todo, sencillez. Os doy las gracias por hacer tanto por nuestra afición y, sobre todo, por ser mis amigos.

 

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Pieza a pieza, Jordi Ros y su padre, Antonio ‘El Tonet’, fueron dando forma a sus sueños. Horas de complicidad entre ambos mientras restauraban el Pegaso 1061. Desde arriba, el mayor de los Ros seguro que se siente orgulloso de cómo su hijo ha culminado tan magno proyecto.

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