Pegaso 1063 de Javier Martínez

El protagonista de este reportaje estuvo durante 22 años arrinconado en una campa de Aranda de Duero (Burgos) sin que, aparentemente, nadie se acordara de él. Vio pasar los años, uno detrás de otro, a la vez que otros camiones más modernos que él se encargaban del trabajo que durante tanto tiempo realizó de forma incansable.

Recurriendo a la lírica, bien nos podríamos imaginar al Pegaso de 1967 como aquel viejo rockero de la canción, que nunca muere. Sumido en un prolongado letargo, con su motor parado y con la chapa marcada por las huellas inequívocas del paso despiadado del tiempo, el viejo palanquero parecía evocar tiempos mejores.Pegaso 1063

Tiempos como los de su salida de la fábrica de Barajas, junto a muchos otros hermanos suyos que poblarían aquellas carreteras de los años sesenta, y cuya banda sonora la formaban las coplas de Antonio Molina, Rafael Farina o Perlita de Huelva. Eran años de bonanza en lo económico, pues el desarrollismo español parecía no tener límites. La demanda interna crecía y nuestras exportaciones al resto de Europa también.

A consecuencia de ello, aumentaban los tráficos de toda clase de mercancías, precisando más y mejores camiones que se encargaran de ello. En el caso de ENASA, se ofertó un tipo de camión que, como rezaba la publicidad del propio fabricante, era “más grande que el más grande y más potente que el más potente”.

Pegaso 1063Estamos hablando ya del Pegaso 1063, un camión en disposición de ejes 6X2, dotado de una novedosa doble dirección y provisto del motor de 200 CV. Era un camión pensado para largos recorridos y de carácter marcadamente “rutero”. Sus ventas confirmaron lo acertado de su apuesta, así que fue adquirido tanto por autónomos como por grandes flotas.

En el caso del modelo que ilustra este reportaje, su vida estuvo ligada al transporte de los productos del grupo Pascual, cuya factoría principal está, precisamente, en la ya citada Aranda de Duero. En 1967, la empresa de transportes de los hermanos Vélez adquiere este Pegaso que, mientras estuvo a su servicio, lució los colores corporativos blanco, amarillo y azul, característicos del grupo Pascual.

A lo largo de sus muchos años de servicio recorrió miles de kilómetros y su carrocería cargó cientos de toneladas de zumos, leche y otros productos de la marca. De poder hacerlo, el camión seguro contaría muchas anécdotas vividas a lo largo de tan prolongado y abnegado servicio. Tras tanto tiempo, y echando mano nuevamente de la lírica, diremos que a todo cenit le sigue su correspondiente ocaso, y nuestro Pegaso no iba a ser la excepción. Superado por la técnica, el camión quedó irremisiblemente apartado en aquella campa arandina.

¿Qué pasa, Marqués?

Pegaso 1063De esta forma tan peculiar te suele saludar Javier Martínez cuando te encuentras con él. Javier es un transportista de la población madrileña de Rivas-Vaciamadrid, aunque sus raíces familiares hay que buscarlas en Puente Genil, provincia de Córdoba.

Su vinculación con el transporte por carretera arranca allí, puesto que su abuelo ya se dedicaba al transporte con carros de tracción animal. Tras la guerra civil, la familia se mudó a Madrid, pasando su abuelo a conducir camiones de la desaparecida Comisaría de Abastecimientos y Transportes (CAT) durante los duros años del racionamiento.

Su hijo, Antonio Martínez, padre de Javier, también se hizo camionero, conduciendo diversos camiones, entre los que destacan Leyland y Aclo. En esa época solamente había cuatro camiones en Rivas, y uno de ellos era el de Antonio. Posteriormente el padre de Javier estuvo conduciendo durante años un camión exactamente igual al que protagoniza este reportaje, y con el que solía efectuar transportes de forma itinerante por toda España, que lo llevaban a a estar más de un mes fuera de su casa.

En el período estival habitualmente trabajaba en la distribución de la tónica Schweppes, veranos en los que era habitual que viajara toda la familia en el Pegaso acompañando al padre, algo que ciertamente precisa de un ejercicio de imaginación, puesto que al hecho de lo escasa que puede resultar la cabina del camión, hay que unir que la familia Martínez la formaban los padres y cinco hijos.

Pegaso 1063A modo de anécdota, hay que decir que el propio Javier solía dormir en el capó del motor cuando paraban a descansar. La incomodidad era mucha, aunque ampliamente compensada por la felicidad que suponía el poder viajar todos juntos. Estoy convencido de que Javier apuntaló sus deseos de poder ser algún día camionero en esos viajes, aunque tampoco descartó que ya viniera al mundo con el gasoil corriendo por sus venas.

El tiempo pasaba, y Javier no veía el momento en el que, por fin, conduciría un camión. Mientras tanto, colaboraba en toda clase de mantenimientos del de su padre, haciendo sus primeros pinitos al volante en maniobras y sitios cerrados. Nada más cumplir los 21 años necesarios, obtiene el ansiado carnet, y aunque Antonio había comprado una licencia de taxi para sus hijos, Javier tenía muy claro su futuro.

El primer camión que condujo profesionalmente fue un Pegaso 3060 hormigonera, aunque sólo fuera unos pocos meses. De aquí pasó a hacer paquetería, como chófer, en la empresa de José M. Miranda.

Llega 1992, y suceden dos hechos fundamentales en la vida de nuestro Marqués. Por un lado, se casa con Paloma; por otro, se hace autónomo, curiosamente, con un Pegaso 1063 muy parecido al que acaba de restaurar. El currículum de Javier es amplio, y aunque muchos sean los volantes que han pasado por sus manos, su condición de pegasista de corazón no le ha abandonado nunca, algo fundamental en el hecho de convertirse en conservador de la marca.

Buscando una cabina

Pegaso 1063Javier dispone de varios camiones clásicos, alguno restaurado, y fue la búsqueda de una cabina de “cabezón” lo que le llevó hasta este camión en Aranda de Duero. Estando allí, vio que el Pegaso, en conjunto, estaba bastante bien, por lo que lo compró entero y se lo trajo en una góndola a Rivas. El doble dirección, en un sentido amplio, fascinaba a nuestro amigo. No en vano, y en palabras del propio Javier, el doble dirección es el camión con mayúsculas a la hora de hablar de camiones clásicos españoles”.

El Pegaso se sometió a una reparación de la parte mecánica, reemplazando aceites, correas, fluidos, filtros y manguitos de toda clase. El camión tenía, de esta manera, autonomía para moverse por sí mismo. Tras diversos contactos, tanto telefónicos como presenciales, el acuerdo para la restauración se cerró con basculantes Ureña, de Cartagena, empresa que conjuga la fabricación y reparación de carrocerías de camiones con la restauración de clásicos, tal y como hemos visto en diversos reportajes de nuestra sección “Rincón del restaurador”.

Como se suele decir, dicho y hecho. El pasado mes de julio, Javier trajo el Pegaso en su góndola, hasta Cartagena, para comenzar los trabajos. No había fecha prefijada de antemano, pero se iba a intentar finalizarlo lo antes posible. Antes de comenzar los trabajos de restauración propiamente dichos, se desmontó la carrocería. Por cierto, una bonita carrocería de cartolas abatibles, dotada de pequeños laterales altos y marquesina.

Pegaso 1063Su estructura era de hierro, forrada de madera, una madera que estaba deteriorada en su mayor parte y que precisaba de una urgente sustitución. Como suele suceder en cabinas con tantos años, las reparaciones hechas con anterioridad, en realidad suelen esconder zonas muy deterioradas por el tiempo transcurrido. En este caso, y para no ser menos, la pintura y masilla disimulaban partes muy estropeadas, que no hubo más remedio que sustituir.

Si el exterior de la cabina requería mucha faena, el interior no se quedaba atrás. Éste conservaba aún su viejo tapizado, típico de aquellos años, del que poco provecho se podría sacar ya. El nuevo tapizado, así como los diferentes guarnecidos, cortinas, etc.; se desarrollaron en talleres Taheza, de Torre Pacheco, especializados en este tipo de trabajo con el que pocos se atreven en la actualidad. El remate del Pegaso lo supusieron muchos detalles exteriores, que definían la personalidad de estos auténticos “reyes de la ruta” de finales de los años 60.

Un día de octubre, el camión volvió a la que sería su nueva casa madrileña. Unos días más tarde, en San Martín de la Vega (Madrid), y rodeado de muchos y buenos pegasistas, una comida de hermandad sirvió de bautizo del recién llegado. Durante 2013, el palanquero estará en no pocos eventos de clásicos. Enhorabuena, Marqués.

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Comments

  • Ramon exposito torres 5 diciembre, 2013 at 23:40

    ese pedazo de pegaso hay una cosa que no entiendo, yo abiendo trabajado en Finanzauto y Servicios, Sevilla durante 16 años, conozco a toda la gama de Pegaso y este no me encaja que el motor que lleva es de 260 cv. y la gavina tampoco me cuadra, la dirección si le corresponde es de aireido , Pero en difinitiva a Reconstruido un gran Camion, Felicidades por esa gran obra.

  • pedro 2 octubre, 2013 at 18:19

    que bien le tienes el pegaso marques yo tengo un ebro i rulo con el por ai aber si coincidimos en alguna concentración un saludo

  • jesus 11 septiembre, 2013 at 11:41

    Lo mejor que le a pasado a este camion es la nueva vida que le espera de pasar a estar desamparado a ser la mirada de todos.

  • RAFAEL BERGA RUIZ 3 julio, 2013 at 14:19

    Que gran camión el Pegaso.

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