Montse y Alfons, viajar y trabajar en pareja

Eso sí, cada uno con su vehículo. Ella, un Scania R 730 recién estrenado. Él, un Mercedes-Benz Actros 1851 con dos años. El tacógrafo marca el ritmo de la relación, literalmente. Ríanse ustedes de la rutina en casa.

La próxima vez que escuchen eso de la rutina va a acabar con mi relación piensen en nuestros protagonistas de hoy y ríanse en la cara del quejumbroso de turno. Montse Fajula (41 años, Riudaura) y Alfons Alejo (50 años, Arenys de Mar) viven su relación de pareja ceñidos estrictamente a la rutina obligatoria que marca el tacógrafo.

Se conocieron en un taller Scania, en Girona, donde coincidieron tres o cuatro veces, cada uno Profesiónpor asuntos de su camión, y se hicieron amigos. Hoy son pareja y ambos trabajan de autónomos para la agencia Gravol, del Bages, cuya sede se encuentra entre las dos minas de potasa de Sallent y Súria, en el centro de Cataluña.

Llevan ya varios años trabajando para esta agencia, principalmente transportando sal a la región francesa de la Alta Saboya, muy cerca de Ginebra, y bajando viruta de acero de retorno, rumbo a la fundición de Castellbisbal.

Cuando la faena lo permite y los encargos cuadran, Montse y Alfons parten y regresan juntos: el lunes a primera hora, rumbo a Francia; el martes, descarga en Barcelona; y vuelta a empezar. Así hasta el viernes, “si hay suerte y vamos bien de tacógrafo”, dice Montse.

Las horas de conducción —aproximadamente 9 horas desde Súria hasta la descarga en Francia— permiten a la pareja disfrutar de cierta estabilidad en la semana de carretera: “A las 6 de la tarde descargas —cuenta Alfons— y si te da tiempo, vas al chatarrero para aparcar, asearte, cenar y dormir allí mismo, en sus instalaciones. Si no llegas, dormimos en medio del campo, en una zona muy tranquila donde estás a salvo de problemas”. Por la mañana, carga de deshechos de acero y de vuelta a España, donde a media tarde descargan y vuelven a cargar en la mina —y allí mismo duermen–. Salirse de lo marcado por el reloj no es buena idea. Cuanto más cuadrado, mejor.

Una semana programada

En casa, durante el fin de semana, el reloj avanza más rápido de lo que quisieran (eso nos pasa a todos). Si ha habido suerte y el viernes han podido dejar hueco en el tacógrafo para llegar a Olot —donde Montse tiene una casa—, descansan allí; y el sábado bajan hasta Arenys, donde Alfons tiene su domicilio. “Con este trabajo, te Profesiónfaltan horas en casa”, explica él.

“Cuando llegas, tienes todo por hacer y no encuentras tiempo”. Aparcan ambos camiones en una campa, a escasos 300 metros de la casa de Alfons. Vacían neveras, recogen las cabinas y planifican la próxima semana. Montse es la encargada de cocinar los menús de los siguientes cinco días. “Vamos a hacer la compra por la tarde —explica— y en casa me pongo a cocinar.

Cosas sencillas: tenemos un poco de huerto en Arenys, así que preparo mucha ensalada, sobre todo para las cenas. Algo de pescado, croquetas, pasta y verdura. Lo llevamos en fiambreras dentro de las neveras”. Lo de comer fuera se lo reservan para alguna cena, sobre todo cuando duermen en Súria. “Solemos ir a Cal Xavi. A veces viene él mismo a buscarnos con el coche y nos acerca hasta el restaurante”. Rumbo a Francia suelen viajar con algunos compañeros más de la agencia, por lo que hay noches que se acercan al centre routier que queda pasado el túnel de Montblanc.

ProfesiónA fuerza de repetir rutina, Montse y Alfons se han acostumbrado el uno al otro. Son muchas horas compartiendo oficio y, obviamente, no siempre es sencillo. Cuando los destinos no cuadran, tienen que pasar épocas separados, algo que tampoco es agradable. “Depende de los viajes que nos tocan vamos juntos o cada uno a un punto diferente”, explica Montse.

Hemos llegado a estar cerca de dos meses sin coincidir en ruta, y hasta tres meses seguidos compartiendo trayecto día tras día. ¿Que qué es mejor?”. Montse sonríe y deja que sea su pareja quien conteste a la pregunta: “Es mejor compartir viaje, sin duda”, dice Alfons. “Ya estamos acostumbrados a pasar tiempo juntos. Llevamos 9 años.

Para que te hagas una idea de cómo es esta rutina: imagínate que tienes una pareja. Estás con ella el lunes, el martes, el miércoles, el jueves y el viernes, ¿vale? Y luego estás también el sábado y el domingo. Y luego el lunes, el martes, el miércoles…”. A los dos se les escapa la risa. Lo llevan bien. Sin duda, la alternativa —viajar cada uno a un punto diferente— no les parece más atractivo.

Las noches, separados

Pese a que prefieren compartir jornada de trabajo, ambos reconocen que hay momentos en los que las emisoras están en silencio y no hay conversaciones. Son ratos de soledad buscada, “de tu música, de tus cosas”, dice Alfons. Una necesidad más que justificada, añadimos —con permiso—nosotros. Por la noche, la Profesiónrutina es que cada uno duerma en su camión.

No es una cuestión de comodidad, sino más bien un imperativo marcado por la inseguridad de las zonas de descanso. “Antes dormíamos juntos, pero cuando se empezaron a dar robos de gasoil, volvimos cada uno a su camión”, cuenta él.

“Normalmente dormíamos en el suyo”, añade ella. “Pero una noche me vaciaron el depósito entero, y al cabo de poco lo volvieron a intentar”. Así que toca esperar al fin de semana para compartir lecho. Así es el rigor de este oficio, compañeros.

Más allá del tema de la inseguridad, lo cierto es que Alfons confiesa que tampoco llevaba muy bien eso de compartir un colchón de apenas 90 cm de anchura. El amor, el cariño, los sentimientos, todo eso está muy bien. Pero sobre todo si van acompañados de una cama en condiciones, ¿no?

“Nuestra vida de pareja es muy normal, pero evidentemente tenemos menos espacio”, asegura Alfons. “Y yo me agobio más. Justo después de que le entregaran este Scania, dejé el mío en el taller y me fui una semana con ella.

Yo me he acostumbrado a la cabina del Mercedes-Benz Actros, es más espartana y el espacio lo tengo distribuido para no rozar con nadie ni nada. La cabina no es más grande que la del Scania, pero la disposición es diferente, supongo. El caso es que me sentía muy estrecho con ella”. Montse vuelve a sonreír: “Yo me apaño en cualquier rincón”.

ProfesiónEl hecho de compartir oficio no implica que se hayan establecido como empresa. Alfons lo deja claro: “Cada uno con su camión, con sus proveedores y con su cuenta bancaria.

Ahora bien, si nos tenemos que ayudar, nos ayudamos. Si a uno se le ha fastidiado una rueda y el otro puede cederle una suya, pues lo hacemos, claro”.

Pese a tratarse de transporte internacional y de dormir fuera de casa durante toda la semana, ninguno de los dos parece cansado. “La faena se ha de hacer, ya sea en Francia como en Zaragoza”, dice Montse. “Se trata de cargar, viajar, descargar y volver a empezar. A mí no me importa el destino”.

Para Alfons, este tipo de transporte tiene más ventajas que inconvenientes: “A mi entender, y supongo que otros camioneros estarán de acuerdo, en el transporte nacional trabajas durante el día y cruzas el país durante la noche —lo sabe de buena tinta, ya que durante años estuvo haciendo este tipo de faena–. Sin embargo, nosotros no hacemos más de 800 km al día en el trayecto más largo de origen a destino”.

Conocen a otras parejas que, además de vida sentimental, también comparten oficio, pero solo con un camión en funcionamiento. Ellos no se lo han planteado. Dicen que no es compatible con el tipo de transporte que hacen. “Si hiciéramos trayectos más largos o los horarios de carga y descarga estuvieran fuera de horas normales —explica Alfons—, entonces seguramente le sacaríamos rendimiento al hecho de viajar con doble chófer. Pero no es nuestro caso. No nos compensa”.

Así que, de momento, la pareja seguirá junta pero no revuelta del todo. Ella, su Scania; él, su Mercedes; y lo de dormir juntos, para el fin de semana. Lejos de la mirada inquisidora del dichoso tacógrafo y su rutina.

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Su ámbito de acción se mueve sobre terrenos complejos que exigen fiabilidad. Por eso esta empresa mallorquina fundada en plena posguerra apuesta por equipos modernos, nuevas tecnologías y el respeto a una tradición de más de setenta años.

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