Los 40 bien merecen un Pegaso Tecno

Nuestro protagonista, Antonio Menéndez, a los cuarenta, esa edad equidistante entre la juventud y la vejez, entre el arrojo de los veinte y el escepticismo de los sesenta, quería ser camionero y regalarse o, mejor dicho, fabricarse con sus propias manos el gran antojo de su vida. De hecho, por faltarle al regalo, que no hemos dicho que era un Pegaso C34 del año 1988 y motor de Pegaso Tecno12.000 CC encontrado en una popular página de anuncios clasificados, le faltaba hasta una buena ducha.

Y es que al pobre lo habían tenido sin lavar durante los 25 años que permaneció encerrado y transportando mercancía dentro de la fábrica de Roca, en Alcalá de Henares.

Tal fue la mala impresión que recibió Antonio el día que fue a verlo, que casi se despierta de inmediato, pero al final acabó abonando los 3.500 euros que le pidieron por el Pegaso. Era eso o Marruecos o al desguace. Además, solo tenía 170.000 kilómetros en su vida útil.

No se crean que con aflojar el bolsillo terminó la historia. Ni siquiera había empezado el primer capítulo de esta novela, casi se puede decir, de aventuras, pero con final feliz y en la que no faltan las extrañas coincidencias. Como adelanto les proporcionamos una: el camión que compró fue matriculado el día en que nuestro protagonista empezó a trabajar en su empresa, en septiembre de 1989.

Pegaso TecnoTan cierto fue eso como que, antes de debutar como restaurador, Antonio anduvo cual espía detrás del intermediario, un antiguo presidiario, según le informó un amigo policía, que se había quedado con el dinero de la venta pero se resistía a entregarle el Pegaso.

Hasta tuvo que pedir un día libre en su trabajo, la empresa de neumáticos y mecánica Sasma, para ir a buscarle y amenazarle cara a cara. Al final, consiguió que se lo diera, no sin que antes este le vaciara el depósito de gasolina, cortesía de la casa, y le regalara otro problema cuando llegó el camión a Alcorcón y no había manera de bajarlo de la grúa.

Cuando ya lo tuvo en la nave de Sasma, donde este mecánico de coches, especialista en alineación, trabaja desde hace 28 años, hubo de sobreponerse a otra clase de inclemencias no por más esperadas, menos difíciles.

El camión estaba, como se dice castizamente, hecho polvo. Lo primero Pegaso Tecnoque hizo, ya se pueden figurar, fue aplicarle un lavado de aúpa. Después, a echar horas y horas a cada una de las partes: chasis, pintura, cambio de filtro de aceite… Y allá donde no alcanzaba su experiencia en vehículos, siempre estaba Internet. “Me he tragado tutoriales de YouTube todos los que quieras. Yo no soy un profesional de la restauración; así que miraba cómo pintar, cómo lijar, cómo imprimir, todo el tapizado venga a tragármelo una vez y otra…”.

Quizás esta tarea, la del tapizado, es la que más quebraderos de cabeza le generó. “Ahí, como te cueles un poco con la tela, ya no te sirve y tienes que quitarla de nuevo. Encima, me fue muy difícil dar con telas similares porque la original ya no la encuentras por ningún lado”.

Pegaso TecnoLa restauración de este autorregalo de los 40 o R40, tal como así reza en uno de los laterales de la cabina, le ha llevado nada menos que dos años y medio hasta abril de este año, tiempo más que suficiente para convertirse en manitas del camión, graduarse en materia de búsqueda de decoración, como aquella vez en la que se desplazó hasta el cerro de los Ángeles para que un especialista le preparara el color blanco hueso característico de los Pegaso, y sacarse a la vez un máster en artes dialécticas, a las que recurrió en un desguace de Ocaña (Toledo) para comprar la tapa de la batería.

“Hay que tener cuidado porque, si en un desguace se dan cuenta de que estás restaurando un camión, piensan Pegaso Tecnoenseguida que eres rico y te piden lo mismo 200 euros por cualquier cosa. Tienes que ir diciendo: mira, es para un camión de una empresa y no queremos deshacernos de él.

Así es posible que te digan: venga, dame 20 o 50 euros. Otros restauradores me avisaron: nunca digas que estás restaurando un camión”.

Aparte de tener alguna dosis de suerte, como el hecho de conservar un faro delantero que le había regalado un amigo de Alcorcón y que resultaba ser el que tenía estropeado el Pegaso, Antonio ha puesto mucho esmero en personalizar su camión sin cargarlo en exceso.

Y otra vez Internet le ha ofrecido su mano salvadora. Las dos adquisiciones más valiosas han sido la placa de “Pegaso, el camión español” y el muñeco de Michelin. “Lo encontré por Wallapop. Me lo vendió un chico que me dijo que su padre lo había llevado 47 años encima de la cabina de un Cabezón. Estaba el muñeco marrón, no lo habían limpiado nunca, y eché un desengrasante y al final se quedó blanquito, blanquito, más chulo que nada”.

Pegaso TecnoAhora bien, de lo que está curiosamente más orgulloso es de haber metido unos flecos en la cabina, algo que le retrotrae a sus tiempos de chico. “Era algo que quería poner a toda costa.

Parece un poco friki, pero recuerdo que los camiones antiguamente llevaban flecos dentro, así que los compré en una mercería y los he colocado en la trampilla de arriba y en la palanca. A todo el mundo le gusta porque se van moviendo con la brisa y queda bonito”.

A Antonio la pasión por los camiones le brotó cuando las horas de juego en su vecindario, Parque Grande, antaño un erial en el que no cabía imaginar ni las urbanizaciones ni las estaciones de metro que hay ahora, resultaban amenizadas por Miguel, un transportista que llegaba todos los días con su Pegaso 1066 procedente de Eibar.

“Me enamoraba de ese camión cada vez que venía, con todas las luces encendidas, los triángulos, los rombos, con el sonido de las cadenas, los flecos… Iba y le preguntaba siempre si podía subir al volante y él siempre decía que sí, que sí, pero que no le arrancara el motor. Yo tPegaso Tecnoendría como unos ocho años”.

¿Quién se lo iba a decir? Las tornas han cambiado y su vecino Miguel, ahora con 75 años y jubilado, es quien ha visto a aquel chaval de entonces conduciendo y, lo que es más meritorio, recuperando un Pegaso para el parque móvil. Siendo vehículo clásico, a nadie deja indiferente allá donde va.

De ello dan buena fe los familiares de Antonio, que tuvieron la oportunidad de dar unos cuantos paseos por la concurrida avenida de las Retamas el día en que lo terminó, o aquel hombre mayor que subió al Pegaso Tecno en una concentración de Villaviciosa. “Vino mi hijo y me dijo: ‘Papá, hay un hombre llorando en el camión’. Le pregunté si le pasaba algo y me dijo que se había emocionado porque el último camión que condujo fue uno como este”.

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Comments

  • Michael Perez 8 marzo, 2017 at 22:08

    Muchas gracias por este estupendo reportaje. Qué buenos recuerdos me trae!
    Es un camion muy especial, por su historia y por lo especial que fué con su tecnologia tan avanzada para su epoca. Si le cuento a alguien aqui en Alemania qué en la España de los años 50 tenian un camion de 12 toneladas con suspension independiente, con un motor de aluminio e injeccion directa, me miran como si viniera de otro mundo.
    Algun dia me lo llevaré de paseo a Colonia, para qué pase un rato con sus tres hermanos. Para enseñar lo qué es un camion de verdad – un Pegaso!!
    Saludos desde Colonia
    Michael Pérez

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