Leyland Comet 90 de José y Cristóbal García

Era el Leyland Comet un camión de concepto sencillo, pero tremendamente fiable. Al igual que el resto de modelos de la marca inglesa, llegó a España por vía marítima a puertos como Bilbao o Santander, haciéndose bien pronto un hueco propio en el mercado hispano. Destacaban estos camiones por sus motores diesel de contrastada eficacia y supusieron la piedra angular de muchas empresas de transporte en recorridos de tipo medio e incluso largas rutas.

No vamos a extendernos Leyland Cometmucho en los antecedentes de este modelo, puesto que ya hablamos de él en el número 231 de nuestra revista, con ocasión de la restauración del Leyland Comet de Antonio Ríos. Solamente recordaremos que existieron dos versiones en función del motor: el Leyland Comet 75 y el 90, y que las últimas unidades llegadas a España fueron apodadas bola roja.

Este apodo venía a cuento por la superior velocidad de este camión. Aunque esto era más fruto de una especie de leyenda urbana que de la realidad en sí misma. La razón no era otra que la de que disponía de reductora al diferencial e incorporaba una nueva caja de cambios, la misma que, tiempo después, llevaría el Pegaso Comet.

Como todos sabemos, este último fue un camión surgido de los acuerdos Leyland-ENASA. Ciertamente, los camiones Leyland estuvieron presentes en todos los rincones de la geografía nacional, aunque fue sin duda en el levante español donde se hicieron habituales y, sobre todo, muy populares.

Parece ser que el primer propietario de este camión era de Cantabria. Poco o nada sabemos del cometido que tuvo allí. Posteriormente fue adquirido por una empresa de La Aljorra Leyland Comet(Cartagena) de la que desconocemos su nombre y a quién se lo compró Ginés Martínez Miralles “Aurelín”. Un transportista de la comarca cartagenera, con el que efectuaba transporte en general.

Habitualmente, el Leyland hacía servicios para las empresas consignatarias de buques en el puerto de Cartagena y solía ir desprovisto de los laterales de su carrocería. Era habitual verlo cargado de sacos de abono. Quien esto escribe conserva en su memoria imágenes de este camión que son, básicamente, recuerdos de niño. Un niño al que le gustaba acercarse por el puerto de Cartagena, donde miraba y remiraba todos aquellos viejos camiones que entraban y salían de las instalaciones portuarias. Hay que decir que hablamos de unos años ya lejanos en el tiempo.

Superado tecnológicamente, el Leyland se paró y Ginés lo guardó en una pequeña cochera. La cochera formaba parte de la vivienda en la que residía junto a su familia, en un pueblo del extrarradio de Cartagena. La familia se mudó y el Leyland se quedó durmiendo el Leyland Cometsueño de los justos.

Pasaron muchos años, en los que se sumió en un profundo letargo. Pero claro, todos sabemos que un letargo no es más que un largo período en el que se descansa y, por qué no, también se sueña. En esa especie de sueño, el camión permaneció hasta que Pepe y Cristóbal lo adquirieron, a comienzos de 2010. Ambos son viejos conocidos de nuestra revista, ya que se asomaron a nuestra sección con motivo de la restauración de su Dodge Kew.

Tío y sobrino llevaban mucho tiempo detrás de adquirir un Leyland 90 para su restauración. Aparte de ser un camión clásico muy interesante, se trataba de honrar el recuerdo de los comienzos de la familia García en el mundo del transporte.

Y es que no fueron uno, sino dos, los Leyland Comet que tuvieron en activo. Los dos con caja basculante de obras y con los que trabajaron habitualmente en movimientos de tierra y diferentes obras públicas, sobre todo, en la zona centro peninsular. Aquellos camiones dieron un buen rendimiento y su recuerdo siempre estuvo presente.

Leyland CometSacar el camión de la cochera donde se encontraba no fue tarea sencilla. El techo de tejas, sustentado por viejas vigas de madera, no ofrecía demasiada seguridad. De hecho, alguna parte de él ya había caído sobre el Leyland, aunque, por fortuna, sin hacerle daños de consideración.

Tras asegurar el amenazante techo, el camión se pudo sacar y subirlo a una góndola para su traslado a la sede de la empresa en Madrid. Al disponer de personal especializado en su empresa, y al igual que el Dodge Kew, el Comet se desmontaría completamente allí, donde se repararía su motor y se chorrearía chasis y cabina para su saneado y posterior pintado. Los trabajos fueron avanzando a buen ritmo y, en la primavera, volvió a tierras cartageneras.

La idea de Pepe y Cristóbal era la de finalizar el camión allí, en Cartagena, el lugar donde trabajó y de donde es originaria la propia familia García.

Leyland CometSe trataba de ir finalizando los últimos ajustes, repasos, construcción de la carrocería y terminación del interior de la cabina, además de otros detalles. Uno de los principales era el ajuste de su bomba de inyección, que se haría en un taller de la comarca con experiencia en estos vehículos.

En este momento, y llegado a Cartagena, el Leyland presentaba ya una soberbia estampa. Seguía habiendo bastante faena por delante, pero lo efectuado hablaba por sí solo de lo acertado que había sido rescatar este camión. De la parte mecánica, el Comet estaba prácticamente listo, aunque aún restaba el ajuste de sus frenos y, sobre todo, de su servo.

Leyland CometSiempre en góndola, el Comet marchó a la vecina población de Fuente Álamo, donde la empresa carrocera Blasaga construiría una caja en consonancia con lo que un camión así requería.

Allí estaba depositada la anterior que portaba el camión y de la que se aprovecharía alguna pequeña parte. Era una carrocería de laterales abatibles y de poliéster, mientras que la nueva sería de madera y laterales fijos, coronada con laterales altos y arquillos para su lona.

En el interior de la caja se incorporaría el hueco de la litera. Como es sabido, estos camiones no la llevaban de serie, así que con esa pequeña reforma se ganaba una cama y espacio debajo para guardar objetos personales. Todo ello, penalizando mínimamente el espacio de carga.

Leyland CometEn la elaboración de la carrocería se emplearon varios meses. Antonio Sánchez y Francisco Guzmán “El palas” fueron los responsables de ello. A la par, también se rehizo toda la instalación eléctrica. Con la caja terminada y reparado el servofreno, tan sólo quedaba por hacerle el forrado y tapizado del interior de la cabina, incluida la litera. Finalmente, la restauración estaba concluida.

Aprovechando la 1ª concentración de vehículos clásicos de Fuente Álamo, el Leyland se presentó en público. Fue uno de los principales alicientes con los que contó una reunión que, como no podía ser de otra manera, recogimos en el número 249 de Solo Camión. En agosto también estuvo en San Martín de la Vega, con ocasión de la festividad de San Cristóbal. Leyland Comet

Pero ahí no quedó la cosa. En octubre comenzó el mes en el circuito del Jarama, con ocasión del campeonato europeo de camiones, y lo finalizó acudiendo a la sexta reunión de amigos del foro www.camionesclasicos.com en la población avulense de El Barco de Ávila, donde también se dieron cita otros dos Comet restaurados.

Ya tenemos otro Leyland restaurado que amplía el censo de camiones de la mítica marca inglesa llegados hasta nuestros días. En la preparación de este reportaje, sólo encontré facilidades por parte de todos los implicados en la restauración. A todos ellos, gracias. Y gracias, sobre todo, a Pepe y Cristóbal, por la amabilidad y generosidad con la que siempre me tratan. Ni uno ni otro descansan, y en no mucho tiempo nos volverán a sorprender con otra nueva restauración.

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