Hispano-Suiza 40/50 de EABS, orgullo de una época

Por el contrario, los beneficios generados quedaban casi todos en manos privadas, fundamentalmente extranjeras. Viendo cómo crecía el consumo, y con la idea de recaudar los impuestos del petróleo y sus derivados, se crea ese mismo año, bajo la dictadura de primo de Ribera, la Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos, S.A. (CAMPSA). La creación de tal monopolio impedía que se construyeran refinerías con capital privado en la Península y Baleares, Hispano-Suiza 40/50aunque no en Canarias. Por tanto, había que traer la materia prima desde fuera y distribuirla al consumidor a través de una flota de barcos, vagones de tren y, finalmente, camiones.

Varias décadas antes de la creación de CAMPSA, la Hispano-Suiza Fábrica de Automóviles de Barcelona ya fabricaba sus primeros automóviles. Sin abandonar estos, y con el siglo XX recién estrenado, empezó a construir y comercializar gamas pioneras de camiones y autocares. Posteriormente, y coincidiendo con el aumento de potencia de sus motores, se inauguró la Hispano Guadalajara en la capital alcarreña, más centrada en la producción de motores de aviación y vehículos pesados, por lo que para la fábrica de Barcelona quedó el resto de los productos ofertados.

Hispano-Suiza 40/50En Guadalajara se centralizó la construcción del nuevo modelo 40/50, cuyo chasis era apto para su utilización en camión y ómnibus. Aquellos fueron tiempos de mucho proteccionismo y defensa a ultranza de cualquier producto de fabricación nacional. Con estos preceptos, un monopolio de carácter estatal, como era CAMPSA, tenía que procurar que todos sus medios técnicos estuvieran producidos en España, algo que en la práctica no dejó de ser una quimera, puesto que las necesidades reales iban muy por delante de lo que la industria nacional podía satisfacer.

En el caso de los camiones, solo Hispano-Suiza los producía en España, excepción hecha de la filial de Ford, que montaba los suyos con licencia del gigante norteamericano, primero en Cádiz y después en Barcelona. El resto de las marcas llegaban vía importación, gravadas con sus correspondientes aranceles. Lógicamente, CAMPSA se convirtió en uno de los principales clientes de Hispano-Suiza. En lo que a camiones se refiere, adquirió un importante número de unidades 40/50, carrozadas con una cisterna.

Hispano-Suiza 40/50Cabe señalar que, al amparo del monopolio petrolífero, se creó una importante red de empresas colaboradoras que, guardando la imagen corporativa, se encargaron de la distribución de ámbito provincial. En el caso de Valencia, ese trabajo lo desempeñaba Empresa Ayora Boronat y Sires (EABS), que es la actual propietaria de la joya que ilustra nuestro reportaje.

La existencia de este Hispano-Suiza supone una grandísima noticia en sí misma. Este camión se ha conservado durante décadas gracias al empeño de preservarlo por parte de sus propietarios, e incluso habiendo mediado distintas generaciones. Debido al pernicioso ambiente húmedo del Mediterráneo, el deterioro del Hispano solo podía ir a más, lo que obligaba a dar una pronta respuesta al respecto.

Un camión tan especial bien merecía una restauración acorde con su categoría, así que se optó finalmente por desplazarlo a Cartagena, y más concretamente a las instalaciones de la empresa REMYMO. Allí, y bajo la dirección de Dionisio Ureña, se devolvió el esplendor original a esta pieza tan espectacular y única.

Rumbo a Cartagena

Hispano-Suiza 40/50El reto no era pequeño, al tratarse de un vehículo tan antiguo, con poca información y sin repuesto alguno. El óxido campaba a sus anchas, el motor no funcionaba y la mayor parte de las piezas de madera estaban inservibles. El desmontaje del camión fue integral… hasta el último tornillo.

Se separó primero la cisterna, que aún contenía restos de combustible en los compartimentos interiores. Luego le tocó el turno a la cabina. De fábrica, estos camiones salían sin ella, es decir, solamente con la cubierta del motor. Posteriormente se iban añadiendo parabrisas, techo y unas lonas que se desplegaban por los laterales, en función de los rigores meteorológicos.

A los camiones que perduraron muchos años después de su fabricación, como es el caso que nos ocupa, se les solía hacer una cabina cerrada de madera forrada con chapa. Antes y después, el equipamiento interior de la cabina siempre fue muy espartano. Del chasis, Hispano-Suiza 40/50apoyado sobre unos calzos, se eliminaron óxidos, para ser imprimado después. La cisterna se repasó a conciencia, al igual que las válvulas de vaciado, bocas de llenado y zunchos de fijación.

Mención aparte merece el pintado y rotulación final del conjunto. El trabajo en este aspecto fue de muchos quilates, y le devolvió toda su personalidad a este veterano camión. El tratamiento y abrillantado de piezas y accesorios exteriores resultó ser el complemento perfecto.

Si un reto era la propia restauración del Hispano-Suiza, me atrevo a apuntar que el auténtico desafío consistía en poner en marcha el motor, de cara a comprobar si solo estaba dormido o, desgraciadamente, había muerto del todo. Sin desmontarlo resultaba imposible saber cuál era su estado real. Lo cierto era que el bloque estaba rajado y tenía bastantes poros.

Hispano-Suiza 40/50Interiormente, los túneles de refrigeración estaban comunicados. En el caso de las bielas, los casquillos de bronce estaban agarrotados y formaba todo el conjunto una sola pieza. Evidentemente, hubo que hacerlos de nuevo, al igual que las muñequillas del cigüeñal. En el caso de los poros, se taparon con una especie de espiches, que resultaba una labor muy delicada y tremendamente lenta. Junto al motor, otros elementos, como el alternador y la bomba de agua, fueron reparándose a la par.

Tales trabajos se llevaron a buen puerto gracias a manos expertas, y es en este punto donde emerge la figura de Jorge Ureña, un hombre cuya juventud no le impide poseer amplios conocimientos en campos tan variados como la electricidad, mecánica y electrónica, que han resultado claves en la excepcional calidad del conjunto.

Gracias al empeño de EABS, así como al buen trabajo de REMYMO, un pequeño trozo de nuestra historia, con casi un siglo de existencia, ha vuelto a ser lo que en un día fue. Este Hispano-Suiza ya no recorrerá ruta alguna, ni abastecerá ningún surtidor de combustible, pero sí quedará como fiel testimonio de unos años de esplendor de la industria española de la automoción en aquellos lejanos inicios del siglo XX.

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