Grúas Tárrega S.L., empeñados en echar un cable

El de Miguel Tárrega es un servicio con ciertas similitudes al de bomberos o ambulancias, cuerpos con los que coincide habitualmente en hora y lugar de autos. Pero igual que sería un despropósito que estos últimos acudieran a un percance sin mangueras o desfibriladores, una grúa ha de acudir a su cita con cables, 278_profesion_tarrega_01eslingas, carracas, cintas de amarre y toda suerte de correaje en perfectísimo estado de revista.

Que se te caiga un coche en mitad de una operación de este tipo es una desgracia en toda regla que a nuestro protagonista, Miguel Tárrega, no le ha sucedido jamás; y que además viene a refrendar ese aforismo que nos alerta de que muchas veces lo barato resulta caro, pues, entre otros efectos desagradables, conllevaría una considerable multa para el gruísta.

“Para estirar de un vehículo tal vez no importe tanto, pero para elevarlo –puntualiza Miguel- yo me autoexijo que las correas sean siempre nuevas. He de decir que he regalado muchas veces a otros material de elevación, porque se me cae el alma al suelo de ver con qué correas trabajan algunos, y no me pesa, porque pienso que en ser profesionales y humanos nos va la imagen”.

Oyendo hablar con tal propiedad a este hombre de pacífico semblante y dulce acento valenciano, no nos resulta chocante el que nos Grúas Tárregadiga que él nunca ha buscado una compañía aseguradora para la que trabajar, sino que son ellas las que siempre le han perseguido a él. Eso sí, a sus 55 años ha disfrutado de menos vacaciones que una hormiga soldado.

En esta tarea no puedes nunca lavarte las manos y cerrar. Siempre has de estar a punto y sin margen de error, porque hay terceros que dependen de ti. En la empresa –continúa Miguel-, además de mí, operan cinco asalariados y dos autónomos; así que si en nuestras dependencias de Ontinyent y Játiva (Valencia) hay siempre al menos tres personas de guardia, imaginaos el ritmo de trabajo que tenemos. Es obligado estar siempre a pie de cañón, porque en ello te va algo más importante que la propia remuneración, que es el prestigio”.

Flota versátil

Enfrascados entre tanta urgencia, habíamos pasado de largo las presentaciones, así que vamos a relajar un tanto el relato viajando en el tiempo 20 años atrás, que es cuando Miguel Tárrega cobraba su nómina (ese bendito impreso, que a este paso veremos en las vitrinas de los museos junto a los papiros egipcios) de 278_profesion_tarrega_05Amtaxpe, empresa ya desaparecida, que ejercía servicios de taxi y ambulancias. Su inquietud personal le llevó a comprar una grúa y formar su propia empresa, no sin ciertas discrepancias por parte de su mujer, Amparo, que añoraba el reposo doméstico de esos primeros años de matrimonio en los que ambos vivían del dinerito que le daba regentar una tienda de recambios.

Pero como no hubo forma de ponerle puertas al espíritu emprendedor de este hombre, a partir de 2003 el goteo de vehículos marcados con el hierro de Grúas Miguel Tárrega ya no remitió nunca, de manera que al pequeño DAF 45. primero, le fueron siguiendo toda una batería de ligeros como los Nissan Patrol, Iveco Daily o Mercedes Sprinter Grúas Tárrega412. La llegada del primer pesado, un MAN 17232, precipitó la adquisición de unas instalaciones en Ontinyent, con 1.900 metros cuadrados de nave y otros 500 de patio.

En dicha nave siguieron asentándose unidades, de manera que en 2006 se convirtió en base fundamental de la zona, tras absorber a la empresa de grúas y asistencia en carretera de la localidad de Albaida, a 7 kilómetros de Ontinyent, con toda su flota incluida, en la que se contaba con otro Daily y un Renault Mascott. El campo de acción de Grúas Miguel Tárrega confluye así en unos 40 kilómetros a la redonda, aunque luego se puede llevar el vehículo con la góndola allá donde el cliente desee, sea en España o cualquier otro país europeo.

Mayores exigencias

En el año 2008, Miguel acometió la compra de otra empresa en Játiva, con sus grúas, tarjetas y compañía de seguros correspondiente, con lo que a día de hoy son una docena de unidades, entre ligeros y pesados, las que operan para su compañía. La trayectoria de este valenciano da para hacer un balance más que certero de cómo ha cambiado este sector en los últimos tiempos. La media de tiempo de llegada a un accidente ha bajado muchísimo, y ahora tanto los clientes como las compañías de seguros son más exigentes, en un contexto de crisis en el que todo el mundo tensa la cuerda por su lado.

278_profesion_tarrega_11El coche nuevo -nos ilustra Miguel- da más trabajo que el de antes, y no sólo por esas lucecitas que muchos no entienden, sino porque ya la mayoría no tiene ni rueda de repuesto. Algunos te hacen que les lleves al puesto donde tienen su servicio oficial hasta por la rotura de un cristal lateral, cuando ellos podrían conducir perfectamente; así que tú te vuelves y el conductor se enfada, pero las aseguradoras llegan hasta donde llegan y el cliente exige una renegociación continua de las condiciones de contrato. Yo creo -se moja nuestro protagonista- que e veces la gente se quiere aprovechar de esta situación de crisis y aprieta más de la cuenta”.

Empresa familiar

Ismael, José, Nircea, Fernando y Ricardo son los cinco chóferes que Miguel tiene permanentemente en plantilla, pero su regalo más valioso, y por el que tantos padres suspiraríamos, es que sus hijos David y Sonia trabajen a diario con él. El caso del primero 278_profesion_tarrega_15es el del característico hijo que, siendo un pipiolo, no tenía nada por más divertido que acompañar a su padre a sol y sombra en el taller, ayudando y molestando a partes iguales en el trabajo, que es lo que un pequeñín siempre hace con regularidad milimétrica.

Aquel chiquilín con buzo de talla infantil es hoy un avezado chófer que, a sus 21 años, maneja la pluma de la grúa que es un primor, y lleva la góndola del DAF CF 430 de 25 toneladas con singular maestría. Sus jornadas de trabajo son densas, y el teléfono lo lleva abierto las 24 horas, pero ello no quita el que aproveche de la mejor manera el tiempo libre que le queda, ya sea con su novia Eva, o dedicándose a su excepcional afición por los perros, y más concretamente los de raza pastor alemán, de los que tiene varios canes de cría, además de trabajar para la firma Tarrecan en su crianza y el adiestramiento en positivo.

Sonia Tárrega, la hija de Miguel, con 20 años ya venía por la mañana al taller para ayudar con los números, aprovechando para estudiar a ratos en la oficina, a fin de sacarse el Grado Superior de Contabilidad y Finanzas. Hoy,10 años después, es algo así como la administradora ideal, o sea, la que controla las cuentas, revisa albaranes y servicios, está pendiente de tres teléfonos móviles al unísono, y pone un poco de sentido financiero común a un padre y hermano, que siempre andan soñando con comprar más vehículos. Casada con un ingeniero, a casa de sus padres, aún sin desconectar móviles, va cada día a comer.

Grúas TárregaLa armonía familiar es total, aunque ello no quita que amoneste a su padre por un aspecto que, a sus 55 años, difícilmente Miguel va a cambiar ya. “Es demasiado bueno. Siempre anda regalando material, y en cuanto le lloran un poco, cualquiera consigue de él lo que quiera. Pero esto no lo pongas -me sugiere, con evidente poco éxito, Sonia-, porque lo que de verdad importa es lo que aprendo a su lado todos los días, y no es amor de hija, sino que es imposible no admirarle por ver cómo ha hecho crecer esta empresa a base de esfuerzo. Cuando pienso en el futuro dentro de dos décadas -concluye Sonia, y con ella nuestro reportaje-, nada me da más tranquilidad que imaginarme aquí con mi hermano y mi cuñada, incluso con mis hijos; pero el que seguro que no va a faltar por aquí, con 80 años si hace falta, es mi padre dando la lata de un lado a otro del taller, incapaz de darse un paseíto tranquilo con mi madre y descansar, que es lo que tan sobradamente se ha ganado a pulso”.

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