El Freightliner de Ángel Cortijo

“Ya va por los 800.000 kilómetros. Pero este Freightliner es eterno. Cuando me jubile me dedicaré a viajar con él como si de mi casa rodante se tratara”. A sus 50 años, nuestro protagonista, Ángel Javier Pérez Cortijo, no es que piense ya en la jubilación, para eso todavía faltan unos añitos, pero sí en disfrutar más de la vida, en dedicarse a saborearla, a darse su tiempo, su espacio. Demasiados quebraderos de cabeza. ¡Y tanto que sí!

Freightliner Cortijo
Ha llegado ese momento, su tiempo, y aquí es donde el mastodonte que nos presenta en estas páginas tiene mucho que decir. “De toda la vida mi sueño ha sido tener un camión americano.

Uno siempre ha tenido ese gusanillo y más viendo películas como “Convoy” o “Yo, el halcón”. Ahora que he logrado conseguir mi sueño ,puedo decir que subido a este camión las presiones del día a día pasan, se olvidan. Puedo pasar todo el día trabajando y después para relajarme me subo a mi Freightliner y entro en otra dimensión”.

Cortijo lleva ya más dFreightliner Cortijoe diez años con este camión “made in USA”. Su figura es conocida en lo largo y ancho de la geografía nacional. Las concentraciones son su hábitat natural y en ellas, digámoslo así, es el alma de la fiesta. Ya me entienden. Micro en mano (y sin él) no tiene parangón.

El que escribe estas líneas da fe de ello. Lo conoce desde hace más o menos una década, puedo decir que el camión que este mes dibuja estas páginas fue el primer americano en el que me subí. También mi mujer e incluso mi hijo. Cortijo y su mujer Lourdes seguro que se acuerdan. ¡Qué decir! ¡Cómo pasa el tiempo, amigos!

El Freightliner se merecía un homenaje en esta revista, tanto como la vida de su propietario dándole a la rosca. Con trece años y como era normal antaño ya manejaba los camiones que había en casa: Pegaso, Barreiros, Magirus-Deutz. No en vano, su padre, que aunque no tenía carnet de camión sí gestionaba una empresa de transportes, llegó a tener 15 vehículos.

Llegados de la albaceteña La Roda echaron raíces en Benidorm, donde nació nuestro protagonista, y crecieron a la par que lo hacía esta ciudad alicantina.

Freightliner CortijoA los 16 años pilotaba una excavadora y a los 18 dio el salto en solitario, se quedó un Ebro L60 que su padre le dejó a buen precio, lo bajó a 3.500 kilos y comenzó a realizar pequeños repartos.

Más tarde llegó la moda de las grúas y se compró su primer Mercedes-Benz, corría el año 1986. Y algo importante también se compró, un teléfono móvil que por aquel entonces pesaba siete kilos.

“Había dos en Benidorm, el de un médico y el mío. El teléfono significó que mi empresa despuntara porque me llamaban y respondía inmediatamente. Comencé a meterme en los servicios de luz, agua de la ciudad y más tarde llegó el boom de la construcción en Benidorm. Adquirí un Mercedes y una bañera, me junté con cuatro. La ciudad iba muy rápido y yo a la par”.

Y a todas estas, algo seguía firme en el pensamiento de Ángel. Fue en 2004 cuando pudo hacerlo realidad. Justo ese año vendió dos camiones y pensó que era el mejor momento para emprender ruta hacia Estados Unidos. Varios contactos le llevaron hacia David de la Morena, que ya sabía cómo funcionaba esto de comprar y traer camiones americanos a España. Dicho y hecho. David, Cortijo y su Freightliner Cortijoamigo Domingo cogieron billete a Miami con la intención de agenciarse dos camiones de esos de morro largo.

Forrados con 24.000 dólares cada uno, se patearon Florida durante nueve días con la convicción de venirse con las manos llenas. Dicen que las primeras impresiones son las que cuentan. En el caso de este trío esa máxima se corroboró.

Tras recorrerse más de 4.000 kilómetros regresaron al sitio donde habían visto el primer camión. “Aquí, Domingo acabó comprándose el suyo y yo acabé dos calles más allá y al final encontré el mío”, nos relata Cortijo con todo lujo de detalles.

“Yo tenía claro que quería un Freightliner sobre todo por el habitáculo. Tenía los dos niños pequeños (David y Jessica) y siempre viajábamos los cuatro. Necesitaba espacio”.

Y nada, compras el camión y te vuelves para España y tu grandote se queda allí. Con todo lo que eso representa. “Te dicen que tardan 28 días en realizar la travesía marítima Miami-Valencia. Pero nosotros tardamos dos meses en tenerlo. Primero porque los vehículos pasaron una especie de cuarentena donde se comprueba que tengan todos los pagos al día.

Después nos pilló las fiestas navideñas, con lo que todo se demoró un poco más”, nos explica. “Los camiones viajan en un container abierto en la parte superior del barco, con lo que la sal los oxida. Así que además de los Freightliner nos gastamos 6.000 dólares en recambios más tres botes de ‘3 en 1’ para pringar bien de aceite todos los cromados”, detalla.

Freightliner CortijoAl final, los mastodontes llegan al puerto de Valencia. Con algún que otro problemilla arrancan “y es ahí donde te das cuenta de que son muy grandes. No sabíamos si íbamos a pasar el peaje”. Y tanto que pasaron.

Y es que este Freightliner es todo un señor camión americano, su morro de dos metros bien lo demuestra. No solo eso, hace 9,03 metros de largo y 3,92 metros de alto.

Bajo el capot presume de motor Detroit Diesel de 500 CV con cambio Fuller de diez velocidades, las dos últimas automáticas. “Una vez que te acostumbras a las medidas y al cambio, es muy divertido y cómodo de conducir, mucho más que un europeo”. El interior lleva dos literas y todo preparado para hacer de su habitáculo una casa (menuda choza) sobre ruedas.

Freightliner Cortijo“Muchas horas son las que me he pasado de mecánico, instalando luces, dándole forma. Todo venía en mate y lo he pulido a brazo”.

Su última novedad ha sido la pintura. Aparte de su color negro (al principio era granate y el original azul pálido), lo más novedoso son las llamaradas en forma de toro que decoran los laterales del morro y luego la trasera, donde nuestro invitado ha querido homenajear la carretera de antaño, la que él recuerda y la que él siempre ha querido.

“El toro de Osborne, la Guardia Civil y el auténtico camionero. Nada más. Es la carretera que a mí me gusta, la que yo he vivido. La de que si parabas, te ayuda un compañero, incluso la Guardia Civil”.

El próximo retoque no sabemos cuál será. Seguro que Cortijo ya piensa en algo. “Lo bueno de esta pasión es que la puedo compartir con mi mujer. A ella no hace falta animarla, siempre tiene las maletas preparadas. La disfruta más que yo. Si no fuera así, sería imposible llevarla a cabo”. Pues que así sea. A seguir haciendo kilómetros, a disfrutar de las concentraciones, de los paseos, de los paisajes, de los amaneceres, a soñar en esas carreteras como las de antaño, las de la solidaridad y el compañerismo. Y nosotros lo contaremos.

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Durante diez años conservé en un cajón la hoja arrancada de aquella revista americana. En el papel, un Peterbilt customizado naranja chillón, con la parrilla a dos dedos del suelo y un titular: “Ganador del Big Rig Build Off de 2007 en Kentucky”. En aquel primer viaje a Estados Unidos no di con él. Por fortuna, el destino me brindó hace poco una segunda oportunidad.

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