El Volvo FL de Torrecillas, con esencia motard

A su 24 años, José Luis Torrecillas pasea orgulloso por Cataluña su camión motero. Este Volvo FL 250 con apenas 8 meses es su vehículo de trabajo. Transporta a diario cartón y esporádicamente algún que otro cargamento de palets. Hace tres años que se puso al volante, pero confiesa que, aunque su familia viene de tradición camionera, no estaba entre sus planes dedicarse a esto.

Si realmente tiene una pasión, es la de las dos ruedas, devoto incondicional de Márquez y Valentino, a los que año tras año sigue en directo en Montmeló, Alcañiz y Valencia. El olor a combustible y rueda quemada es la salsa de su vida, por eso no es de extrañar que en cuanto ha tenido su primer camión, decidiera homenajear al mundo motard.

Volvo motardQuedamos en Parets del Vallès, donde se ubica la empresa paletera de su padre, Juan José Torrecillas (al que hace unos años ya sacamos en estas páginas), a pocos kilómetros de Mollet, donde vive. Viene acompañado de su chica, Sandra, y de la perrita de ambos, “Diva”.

En la parte de atrás de su turismo cuelga de una percha un mono de motero, el mismo que lucirá un poco más tarde en la sesión fotográfica de este reportaje. Hay pasiones que se llevan en la sangre y la de Jose tiene que ver con las motos. Culpa de su padre. “Cuando mi hermano Carlos tenía cinco años, mi padre le compró una moto. Yo tenía tres años y ya montaba en ella, con un par de ruedines a los lados y mi padre corriendo detrás”, explica Jose entre risas.

No fue ésta la única afición que le inculcaron desde pequeño. En la empresa familiar, todos los camiones que han formando parte de la flota se han aerografiado, y el Volvo FL de Jose no iba a ser menos. “Yo he estado rodeado de camiones desde pequeño y, aunque nunca tuve la idea de dedicarme a esto, aquí he acabado”. De tal palo, tal astilla, no podía ser de otra forma.

Hace siete meses, Jose jubiló el viejo FL de su padre y se hizo con este modelo renovado. Lo compró nuevo y con la idea fija de decorarlo con motivos moteros. “Ya elegimos este color oscuro para que la decoración resaltara más”, explica nuestro protagonista. “En cuanto tuve Volvo motardel vehículo, llamé a unos grafiteros para encargarles el trabajo, y en una semana ya estaba hecho”.

El proceso arrancó con una sesión fotográfica previa para tener un material gráfico más realista desde el que poder empezar a trabajar sobre la lona. Con un equipo formado por una fotógrafa, dos chicas modelos y el propio Jose dieron forma a la idea: imágenes ricas visualmente, con acción (tanto el humo de las gomas de la FZ1 como el champán de la botella son reales, no trucos de los grafiteros) y una estética cien por cien motera. Cualquiera diría que el FL es el vehículo de asistencia de un equipo de motociclismo.

El resultado final dejó satisfecho tanto a Jose como a su novia Sandra, que no supo que aparecería retratada en la lona hasta que el mural estuvo acabado. “Yo no sabía nada. Estaba medio mosca porque iban a salir dos chicas”, confiesa Sandra entre risas. “Sacaron mi imagen de una foto que tengo tomando el sol en la playa y la verdad es que en cuanto me vi ahí en grande flipé. Pese a la satisfacción inicial, nuestro protagonista reconoce que la idea de usar spray no fue, seguramente, la más acertada.

Volvo motardAl poco tiempo, el agua de la manguera empezó a desconchar los trazos. Cada vez que se limpiaba la tela del vehículo saltaba pintura, por lo que no hubo más remedio que volver a repasar el dibujo en ambos lados del vehículo.

“Ya me decía mi padre que me olvidara del grafiti y que lo hiciera en aerografía, como lo ha hecho él siempre. Pero no le hice caso. El spray me gusta porque me da la sensación de que el resultado es más animado. Pero la mezcla de la pintura con el material de la lona no ha funcionado. Ya veremos qué hago en la próxima decoración.

Sandra tampoco está contenta. Cuando se tuvieron que retocar las zonas más deterioradas, su rostro se modificó y ahora dice que ya no se reconoce: “Antes, con el primer dibujo, en alguna concentración me llegaron a reconocer. ‘¡Tú eres la de atrás!’, me dijo un chico. Pero ahora ya no me gusta tanto”.

De momento, así se queda. Para evitar males mayores, cuando se lava el vehículo se usa agua a poca presión. No hay más remedio. O, al menos, Jose no ha encontrado otro: “Me han hablado de una lámina transparente sobre la que seguramente se puede pintar; pinturas en spray de otro tipo; barnices… he probado de todo y de momento no he encontrado ninguna solución”.

Pese a todo, el Volvo respira el espíritu motero original por los cuatro costados. Además de los dibujos en la parte trasera, el vehículo luce motivos en ambos laterales de la cabina (dos conos y una pila de neumáticos), así como un reloj de moto partido y con las Volvo motardrevoluciones a todo trapo en el techo.

Y por si quedaba alguna duda sobre cuál es la verdadera pasión de este joven camionero, el vehículo se remató con algunos lemas inconfundibles, como el “100 % motero” de la visera, el “¡Dale gas!” y el logo del Comando Vallès, el grupo de motards con el que Jose sale a hacer curvas los fines de semana. “Nos juntamos unos cuantos y salimos con la moto a dar vueltas por Sant Hilari o el Montseny, zona de curvitas.

Después un buen almuerzo y para casa”. Sandra sonríe a su lado. A ella (peluquera de profesión) también le gustan tanto las motos como los camiones. Y sigue a Jose allá donde vaya, ya sea en alguna concentración camionera como cuando ruedan en circuito con las motos. Eso sí, en ambos casos prefiere mirar los toros desde la barrera: “Me gusta ir a las concentraciones de camiones, me lo paso genial, pero eso de coger el volante… prefiero ir de copiloto. Y con las motos me pasa lo mismo. Yo voy de paquete y nada más”.

Volvo motardEn ambos retrovisores, Jose ha colocado un par de pegatinas con sus guantes: al lado derecho, el puño cerrado dando gas; y al izquierdo, dos dedos alzados. La señal típica de saludos entre moteros cuando circulan por carretera. La afición de Jose y su Comando Vallès le ha llevado a circular con la FZ1 por el asfalto de Motorland Aragón y el circuito de Castellolí.

“A mí todo este mundillo me encanta, desde pequeño. Mi madre no lo lleva tan bien, claro”, reconoce con resignación. A falta de que Jose encuentre una solución satisfactoria para sus problemas con la pintura en la lona, el Volvo ya está completado. De hecho lo hemos podido ver en más de una concentración camionera durante el pasado verano (La Torreta y Parets), eventos de los que estos dos jóvenes disfrutan casi tanto como del mundillo de las motos.

Acaba la entrevista y la sesión de fotos. Jose aparca la Yamaha, se desprende del mono y lo cuelga de nuevo en la percha, en la parte de atrás del coche. Resulta entrañable comprobar la dedicación con la que este joven se implica en sus aficiones. Por un lado, el camión; por el otro, las motos. Mundos diferentes que le aportan distintas cosas. Pero, esencialmente, mundos que se prestan a generar enganche. La suerte de Jose es que puede dar rienda suelta a sus pasiones prácticamente las 24 horas del día y de lunes a domingo.

Cuando toca circular cargado de cartón, ahí aparece el dibujo de la FZ1 quemando goma y la legión de mujeres sugerentes. Cuando llega el fin de semana y toca aparcar el Volvo, aparece en escena la moto de verdad, las curvas asfaltadas, el casco y el mono. Así es la vida de este chaval. Un día a día vivido a golpe de gas (y esto es una metáfora, que no se nos asuste Leandra, su madre).

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