El Pegaso Super Comet de Pedro Rodríguez

Cuando Pedro Rodríguez comenzó la restauración de este Pegaso Super Comet ya sabía de antemano que el proceso iba a alargarse algún tiempo. Primero, porque la dedicación a la reliquia estaba condicionada a las horas libres que le dejara su taller mecánico de Málaga, donde repara chasis y cabinas de camión (lo primero es lo primero, y el trabajo manda); y segundo, porque nuestro protagonista tiene bien claro que en la restauración de vehículo clásico no todo vale. Hay unos principios.

Más allá de la finura de los acabados, lo que prevalece ante todo es el respeto por los elementos originales, la fidelidad a un todo englobado en una época precisa. “O lo arreglas como era o no tiene sentido”, asegura Pedro. “Muchas veces me vienen clientes al taller para que les restaure algún clásico y me piden que se lo haga pero prescindiendo de tanto detalle. Yo les digoPegaso Super Comet que no. No tiene sentido”. Y no se trata únicamente de un tema de principios, sino más bien de un respeto por los veteranos. Como el propio Pedro comenta, “luego en las concentraciones son los que más se fijan y te llaman la atención si ven algo incorrecto”.

Este malagueño de 42 años recién cumplidos comenzó su relación con los camiones hace unos años, en su taller mecánico. Originariamente trabajaba con turismos, pero a raíz de un trabajo para un cliente camionero, fue especializándose en reparaciones de vehículos pesados. Y hace aproximadamente cinco años comenzó a trabajar camiones antiguos. Nunca ha sido transportista —asegura—, pero el ruido de los camiones le tira como al que más; y los clásicos le hacen perder la cabeza.

“Lo mío ha sido siempre la chapa y pintura. Lo de conducir es Pegaso Super Cometporque me gusta. He tenido algún clásico antes. El primero que restauré fue un Barreiros de bomberos, hace unos 10 años, y lo vendí, básicamente, para poder tener este Pegaso”.

En Málaga forma parte del Club La Ginkana 2013, un grupo de camioneros con los que se junta a menudo para salir con los vehículos. El suyo es el único restaurado. Un orgullo para el propietario, que no obstante tampoco oculta los sacrificios que conlleva este hobby. “Te tiene que gustar mucho —asegura—, has de invertir horas libres, dejar de hacer otras cosas para estar con el camión, muchas veces durante noches enteras”.

Es el caso del Super Comet, cuya restauración se alargó un año entero y se completó con un “arreón” final de un mes y medio, donde Pedro hipotecó todos los fines de semana. “Cuando me puse en serio me tiré una pila de horas con el camión metido en el taller”, explica. “Noches enteras. Imagínate lo que me decían en casa —dice Pedro entre risas—: que sólo estoy pendiente de los camiones, que la casa abandonada, que todos los días con el camión”.

Pese a todo, Paqui —su mujer— confiesa que también comparte con su marido la pasión por los camiones. Es el único vicio que tenemos. Y es verdad que es sacrificado, son muchas horas —suspira— y más de una vez le tengo que tirar de la cama porque no se puede ni levantar. Pero reconozco que todo este mundillo me gusta también a mí”.

El Pegaso Super Comet fue matriculado originariamente en 1972 —el mismo año que nació Pedro— y según la información con la que cuenta su actual dueño, trabajó en Vélez-Málaga cargando bloques y tejas. Cuando Pedro topó con él, el 1095 estaba a un paso de acabar en el desguace. “Me daba lástima dejarlo abandonado, así que lo compré”, asegura nuestro entrevistado. El estado inicial era malo, pero no Pegaso Super Cometcatastrófico. Se podía recuperar.

Tenía un golpe severo en la parte delantera —seguramente por el impacto con otro camión—, muchas picaduras en la chapa y las viseras deterioradas. “De mecánica, el motor tenía algún problema porque no pasaba de 70 km/h y en las cuestas se quedaba a 20. Era un problema con las bombas inyectoras. Lo llevé a que le echaran un vistazo y la reparación era muy cara”.

La pericia de Pedro con la maquinaria de taller le ha venido muy bien para ahorrarse una buena parte de la factura. “Decidí hacerle la mecánica yo mismo, dedicándole tiempo, averiguando por mi cuenta cómo se hace, preguntando. Las viseras, por ejemplo, también las hice yo mismo, a mano, con metacrilato y aluminio”.

Prácticamente todo el proceso de restauración siguió el mismo curso: desmontar, limpiar, arreglar, pulir y montar. Y cuando surgían dudas, enterarse de cómo poder hacerlo. “Desmonté los frenos y estaban bien; el cárter se desarmó y lo limpié a fondo; le cambié el aceite cuatro veces; le hice el reglaje de las válvulas y le arreglé las botellas del basculante de la caja, que perdían aceite”.

Muchas de las piezas de aluminio que incorporaba el Pegaso original estaban muy deterioradas o directamente perdidas, por lo que nuestro protagonista tuvo que emplearse a fondo en la labor de reconstrucción, trabajando a mano todo aquello que era imposible encontrar o muy caro. “Tuve que hacer las piezas de aluminio a mano (el apoyabrazos de las puertas, por ejemplo), haciendo moldes y cortando chapa”. En cuanto a la caja de madera, estaba en bastante buen estado y únicamente se chorreó y pintó.

El trabajo ha sido largo y exigente. Es cierto que probablemente se podían haber acortado los plazos, pero los principios de Pedro en cuanto al nivel de detallismo y respeto por el original son prácticamente sagrados: “Mi filosofía, en cualquier camión, no sólo en éste, es que sólo lleve elementos originales o acorde con su época. A muchos clientes les digo ‘eso no te lo pongo, que no viene a cuento’.

Y no lo hago. Lo tengo clarísimo. Intento trabajar con gente que valore lo que tiene, porque el dueño de un camión clásico tiene que saber que la restauración vale lo que vale. Es un proceso: desmontar, preparar la chapa, lijar, imprimar, volver a lijar… y si tengo que comprar una manilla de la cerradura, le pongo la que toca, no otra, aunque cueste 150 euros”.

Es seguramente esta filosofía la que hace que sean muchos los que se acerquen para darle la enhorabuena. Y es que, como dice Pedro, “si te metes a hacer una cosa, la haces bien. Y si no, no te metas”. A eso se le llama ser fiel a unos principios.

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