El Pegaso Comet de Ángel Macías, una ilusión hecha realidad

Corría septiembre de 1973 cuando Javier Carbajo, propietario de la fábrica zamorana de harinas Gabino Bobo, adquirió un Pegaso 1090 (Comet). El camión formaba parte de un pedido de cuatro que había sido adjudicado al concesionario Dyrasa. Tras su matriculación y entrega, una vez carrozado, el vehículo se dedicó a la distribución de sacos de harina por infinidad de panaderías de las provincias limítrofes.

Pegaso CometLos retornos los solía hacer con trigo de los silos del SENPA (Servicio Nacional de Productos Agrarios), para posteriormente, una vez desaparecido este organismo oficial, seguir cargando trigo en diferentes almacenes particulares. Fueron muchos los años en los que el Comet hizo suya la rutina de viajar continuamente con 10 toneladas de harina en su interior. Años en los que no planteó ningún problema, pero que, como se suele decir, tampoco pasaron en balde.

En 1995, y ante los primeros síntomas de que el motor de 125 CV comenzaba a desfallecer, su propietario le instaló uno nuevo dotado de turbo. Aprovechó este período de inmovilización para pintarle la caja y la cabina. La bondad del camión permitió que siguiera operando sin novedad, siempre bajo las sabias manos de Tomás y Lisardo, los conductores habituales de la empresa Gabino Bobo.

Sin embargo, la buena estrella del Pegaso se eclipsó en octubre de 2004. Un problema surgido en la rueda trasera derecha se unió a una avería que ya tenía el buje de la misma rueda. Sea como fuere, y tras más de treinta años de trabajo incansable, el Comet quedó parado en el patio de la fábrica con su basculante levantado, sin estar nada claro cuál sería su futuro. Un futuro que cada día que pasaba se hacía menos esperanzador.

Ángel Macías, al rescate

Este salmantino de La Vellés ya supo desde bien pronto que por sus venas corría gasoil. En su condición de hijo y sobrino de transportistas, esto podría parecer Pegaso Cometobvio, pero todos sabemos que no siempre es así. Los comienzos de su padre y su tío César como transportistas fueron con un viejo Chevrolet para los dos, para posteriormente adquirir dos Sava Austin FH-800 “chatos”. Tiempo después cambiaron uno de éstos por otro Sava-Austin, en este caso un A-503 de “morro”.

Al comenzar 1970 adquirieron un Pegaso Europa, al que se unió un Pegaso 1098. Poco a poco, tanto él como su tío establecieron una complicidad mutua que hacía que, siendo un crío, nuestro amigo ya manejara el volante del camión, siempre bajo la sabia mirada de César. Cuando estaba de vacaciones, Ángel hacía todo lo posible para ir de viaje con el camión y no perder el contacto con ellos.

En una ocasión, yendo de viaje con su padre, les sorprendió una fuerte nevada en Las Navas de San Antonio que les impidió continuar. Aquella fría noche la pasó, al igual que otros muchos camioneros, dentro de su cabina, y allí se dio cuenta, por primera vez, de la extrema dureza de una profesión que, a pesar de todo, sencillamente adoraba.

Pegaso COmetFue durante las temporadas de la remolacha cuando empezó haciendo sus primeros pinitos. Mientras un camión iba a cargar, él se quedaba para mover el otro en las largas colas que se originaban en las azucareras. Incluso solía mover el camión de algún amigo de la familia, que tenía plena confianza en el jovencísimo Ángel, que ya por entonces tenía perfectamente claro cuál sería su futuro. Para aprender cualquier profesión, lo lógico es empezar desde abajo, y por eso, durante las paradas de fin de semana y festivos colaboraba en la limpieza y mantenimiento de los vehículos.

Las cosas cambiaron mucho cuando una enfermedad bajó definitivamente del camión a su padre y Ángel no tuvo más remedio que ponerse al volante del Sava en pequeños desplazamientos locales, para ayudar a sostener la economía familiar. Además, era el ayudante de su tío César en el Pegaso Europa. Por entonces, además de conducir el camión en momentos puntuales, descargaba también los pesados sacos de harina que transportaban.

Casi sin darse cuenta le llegó el momento de cumplir con el servicio militar, donde fue destinado a Melilla y adscrito al servicio de intendencia. Su trabajo consistía en el reparto de pan a bordo de un camión Reo de motor de gasolina por todas las dependencias militares de la ciudad. Es curioso, pero aún estando tan lejos de su casa, camiones y harina seguían presentes en su vida. En Melilla obtuvo los permisos de conducir vehículos pesados, pero al licenciarse no pudo convalidarlos, debido a que aún no tenía los 21 años cumplidos.

Pegaso CometEn noviembre de 1980, y una vez licenciado, consiguió el ansiado carnet y se puso al volante del Europa acompañando a su tío. Meses después compraron un Barreiros-Dodge C-20 Turbo con un tercer eje Axemad que pasó a conducir en solitario. Tras el Barreiros vinieron otros vehículos con los que acabó de pulirse definitivamente. Paralelamente, a la vez que en profesión, los camiones se convirtieron definitivamente en pasión.

Después de muchos años en la carretera, Ángel se bajó de los camiones para que fuera su hijo Antonio quien cogiera su relevo, y está próximo el día en que su otro hijo, Alberto, también lo haga. Actualmente, Ángel es el responsable de tráfico de las harineras de Zamora, aquellas para las que trabajó infatigable el Pegaso Comet protagonista de nuestro reportaje.

Si tuviéramos que definir con un adjetivo a Ángel Macías, ése sería, sin duda, el de pegasista. Un adjetivo que aunque no esté escrito en diccionario alguno, sí que lo está en el corazón de personas que como el propio Ángel tienen el logo de Pegaso grabado en el corazón. Ésa, y no otra, fue la razón por la que se interesó por el Comet de la empresa Gabino Bobo, que languidecía día a día en el patio de la harinera. En mayo de 2009, casi cinco años después de que el camión se parara, Carbajo cedió el Pegaso a Ángel.

Pegaso CometEse día significó que aquella estrella que se eclipsara un día de octubre de 2004 volviera a brillar. Días después de la cesión, Ángel y sus dos hijos se presentaron con su Mercedes Actros para pasarle corriente para el arranque. Tras una primera revisión de filtros, aceites, agua, etc., los ánimos de la familia Macías se pusieron a tope cuando el motor volvió a arrancar, como se suele decir, “al cuarto de vuelta” después de tanto tiempo. Todos los curiosos que se arremolinaron alrededor no daban crédito a lo que oían, los 125 CV del Comet volvían de nuevo a la vida.

Tras salir de la fábrica, el camión se sometió a una profunda limpieza externa e interna, que rebeló lo que ya se suponía: había muchísima faena por delante. A la vez que también unas no menos enormes ganas de llevarla a cabo. Estableciendo prioridades, lo primero era cambiarle el buje averiado que lo había condenado. Por sus propios medios, el camión se desplazó hasta Talleres Carro, donde se le montó un buje en buen estado procedente de un desguace.

Tras esto se le quitaron los laterales de la carrocería en Talleres Coperblanc. Ángel y toda su familia se encargaron de chorrear con arena chasis y Pegaso Cometcarrocería para dejarlo listo para su pintado. Algo necesario cuando queremos hacer un trabajo a conciencia en lo referente a chapa. Los nuevos laterales y la puerta trasera se colocaron en los talleres de Julián Hermosa.

Mientras se desarrollaban todos estos trabajos también se hicieron otros relacionados con la parte mecánica, como la reparación del radiador o la sustitución de correas, filtros y manguitos, para acabar pintando el motor. El pintado de la cabina en carrocerías París y su tapizado en tapicerías Lalo pusieron el punto final a una exigente y bonita restauración que concluyó la víspera de la Nochebuena de 2009. Atrás quedaba el tiempo y el cariño que Ángel había puesto en que este camión tuviera un merecido y digno retiro, y de paso, engrosar así la nómina de camiones clásicos restaurados en España.

Tras varias décadas desde su salida de la cadena de la fábrica de Barajas, el Comet ya no lleva sacos de harina, ni grano, ni ninguna otra mercancía en su caja, como acostumbró durante tantos años. Su cometido actual no es otro que participar y lucir, por qué no decirlo, en reuniones y eventos del camión clásico. Enhorabuena a Ángel, Paloma, Antonio y Alberto por perseverar y llevar a buen puerto la restauración de un camión tan emblemático como éste.

 

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