El Pegaso 2011/50 de Ginés Hernández

El porqué puede obedecer a diferentes razones, aunque fundamentalmente suelen ser motivos sentimentales los que te impulsan a ello. El camión a preservar es memoria de tiempos vividos y se convierte así en un permanente homenaje a quienes les precedieron, cuya herencia profesional ha sido santo y seña en sus vidas.

Fueron, sin duda, los mejores maestros. Unos maestros que marcaron y forjaron su futuro y que han sido siempre su único norte.

PegasoGinés Hernández es uno de esos apasionados del camión clásico que, además, es profesional de la carretera. Es alguien que creció en incómodas cabinas y que supo del frío, calor, sueño y hasta hambre, por aquellas viejas carreteras de antaño.

Un hombre que tuvo la inmensa fortuna de tener a su lado a uno de esos maestros a los que antes aludí: Pedro Hernández, su padre. Pedro supo esculpir en su hijo esa experiencia necesaria en una profesión a la que Ginés estaba claramente predestinado.

Para comprobarlo, simplemente debemos preguntarle al propio Ginés cuál es su profesión. Sin titubear te responderá: “Chófer de los de antes”.

Esa es toda una declaración de principios, y aunque han pasado muchos años desde aquellos comienzos, afortunadamente tanto padre como hijo siguen teniéndose el uno al otro. Tras tantos años desde que se bajara del camión y cediera el testigo a su hijo, el maestro Pedro conserva esa imagen, totalmente atemporal, de persona sabia.

Con esos pequeños ojos suyos y con su eterno Farias en la comisura de los labios, sigue impartiendo su particular magisterio día a día.

Los comienzos en el mundo del camión para Ginés lo fueron acompañando a su padre en un Leyland Hippo, y posteriormente en un Pegaso 1063 convertido en “cuatro ejes”.

Más tarde, dio sus primeros tirones en un Pegaso 2080 que compró su padre de segunda mano. De ahí marchó al servicio militar en Pegasoplenos Pirineos, de donde volvió, además de con la ansiada cartilla de licenciamiento, con el carnet de conducir camiones.

Acabada la mili, el padre de Ginés vendió los Pegaso y compró un DAF 2600 seminuevo. Tras un breve período juntos, Pedro cedió el volante a su hijo, a mediados los años ochenta.

Con el DAF 2600 se cerró definitivamente su etapa como pegasista en activo, que no de corazón, de Ginés. Años más tarde vendría su salto como empresario y la consolidación de una pequeña flota de camiones propios, alternando frecuentemente conducción de camiones y dirección de la empresa.

Estas nuevas responsabilidades y ocupaciones hacían que cada vez tuviera que estar más pendiente del funcionamiento y la gestión, aunque sin renunciar ni a su sentimiento pegasista, ni a su cariño hacia los camiones clásicos en general. Con estos mimbres, estaba claro que era cuestión de tiempo que Ginés tuviera su propio clásico.

El primero que restauró fue un Leyland Beaver, camión conocido por toda la afición española, pues fue objeto de un amplio reportaje en nuestra revista allá por 2006.

Pero el tiempo trascurría y su deseo de tener ese Pegaso con cambio de bola, lejos de enfriarse, se acrecentaba cada vez más. Así fue como un buen día, no una, sino dos tractoras Pegaso 2011/50 se cargaban en sendas plataformas, camino de Murcia, tras laboriosas gestiones por parte de Ginés.

PegasoCorría el año 2007, pero en principio no había prisa alguna por llevar a cabo la restauración de ambos camiones. Lo cierto es que uno de ellos tenía el motor abierto y su estado general era bastante malo.

El otro Pegaso tenía como deficiencia más importante el hecho de tener comunicada una camisa del motor, aunque era, con diferencia, el camión que reunía mayores argumentos favorables para ser restaurado en primer lugar, así que resultó el elegido.

Esa avería se reparó y meses más tarde, aún sin restaurar, las dos tractoras participaron en la cuarta reunión de amigos de la web www.camionesclasicos.com celebrada en Pozo estrecho (Cartagena), allá por octubre de 2008. Uno, evidentemente, participó de forma estática, pero el otro estuvo muy activo, pues fue conducido por muchos de los aficionados que allí se reunieron, y que disfrutaron de lo lindo con su cambio de bola.

Una vez Ginés tuvo claro los planes a seguir, el camión se trasladó hasta la vecina localidad de Fuente PegasoÁlamo, y más concretamente a los talleres Cachito. Allí se ha restaurado algún otro camión que también hemos visto en nuestra sección.

En el taller, y tras un minucioso examen del estado real de la chapa, se optó por chorrearlo con arena. Antes de comenzar, se desmontó todo el interior de la cabina, incluidas las lunas, volante, salpicadero, etc.

Está claro que la mejor forma de abordar una restauración a conciencia es comenzando con el chorreo integral, aunque lo violento del tratamiento puede generar daños adicionales a las partes más débiles de chapa, además de acrecentar los que ya tuviera con anterioridad.

Tras finalizar con tiento el chorreo de chasis y cabina, quedaron visibles las partes que precisaban reemplazo de chapa. Lo peor era el suelo y los laterales bajos de la cabina, que precisaron de bastante faena de soldadura. Una vez reparado de chapa, se imprimó todo el conjunto, quedando listo para pintar y montar de nuevo el interior.

A partir de este momento, la restauración entró en un cierto letargo, sin que avanzara de forma significativa. En ningún momento, eso sí, se perdió tiempo alguno, y Ginés seguía haciendo acopio de muchos de los accesorios externos que posteriormente luciría el camión.

Hay que recordar que en los años 60-70 lo habitual era dotar a las cabinas de los camiones de muchos adornos, tanto exteriores como interiores. No en vano, eran los lugares donde pasaban más de media vida sus conductores, y justo era que quien fuera subido en ellos estuviera cómodo y a gusto. Se dotaba a los camiones de señas de identidad propias que facilitaban su identificación en la lejanía. Eran cosas de la época.Pegaso

Finalizada la fase de chapa y pintura, tocaba repasar mecánica, frenos y ruedas, así como sustituir toda la instalación eléctrica. Este trabajo se hizo en los talleres Permauto.

En este punto, prácticamente estaba todo casi terminado, aunque aún quedaba por rematar algún detalle externo y tapizar el interior de la cabina. Todos esos ajustes se realizaron en las instalaciones de Dionisio Ureña, que fue quien se encargó de la restauración del Ford “María de la O”, también de Ginés, que también desfiló ya por nuestro querido “Rincón”.

Si por fuera hay que emplearse a fondo para una restauración acorde, el interior no exige menos. Así, en lo referente al tapizado y acabado del interior de la cabina, podemos asegurar que pocos talleres en España se aventuran a ello, y de esta labor se encargó talleres TAHEZA, que realizó un trabajo impecable.

Está claro que la restauración de un vehículo clásico, de forma fidedigna al 100 %, es una labor muy complicada y que, por qué no decirlo, exige un importante desembolso económico. Pero no siempre es cuestión de dinero lo que puede dificultarlo, sino también la inexistencia de recambios o piezas originales.

Muchos de aquellos profesionales que en su día se encargaban de carrozados, rotulación, etc., con el paso del tiempo, sencillamente, han desaparecido. Por ello hay que darle el valor y reconocimiento que se merecen a todos aquellos que materializan una afición que, afortunadamente, crece en España a pasos agigantados. Esto último, y no otra cosa, es el objetivo de nuestro rincón del restaurador.

PegasoEl Pegaso de Ginés, justo es reconocerlo, ha quedado muy bien. Además de por lo puramente estético, también se trata de un modelo tremendamente popular en su época, y que estuvo tanto en grandes empresas como con autónomos.

Muy probablemente tuvo un papel fundamental para que en España, tradicionalmente poco dada hasta entonces a los conjuntos articulados, se empezaran a valorar la importancia de las tractoras, así como a vislumbrar su interesante futuro.

Con su motor turboalimentado de 260 CV, el Pegaso 2011/50 fue el rey del TIR español a finales de los sesenta y comienzo de los setenta. Un rey de la ruta que, lógicamente, acabó destronado, pero nunca olvidado, pues son varias las tractoras conservadas de este modelo en España.

Ginés se ha encargado de que su Pegaso rezume nostalgia por los cuatro costados, tanto por la multitud de detalles originales que lo adornan como por la maestría de este hombre en su conducción, y es que detrás de esta restauración hay mucho sentimiento y, por encima de todo, mucho corazón. Éste es el secreto. Enhorabuena, maestro.

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Comments

  • MIGUEL ANGEL BAILEN DUASO 15 marzo, 2016 at 10:11

    Es igual que era,perfecto,eso es lo que más mérito tiene.Solo me faltaria verlo en realidad,

    Saludos!!
    Macius.
    Barcelona.

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