El MAN TGA 530 de Román, erotismo y fantasía

Su abuelo ya puso a los De Diego en lo alto de la profesión, con cuatro camiones Pegaso que a Román y su hermano Iván les traían por la calle de la dulzura. No obstante, su padre, también profesional del transporte, hizo lo que pudo para que sus hijos no heredaran este oficio familiar… por aquello de tener una carrera y todas esas cosas tan padrunas.

Para ello, no se le ocMAN TGAurrió otra cosa al hombre que “castigar” a sus hijos a trabajar con él en el camión cuando no estudiaban o traían malas notas. ¡Vamos! Un castigo en toda regla, de esos que suponemos que al pequeño Román hacía que tuviera que morderse los mofletes para que no se le escapara la risa. Que quería ser camionero de mayor era un deseo ya irrefrenable.

En la Confitería Santos, una de las más sonadas de Torrelavega, Román trabajó unos años de pastelero, a la espera de tener edad para sacarse unos permisos, que en cuanto tuvo en la mano, le auparon a un camión.

Hoy, junto con su hermano Iván, conforman la empresa Román de Diego, con sendos MAN de similar decoración, tocada por la sensualidad virtual de unos dibujos extraídos del archivo artístico del internacional Luis Royo; decorador, delineante y pintor con un alucinante universo personal.

Acostumbrado a ilustrar muchas páginas de cómic, carátulas, juegos de rol e incluso cartas del tarot, las estampas de este genio encontraron posada de generosas dimensiones en los metros cuadrados de un MAN con el que Román surca cada semana los Ródano-Alpes, región francesa que linda con Suiza e Italia.

MAN TGAEl sistema de trabajo de Rotulaciones Palacios facilitó mucho todo el proceso, pues a través del ordenador nuestro protagonista iba eligiendo entre todo el despliegue decorativo desarrollado sobre diferentes bocetos. Este sistema de trabajo facilitó que el vehículo solo tuviera que estar parado una semana.

En carrocerías Villfer se preparó la chapa en los días previos a la decoración y se pulió y barnizó en los posteriores. Un cosmos de guerreras modernas, con vistosos tatuajes y un puente infinito hacia la imaginación se instalaron en la carrocería de este MAN.

Raquel, esposa de Román, puso en principio el veto en algunas imágenes más subiditas de tono; mientras que Román eligió precisamente a una de “sus guerreras” por su parecido físico con su mujer.

Muy acostumbrado a rodar por Francia, donde suele subir a la citada zona alpina con bicarbonato para una farmacia, y bajar con material para un bazar del sur de este país, Román observa diferencias notables entre el transporte que se desarrolla a uno y otro lado de la frontera.

“Por resumirlo rápido –afirma Román–, yo diría que en Francia es todo más formal. Si te dicen que estés ahí a las 3, porque se descarga a las 3, así se hace.

En España es muy fácil que te digan una hora y luego te hagan esperar lo que les dé la MAN TGAgana. Todo es diferente: horarios, condiciones de trabajo… allí hasta en la mayoría de las empresas a las que vas a descargar tienen duchas dispuestas por si quieres utilizarlas.

En España, te pueden negar la ducha hasta en un área de servicio. También –concluye Román– he observado con el tiempo que en Francia le hacen más fotos a mi camión que en España, y me refiero a gente que incluso nada tiene que ver con la profesión”.

Román solo ha estado en el Truck Show de Torrelavega, donde, ahí sí, se sintió querido por grandes y pequeños. Espera repetir, pues además de prodigarse a gusto, le queda bien cerca de su casa en la cántabra Casar de Periedo. Una de sus ilusiones, no obstante, es acudir con su aguerrida decoración a Nogaro, si ello no le repercute en los permisos para circular por Francia el resto de la semana.

El nombre de sus hijos, Eilal y Unai, decoran los costados de este MAN TGA, que y va por los 1.300.000 kilómetros. “Mi hijo Unai tiene 7 años y está cegado con los camiones, como yo cuando era pequeño. Eilal –prosigue sonriente– tiene tres más, y tira más por las tecnologías digitales que por las motrices. A ver si el año que viene voy a Nogaro con toda la familia”.

Mientras tanto, a Román ya empieza a ponerle ojitos otro camión nuevo en el concesionario MAN de Torrelavega, donde acude desde que allí compraba antaño sus primeros Pegaso de segunda mano. “Ya veremos –concluye, con gesto enigmático–. Igual repongo el motor de este, con el que estoy contentísimo; o me vengo arriba y compro uno nuevo”. Su ruta fija por Francia es de las que animan; y no sabemos si el apodo por el que se le conoce, Aventurero, también influirá lo suyo.

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