El Leyland Comet de Antonio Pintor

Algunos años antes de que los súbditos de su graciosa majestad desembarcaran en el Levante Español a golpe de toalla y chancla, Gran Bretaña había llevado a cabo una conquista igualmente importante. Al menos, comercialmente. Tras la Segunda Guerra Mundial, en Londres se devanaban los sesos buscando una solución para revitalizar la exportaciones, incluidas las de vehículos industriales.

Una de las medidas fue racionar las ventas de camiones en tierra inglesa y destinar la mayor parte de la producción al mercado foráneo. A partir de 1950, los camiones ingleses empiezan a llegar a la Península en busca de su trozo del paste. Un pastel que, finalmente, se llevaría Leyland casi en solitario de la mano de dos modelos célebres en nuestraLeyland Comet historia del transporte: el Leyland Hippo y el mítico Leyland Comet.

Antonio Pintor (Albuñol, Granada. 1932) vivió de lleno esa época en la que Leyland era sinónimo de “el camión inglés”. Empezó a conducir un Diamond T con 16 años, en rutas hasta Granada y Almería, cargado de carbón, corcho y estraperlo. Años más tarde compartió camión con un socio y, cuando el negocio no dio más de sí, Antonio decidió que era el momento de dar el salto en solitario, con vehículo propio.

Y así fue como llegó a su casa este Leyland 90. En realidad, así fue como llegó por primera vez, porque décadas más tarde, cuando Antonio ya le había perdido la pista, el vehículo volvió a sus manos. Un poco más oxidado, con más arrugas, pero el mismo. La de Antonio y su Comet inglés es, sin duda, una de esas historia que ocurren muy de vez en cuando. Gambeteos del destino que nos arrancan una sonrisa.

Antonio sigue acudiendo a diario a su agencia de transporte de Adra, donde sus hijos han tomado el relevo. Él mata el tiempo como le dejan, haciendo algún que otro papeleo. Pero sobre todo acercándose a ver a sus amigos José Reyes y Antonio Sánchez, otros dos apasionados de Leyalnd Cometlos vehículos clásicos. “Yo me compré este modelo, un Comet 90 CV, porque en aquella época (1963) éste era el camión más guapo que había en el mercado, o eso pensábamos”, explica nuestro protagonista.

Antonio estuvo ahorrando 150.000 pesetas durante cuatro años para poder hacer el primer pago, y el resto lo fue pagando con letras hasta que llegó el momento de cambiar de nuevo. “Estuve con él alrededor de 4 años, viajando a Madrid y Barcelona con pescado fresco, habichuelas, tomate, lo que hubiera. Y luego me pasé al Pegaso Comet. Si te soy sincero –explica–, ojalá lo hubiera dejado en un pedestal para conservarlo, pero en aquella época los camiones se cambiaban unos por otros. Nadie conservaba nada”.

La vida siguió. Antonio montó su agencia, a los 40 años empezó paulatinamente a cambiar la carretera por el despacho y el recuerdo de aquel primer Leyland se fue difuminando en el olvido. Hasta que volvió a aparecer. No fue fruto de la casualidad, o al menos eso asegura nuestro entrevistado, quien dedicó parte de su tiempo a intentar encontrar pistas sobre el paradero del Leyland. Finalmente dio con él en un desguace de Murcia, al que había llegado “vete a saber cuándo”. Pese al deterioro, el vehículo no estaba muy mal, aunque necesitaba trabajo.

Leyalnd CometEl grueso de la faena de restauración se centró en la carrocería, que tuvo que hacerse nueva, así como el hueco de la cama, que se cerró, y el tapizado interior. El resto, horas y horas de trabajo para recuperar el aspecto de los elementos originales y un baño final en rojo bermellón, como cuando salió de fábrica.

La búsqueda de la máxima fidelidad al camión original fue casi una obsesión para el propietario, que no entiende la restauración de otra manera: “El chasis es el original y no lleva elementos más modernos”, asegura Antonio, quien reconoce que no le gustan las añadiduras. “Aquí no hay trampas. El chasis de fábrica no lleva tornillos, sino remaches. La gente que entiende es lo primero en lo que se fija. Si tiene o no remaches. Hay quien le mete un eje de Pegaso Comet o un diferencial, que implican un compresor nuevo y una instalación nueva… yo creo que ya no es lo mismo”.

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