El Land Rover 1300 de José Luis Suárez

“Lle un viaxe de ganado con xatos y ovellas”. Un xato, para el que no esté familiarizado con la exquisita musicalidad del bable que se habla en Asturias, es un ternero. El resto, latinos somos, no necesita traducción. Así, con este buen humor, y un refrigerio que nos saca su mujer, Josefina, comenzamos de la mejor manera nuestra entrevista.

Hasta la casa de este hombre de 65 juveniles años, ubicada en el concejo de Lena, nos acercamos para pasar una agradable jornada, al calor de su familia y a la sombrita, muy de agradecer en pleno julio, de un taller en el que José Luis ha pasado y pasa horas… siglos, restaurando su joya.

Este Land Rover es la materialización más pura de su entusiasmo por un oficio en el que ejerció durante varias décadas, ya fuera cargando ganado con él o transportando madera o piedra en una carroceta.

De dicha carroceta, con la que trabajó 30 inolvidables años, y a la que por supuesto perdona el que un día le cayera encima acabando casi con él, tendremos noticia en algún capítulo futuro de nuestra querida sección “Rutas de la memoria”; pero lo que hoy nos trajo hasta esta cuenca asturiana es conocer los entresijos de un vehículo que ya nos había cautivado en algunas de las concentraciones de clásicos más identificables de nuestro país.

Hay que viajar hasta 1968 para dar con los inicios de este vehículo, que Celso, el hermano de José Luis, trajo para ejercer como taxi. Un accidente tres años después lo dejó algo descompuesto, así que en su reparación se aprovechó para prepararlo como Land Rover 1300camión de transporte de hierba, ganado y servicio público, pues en ese tiempo no había vehículos de similares características en esta zona.

La antes citada Josefina también llevó muchas veces este Land Rover para repartir vino o distribuir material en distintos almacenes, pero la llegada a la casa de los Suárez de una carroceta todoterreno hizo que el protagonismo de este Land Rover de 97 CV, que en sus mejores tiempos trabajaba a lo que daba, fuera yendo lógicamente a menos. “Llegué a hacer rutas de más de 20 horas con él, hasta con muebles para Portugal. Siempre llevaba encima tubos, filtros y toda clase de herramientas –recuerda José Luis–, para poder arreglar cualquier contratiempo que surgiera en el camino”.

Este Land Rover ha catado mucha nieve y calzado muchas cadenas. Su reductora es corta y le hace capaz de subir por una pared, pero hoy las cosas han cambiado mucho para este vehículo, que prácticamente sólo sale de casa para lucir su figura y despertar admiración a cada paso. No obstante, José Luis renuncia a la ventaja de matricularlo como vehículo histórico, lo que supondría el no tener que pasar revisión más que de 4 en 4 años, por el simple hecho de que siendo así le estaría absolutamente prohibido cargar nada.

ITV cada seis meses

Nuestro protagonista no quiere renunciar a hacer alguna de esas chapucillas que a uno le siguen manteniendo unido “umbilicalmente” al Land Rover 1300transporte, y por ello pasa por inspección cada medio año con todo el gusto. Allí los operarios de la ITV deben ser los primeros en admirar la obra de un hombre que a las 10 de la mañana se mete en su taller, sale de él para comer a las 14.30 y vuelve después hasta que cae la noche. Siempre hay faena para hermosear este y otros vehículos clásicos que José Luis alberga en su almacén.

Los frenos de zapata de este Land Rover son de lo poco que suele dar algún problemilla, pero la cola de escape pasa con holgura las condiciones de la ITV por estar atornillada y no soldada. La inspiración está siempre detrás de cada decoración de este vehículo, al igual que el buen criterio de su sobrino Juan Carlos, que trabaja en la restauración codo con codo junto a su tío. “No hay secretos para el mantenimiento de este vehículo, no siendo una avería a fondo del motor. A ver si algún día me animo a ponerle un turbo –afirma sonriendo y guiñando un ojo a la vez–, para así poder pasar de los 80 por hora.

Land Rover 1300Gijón, Torrelavega, Luarca o Cangas de Narcea son algunos de los lugares donde José Luis acude a reverdecer su sentimentalismo camionero a ritmo de concentración gremial. “Yo soy más de ir a la playa –nos dice la buena de Josefina–, pero con este hombre no hay manera, chico, así que al final yo también voy a esas reuniones, y reconozco que luego también lo acabo pasando bien”.

Tarde ya para cambiarlo, Josefina. Quizá alguna tímida restauración se le puede hacer a José Luis en sus costumbres, pero cuando salimos a dar una vuelta con el Land Rover por las inmediaciones del pueblo y en un momento dado un coche desconocido para literalmente su marcha para que el conductor le saque una foto con el móvil, vemos al hombre que hoy protagoniza nuestro reportaje radiante y dichoso.

Nos pasamos media vida, y parte de la otra media, buscando una felicidad intangible, pero personas como José Luis nos ponen en la certeza de que ésta sólo se esconde en las cosas más sencillas. Su felicidad, mira por dónde, no sólo es sencilla, sino que incluso se puede conducir.

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