El Kenworth de los Alberto Pérez, en un palpitar

Si su Kenworth asoma el morro por alguna concentración, no dude el lector de que se encuentra en el lugar correcto. Puede ser Nogaro, Tomelloso, Ponferrada, Valencia, Chipiona, Pola de Siero, Jarama, Alcañiz, Cheste, Iniesta, un Solo Camión Festival o una concentración de americanos. “Con el paso del tiempo –nos comenta el padre–, lo que finalmente resulta importante es la troupe con la que te juntas, compuesta por los Rafa, Rovira, Cortijo, Toni, Juan, Antoñico Marfil, Harry y muchos más; aunque ahora Kenworth Pérezmismo me siento desolado por el fallecimiento de Rogelio Cerezales. Era muy buena gente, superclase, y con nosotros en Ponferrada se portó de escándalo”.

Alberto Pérez, el nacido en Beniparrel (Valencia) hace 51 años, es un alma generosa y entusiasta, que rueda en la vida sobre dos raíles, y siempre guiado por una locomotora.

La locomotora es su mujer, Pepi, que trabaja como nadie con las dosis calor-frío necesarias para mantener en el nivel óptimo la caldera camionera familiar.

En cuanto a los dos raíles que guían la vida de nuestro hombre, estos son su padre, Alberto, ya fallecido, que le enseñó todo lo que sabe del mundo de los camiones, contagiándole su debilidad por los mismos (“Con 13 años ya manejaba un Pegaso 1060 palanquero, que tenía un volante más grande que yo”); y su hijo, también llamado, como era de imaginar, Alberto, que pone el arrebato necesario en cada uno de los pasos que los Pérez acometen como familia.

Kenworth PérezAlberto Pérez tiró por otro ramal del noble arte de conducir vehículos, que es el del transporte de viajeros, sector en el que lleva ya 26 años, de la mano de Surbus, empresa encargada del transporte público en la capital de Almería. “En el trato diario con la gente convive lo mejor y lo peor de mi oficio. Hay gente muy agradable, pero también un tipo de público cada vez más exigente y difícil. Pero lo que sí valoro de mi labor –concluye Alberto– es que tengo horarios fijos y que las noches las echo en casa”.

Chispa e ingenio

Se puede estar sin estar, como lo está el eterno abuelo Alberto, sabio camionero fundador, cuyo Pegaso decora la trasera del Kenworth; y también se puede ser sin ser, como es el caso de nuestro joven protagonista. El pequeño de los Alberto no es camionero. Es más, ahora cursa 1º de bachillerato Kenworth Pérezy tiene por meta adentrarse en el mundo del diseño y la ingeniería automotriz; pero en sus esencias y sensibilidades hay sedimentos de camionería pura.

A él, cómo no, debemos la gracia de poder admirar este Kenworth en toda su gloria. Tiempo ha, Alberto se encontraba en la cabalgata de San Marcos de El Ejido y quedó fascinado por la presencia de este truck. El sueño de tener un americano era uno de esos debates domésticos en la casa de los Pérez, donde en unas ocasiones ganaba la cabeza y en otras el corazón. Este último (¡como debe ser!) se llevó el asalto final.

“Nuestro amigo Harry –recuerda Alberto padre– nos convenció de que no hay sueños imposibles, sino retos alcanzables, así que nos proporcionó el teléfono del antiguo dueño del Ken. A través del mismo, contactamos con Tolmis, el dueño actual, y este accedió a valorar un cambio de su modelo por nuestro Kenworth PérezVolvo VNL 650, que en casa teníamos desde hace tiempo. Fuimos a Córdoba, y entre función y función del circo Alaska, en cuya caravana Tolmis trabajaba, llegamos a un acuerdo provechoso para todos. “A él –concluye– le cuadraban las medidas y operatividad de nuestro Volvo para su trabajo, y para nosotros se veía cumplido nuestro sueño “made in USA”, tanto tiempo perseguido”.

“I live my dream” es la leyenda que corona este truck americano en el que padre e hijo han dejado muchísimas horas, un arreglo aquí, un bosquejo allá; hasta dejarlo mecánica y estéticamente a su gusto.

No obstante, la meta en cualquier sueño nunca es el final en sí mismo, sino el camino que uno va transitando, y en este caso es el pequeño de la familia el que no deja de elucubrar nuevas ilusiones que incorporar a su vehículo. Precisamente con él auscultamos el interior del Kenworth protagonista, Kenworth Pérezimpecable en cuanto a sus remates, labor para la que tienen en el tapicero Jesús, amigo de la familia, un aliado firme y leal.

Al margen de su concurso en múltiples concentraciones, el Ken es solicitado para eventos de distinta índole, con los que de alguna manera se contribuye a enjugar la balanza de gastos. “Son muchas y muy distintas las experiencias vividas –recuerdan–, pero la que siempre quedará en nuestra memoria es aquella en la que nos contrató una empresa inglesa de apuestas online para un anuncio en Sierra Alhamilla (Almería)”.

Es difícil para alguien con una cámara de fotos en la mano, y ante este fenómeno rodante, saber poner el punto y final. Cuando piensas que no vas a tirar más fotos, te aparece la visera, el paragolpes, el cuadro, la trasera, los embellecedores… es mejor dejarse vencer y que la máquina sea camelada sin horarios ni contemplaciones. Su color es lo primero que seduce a la vista, un color en el que mucho Kenworth Péreztuvo que ver el criterio de la madre y abuela de nuestros dos Albertos, en delicado estado actualmente, y a la que dedicamos con respeto y cariño este reportaje.

El adolescente Alberto está acostumbrado desde muy pequeño a que muchos… niños como él era y mayores como él será, le pidan permiso para fotografiar su camión o subirse al mismo. Pero ello no ha hecho que jamás pierda ni una pizca de su humildad. Para todo el que requiera de una explicación, ahí está él.

Cuando le preguntamos por los anhelos que su mente alberga en un futuro no nos habla de un gran coche o una gran casa para sí. De hecho, no daríamos con mejor final para este reportaje que la literalidad de las palabras de nuestro querido joven almeriense: “Me encantaría disponer de nave propia para guardar este Kenworth, pues ahora lo tenemos en la de nuestro amigo Jesús; y conservar también ahí un Pegaso como el que tenía mi abuelo”.

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