El blues del Bierzo Bus

Puede que más de uno se pregunte qué hace aquí, en esta web, un autobús infiltrado en una página de camiones. Simplemente porque se trata de un trozo de nuestra historia del transporte, de una parcela de aquella Pegaso oligárquica, propiedad del INI, el Instituto Nacional de Industria. Pero también porque Rogelio Cerezales es un militante pegasista, de raza, de esos que depuran el caballo alado por los poros de su piel cuando el recalcitrante sol del circuito de Bierzo Bus, PegasoNavarra amenaza con fundir el asfalto y hasta los guijarros de las pistas interiores, las de servicio.

Nuestro invitado, o mejor dicho, nuestro anfitrión es uno de esos tipos de bandera que se merece cualquier reconocimiento público, si su modestia se lo permite. Charlando con él, uno se va a dar cuenta muy pronto de que la palabra “no” está fuera de uso en su vocabulario habitual.

No faltan más que diez minutos para que los decorados, clásicos y americanos, salgan a rodar por el circuito navarrés. “¿Rogelio, tienes un par de plazas para el desfile…?”. “¡Venga, arriba; ya estáis tardando!”. Él se acomoda al volante, su hermano instala una cámara GoPro en un soporte, por la parte interior del parabrisas, para tomar imágenes de la movida, y un servidor se dedica a olismear por el interior del Bierzo Bus, viendo la transformación a que fue sometido por las manos meticulosas de nuestro hombre y su infinita imaginación.

Nos cuenta Rogelio que su pieza formaba parte de un pedido de varias unidades que desde Oriente Medio se había realizado a Pegaso para crear unas líneas de transporte público. Por lo visto, los compradores anduvieron un tanto reacios en algún tema financiero, respecto a determinados avales, y la fábrica congeló las entregas y se quedó con seis u ocho unidades.

293_clasicos-bus-06La de Rogelio fue una de ellas. Los autobuses que quedaron en Barajas estaban todavía en fase de construcción, y lo que se hizo en la planta fue darle un giro en sus aplicaciones. Estos vehículos se transformaron finalmente en autobuses sanitarios y bancos de sangre móviles, como el caso del Bierzo Bus.

“Andaba yo buscando un autobús de estas características –cuenta Rogelio– y un día me topé con él en una campa. Éste tiene que ser el mío”, se dijo para sus adentros. Dicho y hecho, negoció y se hizo con él. “El vehículo –apostilla– Cerezales estaba muy bien conservado. El motor no tenía más que 60 mil kilómetros, puesto que estos buses andaban de pueblo en pueblo por todas las comarcas leonesas, pero una vez en la localidad, igual estaban diez o quince días varados, atendiendo a los donantes de sangre”.

Se hizo con él y, como podéis ver en las imágenes, dio rienda suelta a la imaginación convirtiendo el veterano autobús en un auténtico altar para los feligreses de Bierzo Bus, PegasoPegaso y del camión en general. Nadie hay, ningún miembro existe del Club Nacional Pegaso que no haya visitado esa especie de museo rodante de la marca. Mientras él está al volante, nosotros empezamos nuestra visita particular sin guía: “Pasad, pasad, estáis en casa”.

Una amplia sala de estar nos recibe equipada con unos confortables y acogedores sillones del tipo que equipan las autocaravanas. Sobre la ventana derecha, según el sentido de la marcha, hay una litera plegable a la que se accede mediante una escalera arqueada de aluminio, de la que no citaremos la marca de origen. Enfrente, un detallado mueble estantería que guarda maquetas, distintivos y placas conmemorativas. También el equipo de televisión, audio… etcétera. Sobre éste, un tablier de la marca al que Rogelio quiere dar vida conectando alguno de los equipos que lleva el bus a los mandos del antiguo camión.

La parte t293_clasicos-bus-02rasera la ocupa una ducha y una cocina realizada en acero inoxidable. Sobre ésta descubrimos enmarcada una carta que nuestro invitado nos envió allá por el año 1994 a la sección de “Cartas en Ruta”: “Sorprendido por la nieve”, se titula y las mismas fotos que nos hizo llegar forman parte hoy de la colección del veterano autobús, todo un archivo fotográfico que guarda y mima con esmero. A todo esto, Rogelio está a punto de arrancar para enfilar las curvas del circuito.

Todavía llega una madre exhausta con un niño de la mano, como si perdiese el autocar que ha de llevarlo a la escuela: “Por favor, ¿puede subir el chiquillo con ustedes a dar una vuelta?”. Rogelio se gira y hace un gesto con esa bonhomía que lo caracteriza para que suba. Una vez arriba, le indica al chiquillo que se siente en el salón principal, donde un cuenco repleto de caramelos que parece hecho a posta preside la mesa.

Luego masculla en voz baja y para sus adentros: “¿Cómo se va a quedar un zagal fuera?”. Así es este berciano que lo que más desea en estos instantes es que su nieto de tres años cumpla un par más para podérselo traer a las concentraciones. “… Igual el año que viene ya lo traigo a alguna…”, sostiene el hombre que sigue escribiendo el blues del Bierzo Bus, cambiando las notas y las estrofas a su antojo.

Arículos relacionados

Únete a los comentarios

Pin It on Pinterest

Shares
Share This
Apúntate al newsletter

Apúntate al newsletter

Recibe cada semana nuestras noticias.

¡Gracias por suscribirte!