El Avia 2500 de Mariano López

La juventud de Mariano López es divino tesoro y grado al mismo tiempo. A sus 21 años, esa edad en la que tantos chavales se dejan la vista en las micropantallas y el oído en las macrodiscotecas, este palentino de fértiles rutinas prefiere la luz del campo y la calma serena del taller. Hablando con él, nunca tienes la sensación de estarlo haciendo con quien hasta hace bien poco era un crío. Pero su madurez no es sólo de palabra, ¡ojo!, también lo es de obra.

De hecho, costó mucho eAvia 2500ncontrar un día, y eso que estábamos en el mes de agosto, para poder quedar tranquilamente con Manín y su Avia, pues las labores del campo castellano en pleno agosto le tenían ocupado todos los días. En verano es tiempo de cosechar el cereal y trabajar con las balas y fardos de paja. “Hacia las 8 de la mañana empieza una de mis jornadas estivales. Echo gasoil al tractor, soplo los radiadores y me pongo en marcha, ya sea arando, empacando, regando la alfalfa o lo que vaya saliendo”.

Así de cabal se muestra a las primeras de cambio un muchacho que con 21 años recién cumplidos estudia un grado superior en automoción, en el que va por su segundo curso. Como él mismo nos cuenta, se está especializando en motores, sistemas eléctricos, carrocería, pintura, transmisiones y frenados. “Pero en cuanto acabe este módulo, no me cabe duda de que me montaré en el camión.

Ya sé que el transporte está jodido –afirma sin morderse la lengua–, pero algún día tendrá que volver a ponerse bien. Ahora que ya tengo mi carnet de camión en el bolsillo, aún tengo más ganas que antes”. Así de nítidas traslucen las palabras del que dice tener constancia de ver revistas y pegatinas de Solo Camión y Mundo Camión en el camión de su padre Carlos desde que gateaba y daba sus primeros pasos por la casa y el taller.

Al final nos emplazamos en ese día de la semana en el que los curas más contumaces de la lejana época en la que nació nuestro Avia eran capaces de ir a buscar al labrador hasta su propia finca para reñirle por no estar en misa. Así fue como nos presentamos en esa preciosa localidad de Fuentes de Avia 2500Nava, en la comarca palentina de Tierra de Campos, y aunque no fuéramos precisamente a misa, sí que había ganas de cumplir con una ceremonia esperada, como era la de rendir culto a ese bocado de historia en forma de Avia 2500.

Aquel modelo que viera la luz al tiempo que se estrenaba una década de los 60 en la que las primeras hojas del calendario del transporte en España se iban arrancando en compañía de los sempiternos Pegaso, Ebro y Barreiros. Suena el motor, y la cadencia del freno y el embrague se va acompasando. Al parecer, se había soltado el muelle de una horquilla, y por ello el punto muerto era difícil de encontrar. “Como a todo vehículo antiguo –afirma con sosegada autoridad–, a este Avia hay que cogerle el aire, pero conforme van entrando las velocidades, la conducción es pura armonía”.

Avia 2500Mariano López compró este Avia en Becerril de Campos, a poca distancia de su pueblo, al precio de 300 euros. Por otro tanto saldó lo concerniente a rodaje y seguros, y a partir de ahí empezó para él una concienzuda labor de recuperación de esta pieza de museo: cabina, chasis, ruedas, chapa, motor, etc. En muchas de esas tareas le ayudaron su primo Pablo y buenos amigos como Roberto o Ramón.

No obstante, la mayor parte del trabajo Manín se la ha comido solito, porque considera que ése es su momento de reflexión, de desconecte y de, por llamarlo de alguna manera, introspección camionera. Su madre Azucena es la que toma la palabra en este punto de la entrevista. Se encierra en el taller y le ves absorto en sus tareas de ir reponiendo el camión.

Su padre está claro que al ser camionero ha influido siempre positivamente en él, pero a la hora de la verdad ves cómo desde hace tiempo él ha desarrollado su propia personalidad. A mí –ríe Azucena– me dan mucho la vara y me vuelven loca entre los dos, siempre liados con sus reuniones y tertulias camioneras, pero es evidente que gozan, y eso al final es lo que cuenta”.

Así es como en Palencia, o al menos en esta zona de Castilla, se define a lo que en líneas generales se conoce como arreglar algo o, más castizamente, chapucear. “El camión estaba matriculado, así que lo que hice fue ir rehabilitándolo, ya que lógicamente estaba dado de baja. Siempre he respetado Avia 2500su configuración de serie, a excepción de las manillas de las puerta, que las puse de un Pegaso, porque las del Avia son malas y ya en su época se acostumbraban a cambiar.

En soldaduras y alguna otra cosa específica pedí ayuda, pero por lo general me gusta “ozar” solo. No tengo ningún título de mecánica, y me considero aficionado en la materia, pero de momento no ha habido nada que haya desmontado y luego no funcione, ni he tenido nunca ningún problema para pasar cada seis meses la ITV. Para mí –concluye Manín–, el tener un vehículo antiguo es conservar un pedazo de historia. Pero aunque me apasionen estos trastos, con los nuevos, como el MAN de mi padre, también me sé manejar a la perfección”.

Con esa madurez impropia de la edad de este estudiante, labrador, restaurador y muy próximo transportista, las palabras que han ido colmando la mañana dan paso a un ritual que un domingo al mediodía difícilmente se perdona en cualquier parte de España: el vermut. De la cocina del Bar Petiso va saliendo el jamoncito, las aceitunas y los calamares. Si los clásicos de la carretera en España hay que respetarlos, los de la mesa en Fuentes de Nava no merecen menos aprecio. Tras la sobremesa, el Avia nos retorna a casa con la misma naturalidad con la que desde hace unas horas nos devolvió a la historia: a nuestra historia.

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