Ebro D65 de José Manuel Prieto, el deseo cumplido

Difícilmente lo veréis sentado en el sofá, mirando la tele y sin hacer nada. José Manuel Prieto (Penagos, 1970) es un tipo inquieto, incapaz de abandonarse a la vida contemplativa. Porque lo suyo es construir, restaurar, mancharse las manos de grasa.

Los bajos de su casa son un museo de la automoción: bajo un sinfín de lonas se esconden vehículos de todo tipo. Motos, coches, camiones. El hobby de la restauración comenzó hace años con un Citroën dos caballos, al que siguieron un Simca Aronde y un Mercedes-Benz 280. Hace cuatro años, nuestro protagonista decidió enfrentarse a una aventura restauradora un peldaño más compleja: recuperar un camión.Ebro D65

El elegido estaba claro. José Manuel ha vivido rodeado de camiones toda su vida, y en su memoria brillaba con luz propia un viejo Ebro de su tío. La casualidad quiso que un modelo similar se cruzara en su camino. “La primera vez que lo vi fue en Igollo, el pueblo donde vivía por aquel entonces”, explica nuestro protagonista. “Estaba al lado de mi casa, parado, y me decidí a hacerme con él antes de que se pudriera”.

El Ebro volvió a moverse y José Manuel tuvo que esperar unos años a que sus destinos volvieran a cruzarse. “Fue en 2009 cuando el vehículo se paró definitivamente y viajó rumbo al desguace. El propietario estaba un poco reacio a vendérmelo, pero gracias a la mediación de mi cuñado Carlos -amigo personal del dueño del Ebro- conseguí finalmente que no acabara despiezado”.

Empezó así un proceso de recuperación largo y sacrificado. Un camino recorrido en horas libres durante los fines de semana, con la única ayuda de su amigo Sergio Alejano y del electricista Pedrito Velarde.

En cuanto José Manuel empezó a hurgar con el destornillador, se dio cuenta de que el estado de la cabina era peor de lo que se veía a simple vista. Había que buscar otro modelo similar para, entre los dos, reconstruir una única cabina. “Lo encontré en un desguace y nos llevamos la cabina a casa. Se trataba de hacer un puzzle entre los dos. Aprovechamos las aletas y los estribos de la primera cabina y el resto, de la segunda. Las puertas son, también, una de cada vehículo”.

Ebro D65A partir de ahí, muchas horas lijando, soldando y pintando. El entrevistado se pasó todo un invierno mimando a su “criatura” en los bajos de la casa familiar. “Se tuvo que trabajar la bomba del agua, la chapa de la cabina, cambio de baterías, arreglar el embrague, el filtro, limpiar el circuito… y comprobar tornillo a tornillo donde aparecían fugas”. Un trabajo de chinos que finalmente dio su resultado.

La parte trasera también tuvo su miga. El Ebro original montaba una pluma y estaba preparado para transportar maquinaria, hasta 5.700 kg de peso. “Mi idea era usar el camión para cargar algún vehículo restaurado, alguna moto, etc. No necesitaba una estructura tan pesada, ni la grúa, así que aligeré toda la plataforma unos 2.500 kg”.

Por extraño que pueda parecer, los trámites administrativos para formalizar esta reducción de peso son tan farragosos como los necesarios para aumentar el peso máximo autorizado de un vehículo. Se necesita el proyecto de un ingeniero para que la Administración dé su OK, y en este punto se encuentra nuestro protagonista.

Sobre el currículum de vida del vehículo (el Ebro principal), José Manuel sabe que se matriculó en 1980 en Madrid y que empezó a trabajar para Grúas Pacheco (o eso, al menos, es lo que decían los restos de la pintura que encontró en las puertas). De Madrid, el vehículo viajó a Cantabria aproximadamente una década más tarde, a Igollo, “donde estuvo durante años al servicio de Talleres Pereda”.

Su último tramo profesional lo pasó haciendo de vehículo de asistencia para Jardinería La Encina, en las labores de mantenimiento de la A8. El desguace parecía su destino final, hasta que apareció José Manuel, que logró convencer al dueño. “Y me lo regaló, a condición de que cambiara el nombre del titular”.

Ebro D65Ya restaurado, la puesta de largo del Ebro tuvo lugar hace un par de años en la concentración de clásicos y decorados de Torrelavega. En principio, José Manuel no tenía intención de exhibir el vehículo, “era más un reto personal, un sueño que quería hacer realidad como homenaje a aquel viejo Ebro de mi tío, pero con la intención de disfrutarlo yo solo en casa”.

Sin embargo, Rubén Pila y Luis Fernández, dos de los organizadores del evento cántabro, le echaron el ojo al Ebro y convencieron a nuestro protagonista para que les dejara exhibir el vehículo en Torrelavega. “Cuando lo vi en Torrelavega quedé encantado, sobre todo por el ambiente que hay en este tipo de eventos. Yo estaba acostumbrado a ir a concentraciones de coches clásicos, pero esto es diferente, me gusta más”.

Desde entonces, José Manuel, su mujer Maribel y el hijo de ambos, Adrián, disfrutan siempre que pueden de las concentraciones de clásicos. La próxima cita en el calendario es en Soncillo, en el mes de septiembre. “Será la segunda vez que vamos, pero la primera con el camión”, cuenta nuestro entrevistado.

Aquel viejo anhelo de José Manuel se ha hecho realidad. El Ebro de su tío -o, mejor dicho, el recuerdo de aquel Ebro- ha tomado forma varias décadas después, y ha sido posible gracias a su tesón y a la ayuda de amigos y familia. “Mi mujer no me ha echado de casa, y eso es importante”, dice entre risas.

La verdad es que a Maribel también le gusta todo este mundillo del camión clásico, y ahora es ella la que me mete prisa para que restaure uno para que conduzca ella”. De hecho, a Maribel ya le espera un camión en el garaje de casa: un Avia 3.500. Es el próximo reto. Ahora sólo hace falta buscar recambios y encontrar tiempo para la restauración.

 

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Comments

  • Javierier 5 enero, 2014 at 22:52

    En el n 286 aparece en Minimania el Mercedes-Benz LK 710y comentan que todavía hoy queda en algún que otro desguace… En Gran Canaria aún quedan y circulando. Yo he conducido dos de estas joyas, uno del ’72 y otro del ’68, son ina maravilla

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