Concentración de Nogaro, aerografías femeninas

Se cuenta que la noche que el Atlántico se tragó al Titanic la orquesta del lujoso navío siguió tocando hasta que el agua empezó a relamer los bajos de los pantalones de los músicos. Aquellos hombres estaban contratados para amenizar al personal, y cumplieron. Hay dudas sobre las últimas piezas: unos dicen que alegres, otros que profundas y graves. Da igual. La cuestión era hacer sonreír al personal —para eso habían sido contratados en Southampton— y cumplieron, cDecorados en Nogaroon creces.

En nuestro pequeño mundo del transporte por carretera, los artistas que endulzan los sinsabores de la profesión son, sin duda, los decoradores. Esos tipos y tipas que embellecen el ambiente a golpe de aerógrafo.

Genios a la sombra del vehículo y su dueño, que se vuelven pieza clave para crear esa atmósfera de efímera felicidad que acompaña a los camioneros desde que se inventó la profesión: si luce el sol en el sector, nos hacen sonreír; si los mercados se hunden al grito de ¡crisis, crisis!, nos hacen sonreír, aunque sea por última vez. Como los músicos de la orquesta del Titanic. Benditos sean los decoradores.

En el último festival de Nogaro, en Francia, pudimos asistir a un conciertazo de lujo interpretado por algunos de los mejores artistas franceses. Ases del aerógrafo como el bueno de Thierry Gremilliet, que se acercó a la campa del circuito Paul Armagnac para contemplar algunas de sus criaturas: “Soy autodidacta, no estudié bellas artes, pero el mundo del dibujo siempre me ha atraído y he tenido la suerte de poder combinar esa afición con otra de mis pasiones: los camiones”.

Este artista de Valance es, además del padre del Decorados en NogaroVolvo “Mad Max” que apareció en la revista en el número de agosto, el decorador del vehículo ganador en esta edición de 2016: el Volvo “Tomorrowland”, homenaje a la música electrónica. Lleva años dedicado exclusivamente a pintar camiones, o lo que es lo mismo, a amenizarle la travesía a los pasajeros que acuden a las concentraciones de camiones, donde —como en cualquier orden de la vida— los gustos y las tendencias varían a golpe de calendario.

Tradicionalmente, las imágenes de mujeres ligeras de ropa han ocupado buena parte de los encargos de Thierry y el resto de los artistas. El siglo XXI —tan vago y renqueante en algunos aspectos— parece que trae, poco a poco, un cambio en esa tendencia a tatuar camiones con curvas femeninas solo sugerentes… y nada más. La mujer sigue siendo protagonista en la chapa, aunque ya no únicamente enseña sus pechos.

Ojo: no es que los camioneros apuesten ahora por plasmar en sus cabinas a figuras femeninas de la ciencia. No. No hay constancia de que Marie Curie, por ejemplo, haya servido jamás de modelo para decorar un camión. Aunque molaría: Curie en el frontal, Rosalind Franklin en el lateral izquierdo y Barbara McClintock al otro lado. ¡Boom!

Olvidándonos de opciones imposibles como el camión de las científicas, lo cierto es que en Nogaro sí pudimos comprobar que ya no es imprescindible que las mujeres que decoran los vehículos tengan que enseñar carne por contrato. El común denominador viaja entre las palabras sexy y erótico (un clásico en un mundo copado por conductores hombres y Decorados en Nogaroheterosexuales), que se traduce en modelos jóvenes y bellas, pero también —cada vez en más ocasiones— talentosas. Penélope Cruz era la coprotagonista de un Scania tributo a “Piratas del Caribe”; varias figuras de la canción francesa también destacaban en la campa, anónimas en pose sugerente, y otras simplemente con la mirada perdida en el infinito y vestidas hasta arriba.

Cierto, la mujer como icono erótico no ha desaparecido, por mucho que uno intente encontrar síntomas de cambio. Allí estaban Brigitte Bardot luciendo palmito frente a una Harley-Davidson o Rihanna poniendo morritos. Hermosas ambas.

Ocurre, sin embargo, que no todas las figuras femeninas resisten igual la prueba del algodón: sacarlas de contexto. Ahí, muchas veces la decoración cae inevitablemente en el erotismo más estrambótico. Por ejemplo, varias modelos ataviadas con ropa de los 50 posaban Decorados en Nogarocon gracia en un homenaje a la Dolce Vita. Bien. De acuerdo. Rihanna cantaba y se movía, micro en mano, sugerente como estrella del pop que es. Bien. Pero ¿qué hacía exactamente la Bardot agarrando pudorosa una especie de cortina de tul sacada de la película “Avatar”? Ni idea.

Luego estaba el caso de una mujer india con plumas que se agarraba al tronco de un árbol y suspiraba con los ojos cerrados, que uno no sabía si a la pobre le había dado un golpe de calor de andar tanto por el desierto de Mojave o que estaba comunicándose telepáticamente con la planta y necesitaba concentración. O la rubia en camisón y un pecho al aire que estaba sumergida en el mar hasta las pantorrillas (mi favorita).

En esta tengo dudas. Mi intuición me decía que o bien se trataba de una percebeira gallega trabajando durante una época de un calor inusitado en A Costa da Morte (el cambio climático que hace estragos), o bien, la chica sufría sonambulismo y ese día, mira por dónde, le había dado por deambular en sueños hasta una calita al pie del faro. En fin, nunca lo sabremos.

Donde no hay dudas es en la calidad. El nivel general que atesoran los decorados franceses es de otra liga. Los genios del aerógrafo responsables de las decoraciones firman auténticas obras de arte, que luego los camioneros pasean orgullosos por concentraciones como esta de Nogaro. Mientras contemplaba las caras de sorpresa del público, me volvió a la mente la imagen de los ocho músicos de la orquesta del Titanic: crear belleza constantemente, aunque pinten bastos. Ese es el espíritu. Y la mujer, la musa. Como casi siempre.

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