En el Parque Natural del Rila, una de las mayores reservas forestales de los Balcanes, un reducido grupo de camiones del antiguo Ejército rojo de Bulgaria sigue sobreviviendo al paso del tiempo en un improvisado campamento maderero. Son media docena de viejos modelos ZIL, remendados una y otra vez para transportar los inmensos troncos de pino y abeto blanco.

Aislados en los valles inaccesibles por los altos montes del Atlas, los bereberes no están demasiado unidos al mundo exterior. Son los camioneros que se aventuran por las más elevadas pistas quienes sirven de enlace. Aún más, el camión es el único ‘salvavidas’ para toda una población olvidada por las autoridades de un país en pleno esplendor económico.

Los identificaréis por su aspecto: cabello oscuro, tez morena y probablemente bigote. Posiblemente anden escuchando algún corrido por la radio y seguro que sonríen si les preguntáis en español. Los camioneros latinos invaden las carreteras del oeste y el sur de Estados Unidos. Se denominan ‘troqueros’.

Un lugar enmarcado entre montañas nevadas y fuertes rachas de viento, ‘la avenida de los volcanes’. Así se conoce familiarmente la carretera que continúa el ecuador a través de las sierras. Ponchos multicolores, indios quechuas y viejos Peterbilt son los que van y vienen por estos parajes.

Además de sus conocidas exportaciones de piedras preciosas, el país africano más meridional se siente orgulloso de otro de sus tesoros, como la creciente producción de vino, así como del comercio de madera y caña de azúcar, que avivan el transporte en la primera economía del continente.

Tras la Revolución de los Tulipanes que derribó al dirigente político de Kirguistán, la moral de los transportistas kirguises quedó decaída. Circular por la autopista de Pamir en invierno, entre tormentas de nieve, avalanchas, terrorismo y contrabando es la vida cotidiana de los chóferes de este país.

Pin It on Pinterest

Apúntate al newsletter

Apúntate al newsletter

Recibe cada semana nuestras noticias.

¡Gracias por suscribirte!