En 1970, Jesús Marco y su padre se lanzaron a la aventura del transporte internacional. Cada uno montado en su camión y con su propia vivienda como base pusieron los cimientos de lo que hoy es una empresa con 700 camiones y cerca de 1.200 semirremolques.

A sus 47 años, esta granadina inquebrantable recorre al mes 14.000 kilómetros en ruta a Inglaterra. Iba para taxista, pero su padre se negó. Así que se hizo camionera. Apenas pisa su casa de Monachil, no tiene tiempo para vida social, pero acepta de buen grado los rigores del oficio. Como ella misma dice, “la soledad es el precio de la libertad”. Esta es Conchi Rodríguez.

El azar fue caprichoso con ella. “Un buen día llegué a casa y no tenía piso. Los negocios se los quedó él; y yo me vi como en el chiste: con mi hijo y las deudas. Tenía 28 años”. Para Pilar Blanco, el camión ha sido la tabla de salvación, tanto económica como anímicamente. También le han dado palos, pero estar al volante le devuelve la alegría. Contra la adversidad, nada como una sonrisa.

Conversan, escuchan juntos la radio, duermen o comparten un cómplice silencio. Se contradicen en momentos y se respaldan en fundamentos. Su particularidad es que la mayor parte del tiempo lo pasan en un ‘love’ de esos que en lenguaje inmobiliario no sabemos si se publicitaría como “ideal parejas”: la cabina del camión.

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