La familia Gregori, en concreto el abuelo Josep Gregori Corsà, al comprar su primer vehículo de labranza, no quería un simple vehículo para trabajar la tierra, quería más. Que fuera capaz de trabajar como el que más en el campo y al mismo tiempo el vehículo familiar, o para cargar mercancía, si era necesario.

Como los artistas, pintores, escultores y demás del gremio creativo, el propósito al culminar una obra es compartirla y que otros puedan disfrutarla también. Pues bien, del mismo modo, el restaurador de camiones clásicos, en cierto modo, busca compartir la recuperación de una joya.

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