Soy camionera: Mar González, vivir el sueño

Semperit

Cuenta Mar González que cuando jugaba en las calles de Hellín (Albacete) con sus amigos de infancia se quedaba de repente absorta mirando la cara de los camioneros que llegaban al pueblo. En aquellos rostros cansados ella veía una fugaz chispa de felicidad, y eso le fascinaba por completo. Hoy, con 38 años y cinco dedicados al transporte por carretera, Mar ya ha comprendido que aquello que ella vislumbraba en esas caras no era otra cosa que la satisfacción del Camionera Mar Gonzálezcamionero que por fin llega a su destino.

Una sensación que ella misma, todavía hoy, experimenta cuando al final del día echa el freno, corre las cortinas y se tumba a descansar. Reconoce que el trabajo es duro, pero no lo cambia por nada. Está donde siempre ha querido estar.

“De pequeña soñaba que era camionera –explica nuestra protagonista–. Siempre he tenido inquietudes que no eran habituales en mi entorno. En el pueblo, lo normal era ir al colegio, luego al insti, sacarte una carrera y echarte novio pronto. Yo, en cuanto vi que tenía la oportunidad de volar, me fui”.

Le lanzan un reto

Y voló. El sueño de convertirse en profesional del transporte por carretera no desapareció jamás. Quedó aplazado, oculto como un marcapáginas, hasta hace ahora aproximadamente siete años. Entonces, nuestra entrevistada compartía vida con Francisco, un profesional del transporte. Ni que decir tiene que para Camionera Mar Gonzálezella verle trabajar era un gusto.

Empezó a acercarse al parking de la empresa para ver los camiones, “calladita, sin hacer ruido, desde la barrera”, hasta que un buen día el dueño de la empresa se le acercó y le preguntó qué le parecía. “Le dije que tenía el sueño de mi vida frente a mis ojos –explica Mar–.

Y entonces me lanzó un reto: ¿te ves capaz? Si te sacas los carnets, hablamos. Alberto Castillo, el dueño de Transportes Almajora, de Granada, fue quien le había lanzado el reto, y cuando 30 días más tarde Mar se presentó con sus permisos en la mano, el gerente cumplió sin dudarlo con su parte del compromiso.

Hay personas que no se achantan fácilmente. Va en sus genes. No se sabe por qué. Esta manchega con sangre del sur –le encanta la rumbita y habla por los codos– es de ese tipo de personas. Sabe que el camino está repleto de piedras, pero también que las oportunidades no se deben desaprovechar. Empezó trabajando junto a su pareja, cargando en Almería y haciendo ruta por mercados, hasta Zaragoza, hasta Madrid, etc.

Hasta que pronto le tocó hacer el primer viaje en solitario. “Tenía un nudo en el estómago –explica la camionera–. De la noche a la mañana era yo la que estaba al volante y notaba la responsabilidad. Sin embargo, de aquel primer viaje recuerdo que todo salió rodado”.

Camionera Mar GonzálezLos siguientes tres años, Mar los pasó acompañando a su pareja haciendo dobles. Primero, durante ocho meses en internacional con un frigorífico (a Marruecos de bajada y al sur de Francia de subida); después, un par de años de nacional con una empresa de Vélez-Málaga (haciendo Mercabarna y Perpiñán); y cuando el amor se desgastó, no tuvo más remedio que dejar el transporte. Aunque por poco tiempo. Ya sabía lo que era trabajar al volante y, lejos de amedrentarse, se había quedado con ganas de más.

Hace dos años escuchó que una empresa de Torrejón de Ardoz (Madrid) buscaba chóferes para hacer nacional. No se lo pensó. “Hago lo que sea, ¡lo que sea!, pero que sea montada en un camión”, pensó Mar. La suerte, de nuevo, volvió a sonreír a nuestra protagonista.

El gerente de la empresa la contrató después de apenas cinco minutos de conversación telefónica. “He logrado mis objetivos con constancia, esfuerzo y dando siempre lo mejor de mí –afirma Mar–. Eso sí –reconoce– he tenido siempre la suerte de que la gente ha confiado en mí sin apenas conocerme”.

Mar transporta material de Inditex, haciendo ruta semanal desde Madrid y rumbo a Jerez, Sevilla, Cádiz, Sanlúcar, Córdoba, Mérida, A Coruña… y descansando siempre en polígonos logísticos vigilados, nunca en áreas de servicio. Es una de las cosas buenas del trabajo actual, además de poder conciliar vida familiar de manera más sencilla.

“Tengo tres días libres, así que me organizo para dedicar uno de ellos para mí y luego el fin de semana para mis hijos (Rocío y David, de 8 y 11 años). El trabajo es duro, pero a la vez gratificante. Soy muy dicharachera y me encuentro con mucha gente, hablo con todos y me lo paso bien. Reconozco que me Camionera Mar Gonzáleztratan como a uno más, y eso sienta bien, especialmente siendo mujer, porque aún hay mucho machismo en este mundo”. Pese a que se ha encontrado con algún que otro cretino, nuestra protagonista destaca el respeto de la mayoría de sus compañeros.

Montada en su G440 –impecable por dentro, perfumado en cada rincón y decorado con regalos de sus hijos y sus amigos–, La Chica Scania –así es como la conocen en la ruta– se toma su imagen como un elemento más de la empresa para la que trabaja, aunque reconoce que, al principio, más de uno la miraba como diciendo: “¿y esta?, ¿de dónde ha salido?”.

Para ella, la elegancia no está reñida con el trabajo. “Alguna vez alguien me ha dicho: bonita, ¿no podrías venir con un pantalón y un jersey? Pues sí, qué quieres que te diga, pero mi jefe me permite venir así, y yo siempre voy arreglada en mi vida personal. Además, mi profesionalidad no se mide por cómo voy vestida”.

Con las ideas claras

El estilo de la manchega se refleja también en el interior de la cabina. Para Mar, la comodidad es innegociable: “¿Cuánto estás dispuesto a consentirme? –le preguntó a su jefe a las primeras de cambio–. Quiero estar cómoda, sentirme como en mi casa, que la cabina sea lo más confortable que pueda”.

El jefe accedió y Camionera Mar GonzálezMar decoró su espacio de trabajo con recuerdos de amigos y seres queridos. Hay de todo un poco, pero destaca, sobre todo, el orden y la limpieza. “La organización es vital –reconoce–. Necesito este orden, porque es como un orden vital: tener tiempo para todos y espacio para todos”.

Al borde ya de la cuarentena, Mar González le sonríe al destino susurrándole un “esta vida es mía y yo la gobierno”. Está viviendo su sueño pero no le gusta pensar más allá del ahora y el aquí, por eso en su maleta lleva todo tipo de ropa: vaqueros, minifalda, tacón. “Me gusta improvisar, vivir al día”. Otra de las cosas que le gusta es escribir en su cuaderno de bitácora: reflexiones, relatos, ideas, dibujos y mensajes de ánimo a sí misma.

Es una forma de mantener la cabeza ordenada para que el camino sea más llevadero. “Hay que creer firmemente en lo que quieres, aunque sea difícil. Y pelear por los sueños. En esta profesión, en particular, es cierto que hay muchas piedras. Pero yo quiero hacer este viaje, así que los tramos sin piedras voy a disfrutarlos; los tramos con piedras voy a usarlos como aprendizaje. Y algún día diré: “¡Mira hasta dónde he sido capaz de llegar”.

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