Soy camionera: Eva Maria Farran, disfrutar de la experiencia

Soy Camionera

·  Un post de Francisco Alcaide
Tiempo de lectura: 6 min.

Nuestra camionera de este mes, cuando tenía 19 años, se fue a su pueblo de veraneo a pasar quince días y acabó quedándose 18 años. Ni por asomo pasó por su cabeza eso de ser camionera, pero y ¿por qué no?

Camionera Eva Maria Farran

Los retos le van, pero sobre todo vivir experiencias, disfrutar de lo que hace, ser feliz, ¿se puede pedir algo más?

Eva se inició en el mundo laboral trabajando en un matadero, después pasó por una oficina de administrativa. “¡Qué horror! No me gustó nada”, nos dice. Justo en ese momento y con la que era su pareja decidieron sacarse el carnet de camión.

Dicho y hecho. Se pusieron a estudiar y ambos lo consiguieron y se pusieron a trabajar juntos. “Éramos jóvenes los dos y queríamos ganar dinero. Empezamos haciendo internacional a dobles, aunque él iba contratado con su nómina y yo hacía y cobraba los kilómetros que él no podía hacer”. Vaya comienzo.

Eva todavía se acuerda de la primera vez que le tocó conducir. “De hecho, todavía guardo el disco. Era en Alemania, llovía muchísimo, era de noche, con carreteras en obras. Vamos que pensé que no era el mejor momento para empezar. Pasé pánico, pero a partir de ahí todo fue muy bien”.

Camionera Eva Maria Farran

Su experiencia a dobles duró seis meses, igual que la relación con la persona con la que comenzó en este mundillo. “Después lo mismo que había hecho a dobles lo hacía yo sola, pero con unas condiciones laborales dignas, una nómina y el mismo sueldo que el resto de los trabajadores hombres.

Estuve dos años haciendo internacional con una lona transportando piezas de automoción. Iba mucho a Genk (Bélgica) con piezas para la Ford. La verdad es que disfruté mucho con esta experiencia.

Estaba muy ilusionada. Incluso mi padre me decía que nunca me había visto tan feliz como cuando volvía de un viaje. Contaba todo lo que había vivido, era muy feliz”.

Pasó el tiempo (dos años) y Eva decidió cambiar de aires. Otro reto. Y a nuestra protagonista no le gustan las cosas sencillas. Va a por todas. Así que pasó del internacional a moverse con dúmpers en una cantera.

“Me encantó probarlo”, tanto que se pasó siete años. Otra experiencia para la saca. “Los primeros seis meses me los pasé en la cantera. Me volvía loca, ya no sabía si iba para la derecha o para la izquierda. Pasó ese tiempo y el jefe me propuso salir de la cantera. Entraba, cargaba e iba a las obras, a rebajes…”.

Camionera Eva Maria Farran

Pero llegó la burbuja inmobiliaria y nos explotó a todos en las manos. “La faena cayó en picado por la crisis. El jefe me trató muy bien, me aguantó mucho tiempo, no por el hecho de ser mujer sino porque valoraba mi esfuerzo, mi trabajo, cómo cuidaba el camión, cómo lo mantenía”.

Al final a Eva acabaron despidiéndola. “Eso sí que fue un bofetada porque ahí me hubiera quedado toda la vida. Con un hijo de tres años, Cerni, y separada. Se me abrió un gran interrogante. Toqué fondo”. Otro reto.

A Eva no la para nada. A los dos días de estar parada tomó la decisión de dejar el pueblo y volver a casa de sus padres. “Tuvieron mucha paciencia se portaron muy bien. Nos ayudaron muchísimo. Dos años estuvimos”. Poco a poco, nuestra camionera fue remontado el vuelo hasta que la llamada del camión volvió a sonar.

Otra puerta se abre

Camionera Eva Maria Farran

“Hubo un autónomo que me llamó para que lo sustituyera durante sus vacaciones. Después vino otro que me propuso lo mismo. Repetí la jugada en varias ocasiones. Uno de ellos fue Dani, mi actual jefe, de Transportes DDB, especializado en la distribución frigorífica a temperatura controlada.

Con él también comencé haciendo sustituciones o me contrataba en momentos de puntas de trabajo. Hasta que hace un poco más de tres años me hizo fija. Ahora estoy genial, perfecta. No quiero cambiar de ruta ni de horario.

Estoy tan bien que ahora mismo no puedo pedir más de lo que tengo. Me gusta el trabajo, la gente y encima te valoran lo que haces”.

Eso dicho así parece fácil de conseguir, pero no lo es. Su esfuerzo, su trabajo, su dedicación le ha costado y le cuesta a Eva. “Está claro que hay diferencias entre hombres y mujeres. Es cierto que no tenemos la misma fuerza, pero yo tiro de transpalet como el que más. Y si no puedes, pues pides ayuda y ya está.

Si hacemos la misma faena, es lógico cobrar lo mismo, ¿no?”. Esta pregunta retórica también tiene fácil respuesta, pero Eva bien puede decir que durante años y sobre todo en sus comienzos en este mundillo del camión esa brecha salarial la ha sufrido en sus propias carnes. “Cuando hacía internacional cobraba menos que todos los hombres.

Camionera Eva Maria Farran

En cambio, en Transportes DDB, todos cobramos lo mismo. Para Daniel todos somos iguales”, puntualiza nuestra camionera, mientras nos cuenta que su jornada laboral se inicia a las 6 de la mañana, pero que a pesar de que vive a cinco minutos de la base, ella cada día se despierta sobre las 4.30 horas.

“Salgo a trabajar prácticamente como si me fuese de fiesta”, nos dice entre risas, “la gente en el trabajo me dice que me levanto de buen humor.

Normal, si llevo hora y media despierta. Salgo del CIM Vallès y hago la zona de Girona. Cargo yogures, queso, helados, carne, pescado…

Mercancía refrigerada y congelada. Luego suelo ir hasta Olot y de ahí ya bajo. Muchas veces me da para recoger a mi hijo a las 16.30 horas al cole”. Otro triunfo.

Dejamos a Eva aculando el Iveco, el camión que vemos en las fotos y que todavía no ha hecho su primer viaje. Lo hará estrenando una rotulación sugerente. Daniel, el jefe, ya le avisa. “Este lo llevarás tú”. Otra recompensa.

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