Soy camionera: Anabella Martínez, de Barakaldo, Bilbao

Semperit

El oficio de camionera es un guante hecho a su medida, pero para llegar hasta aquí esta mujer ha pasado por multitud de azares laborales y peripecias anímicas.

De su hoja de servicios emanan días como auxiliar de enfermería, camarera en locales propios y ajenos, relaciones públicas y hasta alguacil. No obstante, una inclinación natural por todo lo que rodara siempre estuvo presente. “Los motores me suben la adrenalina. Mi padre –nos cuenta Anabella– tenía un tractor Motransa y todo tipo de máquinas para la labranza.

Siempre me las dejaba llevar a mí, a pesar de vivir con dos hermanos, y sin apenas darme Camionera Anabellaninguna indicación. Cuando todos los niños aún iban en bici, yo llevaba una moto Guzzi, talegazo va, talegazo viene; e iba haciendo cross por el pueblo”.

El pueblo al que nuestra protagonista hace referencia es Cornudilla, una de tantas pequeñas localidades infrahabitadas de la llanura burgalesa, donde la familia se trasladó en 1965, al poco de nacer ella en Barakaldo.

A un espíritu tan poco gobernable como el de Anabella pronto se le quedó pequeño el pueblo, así que emigró a Madrid, donde con 16 años se instaló como interna en una casa.

A los 19 se casó, a los 20 tuvo una hija… y cuando todo apuntaba a familia convencional, un desgraciado accidente de tráfico la dejó viuda a la edad en la que hoy en día muchos viven en el epicentro de su adolescencia.

Padres y suegros se volcaron en ayudarla, pero el caldo gordo de su futuro, obviamente, posaba de lleno sobre sus hombros.

La movida madrileña

Sus particularmente afanosos años veinte los pasó trabajando el día y la noche de la capital de España, sumida en los ochenta en aquel palpitante día a día que quedó acuñado para siempre con el sello de Movida Madrileña. En Camionera Anabellarutilantes jornadas laborales y de ocio coincidió con famosos como Miguel Bosé, Tino Casal, Alaska y un jovencísimo vividor llamado Carlos Sainz, del que recuerda su obstinada reticencia, por aquel entonces, a que una mujer pudiera competir en rallys provinciales.

La Anabella que nunca se dejaba intimidar por ningún reto difícilmente se iba a resistir al de sacarse todos los permisos de camión para abrirse camino en un futuro como camionera que se le antojaba lleno de estímulos.

Lo hizo en un tris, y en poco tiempo pudo comprobar que más de una empresa pujaba por sus servicios, gracias a lo cual se ha permitido más de una vez el lujo de poder elegir, un privilegio al que hay que unir el de haber conocido en las mismísimas clases de conducción a Ernesto, hombre de su vida, y también transportista de profesión.

En los cerca de veinte años que lleva al volante, nuestra baracaldesa ha probado desde un rígido hasta un trailer, del transporte de paquetería a la ruta internacional, de ir con bañera a una cantera a conducir de noche para cargar remolacha. “El término miedo sé que existe, pero no porque yo lo haya sentido nunca.

noche, sin conocer los pueblos, me he movido por fincas de Camionera Anabellaremolacha, donde te quedabas tirada en cualquier sitio, y en cualquier cantera las maniobras las hacía casi siempre a la primera, con mi jefe diciéndome que nunca había tenido tanta vida su Scania 360 L.

me planteé hacerme autónoma –prosigue Anabella–, porque no me veía atándome a una deuda, y aunque sería de ilusas no reconocer que este trabajo es más proclive al hombre, yo siempre me he sentido a gusto y querida por Ernesto, así como por mis compañeros y jefes.

Si alguna vez alguien me ha dicho: “Esto lo haces por cojones”, mi respuesta ha sido: “Pues por cojones, aquí tienes las llaves”.

“Aquí estoy yo”

En Transportes Sevilla, empresa con sede en Burgos, que además del transporte nacional e internacional ofrece servicios como plataforma logística, Anabella viene ejerciendo su labor en esta última década. Su coraje se mantiene intacto con los años y afirma no haber sentido nunca desconfianza alguna por ser una mujer a los mandos de un Camionera Anabellatrailer.

“Cuando aparco en un área de servicio, me bajo con decisión y paso firme, como diciendo ‘aquí estoy yo’, y eso se capta enseguida. Lo que llevo peor en este oficio –concluye– es el que te hagan esperar para cargar o descargar, sin darte explicación alguna. Así me han llegado a tener hasta 24 horas, y eso, además de fastidiarme por jugar con mi tiempo, ofende al más mínimo sentido de la educación”.

Anabella tiene a su hija ya criada y viviendo en La Coruña. Aunque cuenta con una pensión de viudedad, no entra en ninguno de sus planes presentes dejar el volante. Eso sí, cuando lo haga, su sueño es hacerse con un Kenworth y, según sus propias palabras, “recorrer el mundo entero con la persona que más quiero”.

De momento, su mundo se circunscribe a un Burgos que no puede dejar muy lejos, pues a su cargo y el de Ernesto están un caballo y cuatro gatos.

Su espíritu radiante se deja entrever tanto dentro de la cabina de su Scania como fuera de ella. Se declara toda una enamorada de la vida, tanto a bordo del camión como de su caballo o su “cachonda” (una Honda custom). Sus manos trabajan también el cuero y la madera, y con sus trajes hechos por ella se la puede ver en concentraciones hípicas, moteras, de cowboys o medievales.

Si el camión conserva aún su halo de perenne romance, es gracias a personas como Anabella.

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Jose Mari Iriarte comenzó su actividad en el transporte con su padre. En los 44 años que lleva en la profesión ha pasado de poseer un Pegaso Europa 170 a regentar una gran empresa con actividades en lugares tan diversos como el País de Gales o Polonia.

Ahora toca saborear la tranquilidad del momento dulce, pero no siempre fue así. La crisis lo arrasó todo, y Piri Express tuvo que renacer de sus cenizas cual ave Fénix. Jose Campaña, su responsable, gestiona una flota de 32 camiones siempre a punto para satisfacer las necesidades de sus clientes.

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