Soy camionera: Ana Isabel Santos, de Burgos

Semperit

Hoy en día los camiones no huelen, pero no es ninguna tontada lo que dice nuestra camionera, Ana Isabel: por supuesto que antes sí que olían. Esa sugestiva mezcla de efluvios que emanaban de pinturas, aceites, gasoil, hierro y madera, conformaba un perfume instalado para siempre en muchas pituitarias de antaño. Nuestra cautivadora burgalesa dejó los estudios a los 16 años para crear una boutique de ropa y complementos, empezando a tributar ya por aquel entonces de autónoma.

Camionera Ana IsabelMás tarde entró como jefa de sección en un hipermercado, pero algo le debía dictar su irrefrenable naturaleza, porque sin orden de parada se fue sacando, uno a uno, todos los carnets (moto, coche, camión, autobús…).

“Cuando me casé con Sergio, mi marido, él tenía un Pegaso. Al poco compramos un Scania 460 y una plataforma de 3 ejes. Cuando nos decidimos por hacernos con este Volvo FH12, se nos planteó la disyuntiva de si contratar un chófer o ponerme yo al volante.

Me pedí una excedencia en el hipermercado para probar –continúa Ana–, pero cuando llevaba más de un año de camionera, tomé la decisión de no pedir más excedencias, aferrarme al puesto y ya nunca dejar el camión.

Camionera Ana IsabelNo solo no se arrepiente de haber tomado esa decisión cuando en 2005 compró el Volvo que, hoy con más de un millón de kilómetros, aún le acompaña con magnífico empuje, sino que nunca cambiaría su condición de autónoma por la de chófer para otra empresa.

“En una fábrica de Madrid me dijeron una vez, al ir a meter el camión en la báscula, que se extrañaban de las maniobras que realizaba, pues casi todos los que venían hacían la L. ‘La diferenciales dijees que el camión es mío, y las ruedas las pago yo’.

Lo cierto es que trabajando para ti puedes decidir lo que coges y lo que no. Viajes hay muchos, pero que valgan la pena, no tantos. Hay que saber rechazar. De arruinarme –más clara no puede ser–, me arruinaré tomando una tapita, pero no trabajando.

Hay mucho camión extranjero al que le viene bien todo, pero ¿se valora la seguridad? Espero que con el tiempo así sea, pero mientras tanto, y hasta donde yo pueda, seguiré eligiendo mi camino”.

Y su camino, está claro, pasa por continuar a los mandos de un camión, como camionera. Sus portes están básicamente constituidos por prefabricados de hormigón, hierro y todo tipo de materiales de obra. “Nunca –afirma Camionera Ana IsabelAna- he recibido un trato ofensivo ni discriminatorio por ser mujer, sino más bien al contrario.

Lo que sí me ha pasado alguna vez es que me han querido echar amablemente de una obra, pero al decirles que soy yo la que he traído el tráiler, se disculpan al momento. No esperan una mujer, y menos llevando este tipo de material”.

Nuestra flamante camionera está acostumbrada a que eventualmente piensen que es una comercial, cuando va a un almacén de hierro; o una decoradora, si va a descargar a una feria.

Pero salvo esas contadas anécdotas, del todo inofensivas, Ana asegura haber sido acogida como una igual, a todos los efectos, entre sus colegas de profesión, sobre todo en Aranda de Duero, una de las localidades con más densidad camionera de toda España.

Sola o con Sergio

Camionera Ana IsabelHasta hace tres años, Ana conducía tanto el Volvo que acompaña nuestro reportaje como un Scania R500, que compró en 2007 para la empresa de transportes que tiene constituida junto a su marido. Dicho Scania les fue robado un aciago día de 2014, y ya nunca se supo nada más de él. Al estar en la calle, el seguro no se hizo cargo de nada.

“No tenía carga –recuerda Ana con un gesto, más de resignación que de rabia–, así que se lo llevaron por el camión en sí. Son mafias, que van sobre todo por los Scania, porque ya conocemos más de un caso igual; y ante eso estamos totalmente vendidos. Lo teníamos pagado, pero nos trastocó mucho.

Desde entonces viajo con mi marido a doble chófer, o sola, si se trata de alguna ruta determinada. Estamos haciendo números para ver si nos compramos otro camión. Seguramente así sea, pero hay que pensárselo mucho”.

Ni con esas pierde Ana su sempiterna sonrisa. Sabe que trabaja en un sector que, como bien nos dice, se come el marrón de muchas huelgas, o es el primero que tiene que dejar de trabajar, ya sea cuando caen cuatro copos de nieve (aunque la carretera esté limpia), o en las operaciones de entrada y salida de vacaciones y fines de semana; pero no se ha arrepentido ni un Camionera Ana Isabelsolo segundo de su vida de cambiar su puesto de jefa de sección en un hipermercado por el de profesional del transporte.

Hasta se lanza a bromear (o tal vez no sea broma, ¿quién sabe?), con que el gran disgusto que se llevó cuando le robaron el Scania fue que dentro iba su osito de peluche gigante, que siempre llevaba debidamente atado en su asiento de copiloto, y al que saludaba y tocaba cada mañana antes de iniciar ruta.

“Un par de veces me paró la Guardia Civil –recuerda, nuevamente entre sonrisas– creyendo que era un perro lo que llevaba a mi lado”.

Aunque sus jornadas se inician casi siempre a las 4 de la madrugada y acaban bien entrada la tarde, Ana Isabel valora el poder desconectar los fines de semana y disfrutar de la compañía de su pareja y amigos.

Pasadas algunas horas desde nuestro encuentro, el sol de un sábado de agosto ya preside Aranda desde las alturas. Estamos en la tierra del Ribera del Duero por antonomasia, lugar donde el alternar en un festivo con la cuadrilla no se perdona.

El olorcillo de un buen vino, al calor de los amigos, también es para Ana tenue y delicado, como el de aquellos camiones de hace cuarenta años.

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