Barreiros Saeta 35 de José Luis Allende

El campo andaluz fue en su época el escenario por donde se movió durante décadas este impecable Barreiros de 1972. Años de transporte de producto agrario en su caja de madera, con la ciudad de Córdoba como sede de una cooperativa de trabajadores del campo.

Más allá de estos cuatro apuntes, la biografía del Saeta 35 termina aquí; o eso, al menos, es todo lo que sabe su actual propietario, José Luis Allende, un veterano transportista de Puente Avíos, en Cantabria.

“Poco más sabemos”, explica el artífice de la restauración. Lo encontró mi hijo por Internet, de casualidad, cuando el vehículo estaba ya a punto de irse para el desguace. Hacía años que estaba dado de baja y que no trabajaba nada. Estaba, como te podrás imaginar, en un estado de conservación muy malo.

280_clasico_barreiros_11Pese a que la chapa del Saeta 35 no era para nada atractiva, Fernando -uno de los hijos de José Luis- acabó adquiriendo el vehículo y transportándolo a Cantabria. Sabía que su padre andaba detrás de ese modelo y quería regalárselo para restaurar.

“Hacía unos cuantos años que buscaba exactamente este Barreiros, el 35. De joven había trabajado con uno igual, y supongo que eso hace que se cree un vínculo especial con el vehículo”. Damos fe de ello.

Nuestro entrevistado siente pura devoción por el Saeta. Basta oírle hablar del proceso de restauración, de cómo lo saca a pasear cada semana sin excepción, del orgullo que siente cuando lo exhibe en concentraciones, etc.

Un vínculo puramente sentimental, similar al de otros tantos restauradores que han pasado por las páginas de esta sección, y que sólo los muy camioneros alcanzan a entender. “Llevo desde los 18 años montado en camiones; mi vida es el transporte y la carretera. Para mí, ahora que ya ha terminado mi etapa como camionero, restaurar estas reliquias es una forma de pasar el rato con los vehículos, de recordar, y me hace sentir bien”.

En pocas palabras, haberle devuelto la vida a este Barreiros ha sido como transportar a nuestro amigo Allende a su juventud y paladear, aunque brevemente, un poquito de aquello que fue y que para siempre estará allí, en la memoria. “Éste ha sido el primero que hemos restaurado, y desde entonces hemos hecho tres más, y hay un cuarto de camino. Pero siempre son camiones con los que tengo un vínculo afectivo, con los que he trabajado a lo largo de mi vida”.

280_clasico_barreiros_16Cuando Fernando llegó a Puente Avíos con el Barreiros arrancaron seis meses de trabajo pausado, “cuando había tiempo”, pero regular.

Los tiempos los marcaba, por una parte, la propia actividad de la empresa familiar, Bodegotrans; y por otra, la actividad de Marañón, el taller de Torrelavega, donde se llevó a cabo la transformación de la reliquia.

“Como ya te he dicho, el estado de la cabina era muy malo, así que se rehizo toda sumando trozos de aquí y de allí, pegándolos y rehaciendo las partes más degradadas. El chasis fue chorreado y pintado, y la parte de mecánica se dejó prácticamente como estaba, ya que no presentaba muchos problemas”.

Así como el aspecto exterior era malo (el vehículo, recordemos, tenía un pie en el desguace), la mecánica se mantenía en un estado relativamente bueno. “Apenas le hicimos nada. Cambio del alternador, los filtros, el aceite ¡y listo!”. En total, el proceso duró cerca de medio año.

Seis meses en los que Allende visitaba el taller frecuentemente, expectante como un chiquillo en el día de Reyes, y ansioso por ver los avances de su Saeta. “Fuimos muy poco a poco, aprovechando los momentos libres; pero es que así es la única forma de que la restauración te salga un poco más barata”.

Una vez pulido, pintado y decorado -motivos familiares que eligió José Luis-, llegó el momento de meterle mano al basculante. La tarea recayó en nuestro protagonista y en su cuñado Gervasio, “un manitas que sabe de todo”. Se hizo toda la estructura de hierro y se acoplaron los tablones de madera. En menos de una semana, José Luis y Gervasio tenían a punto la parte trasera del vehículo.

La restauración llegaba así a su fase final, los detalles en los interiores, de los que se encargó un tapicero argentino de Laredo, y con eso el Barreiros quedaba oficialmente restaurado. “Las gomas eran las originales, pero hace un año le compré en Cartes unas nuevas, con una medida un pelín más grande. Ahora mismo -asegura el entrevistado- está tal y como yo quería. No hay que hacerle nada más”.

280_clasico_barreiros_03Hora de disfrutar, entonces. José Luis exhibe una sonrisa de oreja a oreja cuando nos abre las puertas del Saeta 35 y nos invita a subir.

Sin duda, el momento de mostrar la reliquia ya terminada es uno de esos momentos que hacen hinchar el pecho de cualquier propietario de un vehículo clásico restaurado. Lo hemos visto cientos de veces y lo hemos explicado en estas páginas otras tantas.

Pero no nos cansamos de experimentar ese orgullo camionero. Y José Luis, obviamente, tampoco.

Lo saco de paseo casi cada día. No sabría decirte cuántos kilómetros le he hecho yo, porque el cuentakilómetros no funciona y no encuentro el recambio, pero calculo que en estos dos años llevaré unos 1.500. Ya te digo, lo saco a menudo, de Puente Avíos a Suances, a Santander, a Torrelavega, para hacer los encargos que tenga que hacer. Voy poco a poco, de 80 no pasa, pero no necesito más”.

Allende nos explica que en la zona todo el mundo lo conoce. Y vuelve a sonreír orgulloso. ”Es muy agradable que la gente te salude, que se paren delante del vehículo y le hagan fotos. Nosotros hemos estado en unas cuantas concentraciones y no fallamos. Jarama, Montehermoso, Torrelavega, Reinosa, Soncillo… son experiencias muy bonitas”.

280_clasico_barreiros_17El gusanillo de la restauración se ha metido en su cuerpo -y en el del resto de la familia- y ahora no hay quien les pare. El Saeta 35 llegó hace aproximadamente dos años.

Desde entonces, José Luis y sus hijos le han dado forma a varios proyectos de recuperación de vehículos, en concreto un Avia del 70, un Volvo FH de 1992, un Pegaso 165 y un cuarto que viene de camino: “Un Barreiros 300 de hace 25 años y que compré hace seis meses”.

En la concentración cántabra de Torrelavega hemos podido disfrutar estos últimos años de la presencia de varios de los camiones de nuestro protagonista. Sin duda, ya tocaba incluir parte de su colección en estas páginas. Para él, la restauración es poco más que un pasatiempos.

La satisfacción llega en el momento en que uno puede pasear con estas máquinas robadas al tiempo.

Subirse, tocar de nuevo el volante, girar la llave, sentirse de nuevo familiarizado con el runrún del motor, la estética del salpicadero, esos pedales, el cambio de bola… un auténtico viaje a la memoria que Allende resume brillantemente: “Todo lo que he hecho ha sido andar en camión. Desde los 18 años que trabajo en esto. No he sabido hacer otra cosa. Y ahora que estoy en la recta final disfruto mucho pasando un rato con mi Barreiros, sin más, recordando otras épocas”.

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Comments

  • B.Kevin 11 febrero, 2014 at 21:29

    Para el dueño, ¡Cuídalo! y me alegro que lo hayas rescatado y lo hayas dado de alta. Eres un máquina. ¡Tirar un Saeta al deguace es un crimen! Sueño casi cada dia poderme subir en uno, ¡para sentir la sensación de un Diésel verdadero!. Esos camiones son una gozada.

  • RAFAEL BERGA RUIZ 8 octubre, 2013 at 7:41

    Una auténtica PIEZA DE MUSEO.

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