El Avia 2500 de Vidal y Carmen

Ambos empiezan siempre esta revista por su parte trasera, donde los camiones clásicos ocupan el palco, y nos confiesan que se les puede pasar puntualmente algún Solo Camión, pero nunca cuando saben que va a publicarse la crónica de una concentración, que es ese escenario donde se ven rejuvenecer y en el que sus tablas se hacen notar.

Tras el desfile de turno, y una vez los camiones ya se han aparcado, en torno a una mesa repleta de comensales, mujeres y hombres de 20 a 80 años comparten conversación. De tal manera, las historias vividas por esta pareja en sus turismos Renault 8, Seat 1430 o VW Polo pueden protagonizar parte de una misma charla, que tal vez empezó tratando de la tecnología punta de los camiones de hoy en día.

“Somos una gran familiAvia 2500a, forjada concentración a concentración, y podéis tener por seguro que si a alguien le pasa algo con su camión, todos nos quedamos ahí hasta que se arregle”. La que hace tan explícita aseveración es Carmen Fernández, que desde bien pequeña ha bebido a sorbos esta profesión, primero de las fuentes del Chevrolet de su padre Agapito y luego de los camiones de su hermano Luis, así como de sus sobrinos Luis, María José y Fernando.

Este Avia 2500, modelo de referencia en España a principios de los 60, despierta admiración por su refulgente y fornida apariencia externa. “Llama mucho la atención –afirma ahora Vidal–, sobre todo entre los dAvia 2500e mi edad, porque al camión le hemos hecho muy pocas incorporaciones superfluas, que desvirtúen el original”.

Vidal Santiago, que por abundar en lo que nos acaba de declarar ya cumplió los 70 años, dedicó su vida laboral al campo de los tornos, taladros y maquinaria en general. Por las distintas fábricas en las que trabajó, ya fuera en Guernica o Reinosa, vio mucho movimiento de camiones, pero su labor nunca fue la de portar uno de ellos.

Ha sido ahora, ya jubilado, y a instancias de la familia, cuando ha optado por girar sus días de asueto en la dirección que dobla el volante de este Avia. Lo compraron a un albañil jubilado, que no lo usaba desde hacía mucho tiempo, y con el que llegaron a un acuerdo (nos dan permiso para revelarlo) de quedárselo por 1.500 euros.

Como suele ser habitual en estos casos, la restauración costó mucho más que la propia compra, y es que, aunque su motor Perkins de 50 CV estaba en un más que aceptable estado, el aspecto externo reflejaba un notable deterioro.

“En el taller de nuestro sobrino Fernando, en Burgos, le cambiamos las ruedas y una puerta, y se le puso a punto de chapa y pintura en toda la cabina. La caja y el chasis –continúa Vidal– lo he pintado a brocha yo mismo. En los años posteriores a su compra rodó con su matrícula Avia 2500normal, pues no estaba dado de baja, por lo que debíamos pasar la ITV cada seis meses. Pero optamos finalmente por matricularlo como histórico por 500 euros.

De este modo, la ITV solo ha de pasarla cada tres años. El Avia descansa en la nave de nuestro sobrino Luis, de la que solo sale, como las grandes estrellas, para llevarnos a Carmen y a mí por las concentraciones camioneras de España. Mi mujer es una copiloto ideal y también sabe conducir, pero no quiso renovar el carnet en su día”.

Carmen sonríe mientras escucha a su marido. “Yo disfruto el Avia igual así. Solo de vez en cuando, si veo que la aguja pasa de los 70 km/h, le doy un pequeño aviso. No lo puedo evitar, porque él ya sabe que nunca me ha gustado correr con los vehículos. Por lo demás, si ya llevamos casi 40 años juntos –concluye Carmen, ahora sí, con una sonrisa bien abierta–, ¿cómo no nos vamos a entender con tan solo mirarnos?

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