Avia 2000, saborearlo sorbo a sorbo

Con José Rojo, Pepe el de Aranda, te ríes desde que empiezas a dialogar con él, ya sea sobre sus años locos por los circuitos de autocross (“Podéis publicarlo, que eso ya ha prescrito”), la restauración de su Avia (“¿Que qué le he hecho? Si te digo lo que no le he hecho, acabamos antes”); y hasta sobre cuándo conoció a su mujer (“A mí no me mires, Sonia, que te han preguntado a ti”).

Este burgalés de verbo aventajado está a punto de abrir el taller Mantenimiento y Montajes Avia 2000Arandinos, junto a su socio David Casado.

De pequeño siempre anduvo trasteando con su padre en Talleres Julián Rojo y Rojo Constructor, todo un referente en la reparación de remolques y semirremolques, que ha visto evolucionar este segmento desde la madera a la tauliner, pasando por la chapa.

También ha trabajado en un taller de mantenimiento industrial y, por ser, ha sido hasta camarero en un Área de Servicio, así que sabe de lo que va el oficio desde diferentes ángulos.

Si hay algo que no le da miedo a José, es echarle horas a su trabajo. Horas, a cientos… a miles, es precisamente lo que más le ha dedicado a este Avia, y así luce ahora, pues casi tres décadas recorriendo el norte con material de alfarería y durmiendo a la intemperie, a 50 metros escasos del Duero, lo tenían bastante castigado.

Bonita historia

Este Avia 2000 les fue regalado a Sonia y José por Domingo Martín, alfarero de Aranda de Duero. Estaba, en palabras textuales de nuestro protagonista, para hacerse paquete. “Si arranca, te la llevas –le dijo Domingo–”. Puso las pinzas de un Renault Express, un par de envites, y el Avia empezó a echar Avia 2000humo como un condenado.

Domingo tuvo que cumplir su palabra, y José su promesa: ponerla guapa y echarla a andar. Desvencijada por dentro, medio podrida por fuera y con agujeros hasta en los bajos, José Rojo le dedicó el mimo que sólo se le otorga a un gran anhelo durante un año sin parar, de octubre de 2008 al de 2009.

“Tuve que cortar bajos, empalmar con retales de chapa y sobre todo darle mucho a la lija. Acabé por comprar una lijadora, porque la fibra de vidrio es como el hormigón.

Con el motor no hubo tanto problema, pues su estructura es sota, caballo y rey; pero sí era difícil encontrar piezas, porque de estos propulsores salieron muy pocos en su día, en modelos como el jeep comando o el campeador, y evolucionaron muy rápido. Los vehículos industriales se gastaban por el trote y se tiraban”.

avia, 2000Nuestro protagonista se encontró algunas dificultades añadidas en la restauración del Avia de sus ojos. “Lo peor fue cuando al desmontar la bomba del agua se rompió una polea.

Para encontrar otra necesité Dios y ayuda. Al principio –rememora Pepe, bajo la atenta mirada de su mujer Sonia–, me dijeron que podía conseguir una, pero que tenía que cambiar el cigüeñal. ¿Qué solución era ésa? In extremis, me ofrecieron una por algo más de 70 euros”.

Según nos confiesa José, en Internet, y a base también de echarle horas, sueles acabar por dar con lo que buscas. “Lo más difícil de encontrar fueron los faros, pues con los que llaman europeos, con una bombilla gorda de 40 vatios, como haya un poco de niebla vas a tientas. Al final le acabé incorporando unos casquillos del R-11”.

Mantenimiento sencillo

Hace 4 días le ha cambiado al Avia 2000 los collarines de la transmisión y del cigüeñal, así como dado un repaso a la bomba del agua, manguitos y retenes. En Castilla y León, la matriculación como histórico ha subido hasta los 35 años, así que este Avia ha de pasar por la ITV cada 6 meses como vehículo industrial. “Yo eso lo veo bien, porque un vehículo tan viejo es bueno que te lo revisen cada poco. Además, a mí no me interesa matricularlo como histórico, porque yo trabajo con él, con mucho cuidadito”.

Cuando él y Sonia se aúpan a su Avia son felices. “De 90 raramente pasamos –nos dice Sonia–, pero en los puertos tienes el gozo de adelantar a todos los trailers”.avia, 2000

El 9 de junio nuestra pareja cumple su 6 aniversario de boda. Se casaron en una iglesia del pequeño Gumiel de Mercado (Burgos), donde hacía 60 años que no se celebraba una boda. A día de hoy, los días de ambos pasan tranquilos, trabajando y a la espera de que pronto suenen tambores de paternidad.

Pepe Rojo no se corta la melena, pero la cabeza sobre la que se aposenta sí parece algo más asentada que la de aquel chaval que, practicando autocross, quebraba Corsas, Ritmos, Furas, 124 y 127 en el circuito arandino de El Monte de la Calabaza. “Un asiento, un volante, un mallazo para el barro, dos barras y el casco de una moto. No necesitabas más. Nos llegábamos a juntar hasta 12 vehículos.

De un golpe salías por los aires y volcabas como la madre que te parió. Ponías otra vez el vehículo boca abajo, arrancabas y a seguir. Con 20 años está uno hecho de goma. Eso –cuenta Pepe, sin disimular cierto gesto de añoranza– está ahora prohibidísimo, y en parte lo entiendo. Eran otros tiempos, donde estábamos un poco locos y no te pedían permisos para nada”.

Ya veis cómo ha cambiado la vida de José Rojo, de quemar coches haciendo autocross hasta destruirlos a ir a 90 con su esposa en un viejo furgón, y reconstruirlo. La vida de este Avia 2000 también dio un giro de 180° cuando cayó en sus manos. Su antiguo dueño, Domingo, ya no está en este mundo para verlo, pero sí su mujer, que cuando lo vio tan rehecho y reluciente, un año después de regalárselo, no podía dejar de echar lágrimas: “Ay, Domingo –decía mirando al cielo–, mira qué bonita la han dejado. ¿Te acuerdas cuando íbamos a Santander, todo el día en ella, para vender tres botijos?”.

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