Autocar de 1970: De los que se ven pocos

Este Autocar pasó sus mejores días doblando su enorme lomo en Barcelona y el puerto de Tarragona. Transportó piezas de 300 y 400 toneladas para la firma madrileña, ya extinta, Transportes Modernos, hasta que entrados en la década de los 90, su notoria desmesura pasó de ser una virtud a un lastre para el trabajo diario.

Cerrada la compañía para la que trajinaba, y anquilosado por una obligada quietud, a este Autocar ya se le presumía rueda y media en el desguace cuando el padre de nuestro protagonista, de nombre también José María, le propuso a su hijo quedarse con él.

Corría el año 1999 y por unas 250.000 pesetas se llegó a un trato directo con el chatarrero. Lo que vino después se resume en darle muchísimas vueltas a la cabeza para devolver a esta preciosidad su lustre original.

“Yo tenía por aquel entonces dos Mercedes de 160 toneladas y trabajaba mucho para Transportes Modernos, así que cuando cerró la eautocar, 1970mpresa y se fueron deshaciendo de todo, también me vi tentado por otros camiones clásicos tan bonitos como éste –quién los pillara ahora, deben pensar muchos de nuestro lectores–, pero no me atreví con ellos y acabaron en la chatarra”.

En cierta medida, fue lógica la decisión de José María (Tona, Barcelona), pues combinar sus labores diarias como jefe de Transgranollers con su vocación restauradora le supuso muchas horas de lucha.

“Tardé más de dos años en acabar, y aún si quisiera tendría muchos meses por delante, sobre todo si me meto a fondo con el interior, al que sólo le he revisado la tapicería. Venía muy deteriorado de chapa y mecánica, así que lo fui haciendo por fases, para lo que conté con buenas ayudas de un veterano llamado Rafael, al que doy mi reconocimiento; así como del pintor José Corbacho. Ambos seguro que disfrutarán también mucho de este reportaje.

El proceso –continúa José María– era lento, porque yo siempre quise poner solamente piezas originales, por lo que pedía mucho recambio de América, e incluso desprendí mi Autocar de muchas piezas que, aunque estuvieran en buen estado, no eran originales. Te dejas pasta, pero ya que se hace, que se haga bien”.

Proveniente de América

Seguramente esa máxima de hijos pequeños, problemas pequeño; hijos grandes, problemas grandes podría también aplicarse a los camiones. El caso es que, según nos explica el propio José María, además de ser lento y gastador, este Autocar rompía con frecuencia el transfer y el grupo diferencial. “Supongo que –reflexiona– al haber poco recambio en aquella época, se acababan arreglando las averías de cualquier manera”.

autocar 1970Hoy, indultado ya de quehacer alguno, el mantenimiento de este camión le está encomendado a su padre José María, un hombre que a sus 75 años acude a nuestra sesión fotográfica para posar con su querido Autocar con un buen faria en la boca, como mandan los cánones (o al menos eso mandaban antes).

Este hombre, que se encarga de arrancarlo al menos una vez al mes, alberga en sus gestos las señales de quien lleva toda una vida currando y no puede resistirse a la tentación de pasar de vez en cuando por el taller de su hijo y contemplar en silencio cómo han cambiado los tiempos desde que él traficaba con ganado y tenía unos camiones con los que iba de la granja al matadero. “Tuve un Barreiros, un Pegaso 1.100 y un Ebro D450. Todos, menos el primero, acabaron desguazados”.

Con su padre, José María hijo se alimentó siempre, vuelta y vuelta, de valores humanos y maneras camioneras.

Bien debió aprenderse el camino, pues de conducir aquellos primeros camioncitos de su padre, pasó a concentrar sus afanes en un sector como el de los transportes especiales, hasta llegar a una actualidad en la que cuenta con una flota de 20 camiones con la coloración rojiblanca que distingue a Transgranollers y, por supuesto, también a nuestro Autocar protagonista.

Próximo pedestal

En breve se espera que las instalaciones de esta empresa se trasladen y amplíen a una sede más amplia y moderna, en la que este Autocar tiene su destino autocar, 1970asegurado en algún punto preeminente de la recepción, desde el que ganarse por la vista un respeto más que merecido.

Este Autocar no pasa por la ITV, así que si se ha de desplazar, puede subirse a una góndola… que no será por góndolas en Transgranollers.

“Estas cosas uno las hace por vocación, porque si te lo pones a pensar con la cabeza, seguramente acabarías no haciéndolo. Se trata de conciliar bien el corazón y el bolsillo.

Mi mujer Montse dice que estoy loco y que pierdo el tiempo, pero cuando ve el camión arreglado y bonito, se acaba dando por vencida y convencida. El otro día –cambia ahora la sonrisa por la carcajada– me ofrecía un hombre 9.000 euros por una DKW restaurada que tengo, con motor de dos tiempos de gasolina, preciosa, y me acabó diciendo mi mujer que como la vendiera me mataba”.

Este catalán de 47 años, que empezó muy pronto a trabajar para sí mismo con un Comet antiguo, al que siguió un Europa, un 1080 y un Comet nuevo, aplica un secreto personal que nos resume de una manera muy gráfica: autocar 1970“Trabajo mucho, y así tengo poco tiempo libre para gastar”.

Sentido del humor es evidente que no le falta, y eso que, aunque en la actualidad cuenta con 15 personas a su cargo, afirma que su manera de ser jefe es poder hacer en una misma jornada de mecánico, chapista, pintor, barrendero, oficinista y, si es necesario, delineante.

Eso sí, en lo único que se permite alguna alegría, además de la consabida restauración de sus vehículos, es en practicar uno de sus hobbies irrenunciables: los rallys.

Tanto es así, que hace unos pocos años adquirió un Ibiza Kit Car de los que en su día ganó el Mundial. Su Ibiza y su Autocar son para él velocidad y calma, atrevimiento y sosiego, el guepardo y el elefante, su yin y su yang. Con uno corre y con el otro planea. Con los dos disfruta.

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