Antonio Gijón, Operador de Transporte

En plena temporada de esa guirnalda mediterránea cuyo color ambarino alegra el paisaje peninsular, el lema de Antonio Gijón, Operador de Transporte no es otro que “corre, corre, corre”. Esto no significa que las tractoras de esta empresa granadina ubicada a las faldas del valle de Lecrín, en los alrededores de Sierra Nevada, intenten romper la barrera del sonido por las carreteras. Para eso, ya tenemos bastante con el loco del salto estratosférico.

Antonio GijónSimplemente lo que quiere decir esa frase es que, cuando llega la temporada de la naranja, que suele ser a partir de septiembre, en Antonio Gijón están más que preparados para asumir un buen surtido de desplazamientos. “Es siempre correr y dar viajes. Un camión puede dar, en una campaña normal, una media de cien viajes, ida y vuelta. Ahora porque hay que ir bien de disco, pero antiguamente un camión mío hacía eso”, nos cuenta Raúl, uno de los hijos del fundador de esta pequeña taifa logística.

“Vamos”, añade con su gracejo andaluz, “que no se le enfría el aceite a los camiones”.

La relación de esta empresa con el citado cítrico viene de lejos; más concretamente, de los tiempos en que un españolito de a pie podía adquirir camiones con relativa comodidad y sin riesgo de que lo echaran de su propia casa. Antonio GijónMi padre empezó de chófer con 21 ó 22 años, compró un Pegaso 170 con la tarjeta y con todo, luego compró un Pegaso 260 de Aguas de Lanjarón de segunda mano y ya en Madrid compró un cuatro ejes, y ya ahí comenzó la marcha. Compró un Pegaso Comet, luego un Tecno…”.

“Entonces lo que llevaba mi padre era naranja a granel, que es lo que ha levantado a esta empresa, hablando claramente”. Y, si tenemos que mencionar algún nombre “salvador”, tenemos que referirnos a Frutsol, una compañía levantina a la que debe mucho de su presente la familia Gijón, tal y como nos reconoce el propio Antonio, un hombre que, a sólo dos años para la jubilación, no le hace ascos al movimiento. Es más; nos confesó que, de vez en cuando, coge el camión y se va a Motril a cargar. Las fotos que le hicimos con el toro también dan fe de su jovialidad.

Antonio Gijón“Frutsol daba mucho trabajo en Sevilla y Huelva con las naranjas con destino a Valencia y eso hizo que compráramos muchos camiones a la fuerza para poder sacar el trabajo”. Después de los vehículos mencionados antes, vinieron los primeros Iveco y, seguidamente, los Renault, DAF, Volvo y Scania; una marca, la escandinava, que parece haber hundido su flecha en el fondo del corazón de los administradores. “Scania es el mejor camión que hay, lo diga quien lo diga”, sentencia Raúl Gijón.

Total, que, fruto de la actividad con la naranja, Antonio Gijón y sus hijos han sido capaces de juntar 25 tractoras y nada menos que 28 remolques: diez frigoríficos y el resto, lonas. En uno de esos camiones, y para ser más exactos en “un Volvo 500 de los nuevos”, como dice el propio protagonista, se monta semanalmente, y a veces a unas horas que no están hechas para los humanos, Francisco Manuel Guerrero, un joven de 33 años que hizo de cicerone para Solo Camión en la visita que hicimos a las instalaciones.

En un día normal y corriente, sería difícil encontrar a Francis por Granada. “Ahora, desde septiembre hasta mayo, dura la temporada de la naranja y nuestra tarea suele consistir en llevarlas o bien desde Huelva a Valencia o bien salir y hacer internacional. Yo a veces voy con frigo hasta Holanda o hasta Inglaterra y luego echo otro viaje en Francia”.

Antonio GijónLo bueno, dentro del descalabro que supone pasar varios días sin ver a los suyos, es que en Antonio Gijón toman en consideración los turnos que hace cada uno. “Siempre se intenta que los retornos desde el extranjero lleguen hasta abajo para que podamos estar dos días seguidos en nuestra casa y, si no se puede, se hace un cambio con otro conductor”.

Junto a la naranja, los otros productos estrellas con los que operan los camiones de Antonio Gijón son las placas de yeso y de cemento comercializadas por Knauf, una empresa alemana que tiene un centro de producción en Granada, y el papel, gracias a la colaboración que mantienen con Torraspapel, una compañía de la que salen al año más de un millón de toneladas de papel estucado, celulosa y otros papeles especiales. “Se trata”, nos explica Francis, “de cargar en la fábrica que está en Motril e ir a cualquier punto de España, a cualquier gráfica o imprenta”.

Instamos a nuestro entrevistado a elegir entre naranjas y papeles y no lo duda ni un momento. Prefiere, para su seguridad, la segunda opción. “Tienen más peligro las naranjas porque tienden a moverse más y tienes que echar cintas y ángulos de hierro para mantenerlas en su sitio. Como entres deprisa en una curva, se te pueden ir en cualquier momento”, asegura.

Antonio GijónO incluso puede llegar a ser peor. Que el que se vaya despedido sea el transportista. Es lo que le pasó al entrañable Antonio Gijón en uno de sus viajes. Con un Barajas caímos al mar en La Rábida. Yo iba con otro chófer y, gracias a Dios, no nos pasó a ninguno nada. Sólo a él alguna costilla hundida, pero en mi caso creo que caí en un colchón que me tenían preparado allí los ángeles”, rememora riéndose este veterano de la carretera.

Desde luego, dado el poder que tiene la naranja en la empresa, casi todas las historias que se relatan aquí están teñidas de este color. Raúl, que ahora ha cogido el mando de esta empresa familiar junto a su hermana Mari Carmen, también se acuerda de un incidente con sabor a gajos.

Antonio Gijón“Un viaje cargamos de Tarragona para Huelva plantas de naranjas. Era tierra. Llevaba una semana apenas con el carné, me cargaron el camión y, cuando llegué a la báscula a pesarlo, la báscula no me daba el peso. Resulta que me habían cargado de árboles y como eran tantas las porras de tierra que llevaba, tenía el doble de la carga normal, 60.000 kilos, y tuvimos que descargarlo todo otra vez. Aquello fue un caos”.

Anécdotas infortunadas aparte, lo que es incuestionable es que la naranja -y no sólo la transportada para Frutsol, sino también para la empresa granadina Juan García- ha sido la gran culpable de que, hoy por hoy, este operador se haya consolidado como uno de los punteros de su provincia.

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Su ámbito de acción se mueve sobre terrenos complejos que exigen fiabilidad. Por eso esta empresa mallorquina fundada en plena posguerra apuesta por equipos modernos, nuevas tecnologías y el respeto a una tradición de más de setenta años.

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