Adrián Fernández y su Volvo FH13 500; “el crío ha comprado un camión”

Hay terminologías domésticas que, por más que pase el tiempo, para un padre rezan siempre desde la entraña más íntima. Su hijo Adrián prometió llevarle el camión a la puerta de casa o del hospital en cuanto llegara de Suecia, pero cuando el Volvo aún se encontraba en Irún, Luis falleció. “Siempre que le iba a ver me decía: Nene, que ya nos queda un día menos. Era su ilusión. Yo Decorado Volvo Adrile llevaba catálogos de otros modelos al hospital para que me ayudara a elegir, pero en cuanto vio este Volvo se cerró en banda y ya no quiso ver más”.

Nos topamos con un hombre encogido por la emoción, apenas comenzada nuestra entrevista en un restaurante familiar, pero que pronto alza de nuevo el gesto para imitar la voz de su padre: “Este Volvo. Lo tengo claro. Pero se fue, con delicadeza, a pocos días de poderlo haber visto. En su entierro, con el pueblo lleno de gente, es cuando se me ocurrió la idea de decorarlo con la imagen del ave Fénix, metáfora del resurgir constante de las esencias que mi padre representaba”.

Un 2 de enero llegaba este Volvo a España. En ocho días nuestro protagonista, nacido en Viveda (Cantabria), quería tenerlo listo para salir a batallar. Con los Reyes Magos mediante, Antonio Polanco se puso en ello a fin de materializar, a mano alzada, todos los bocetos que en semanas previas habían ido viendo la luz.

Decorado Volvo AdriLos caballos alados son, como cualquier entendido puede suponer, un homenaje a la marca Pegaso. Pocas coartadas le hacen falta a un camionero español para honrar a los Pegaso, pero hay una que en Seila, esposa de Adrián, es personal e intransferible. Su padre, Santiago, fallecido en 2006, condujo toda la vida Pegaso, así ella recuerda esos camiones en casa desde que era una chiquilla.

La pesadilla de cualquier pintor es tener a su mecenas echándole el aliento en el cogote, pero el bueno de Adrián no podía evitar visitar el taller de Polanco cada dos por tres. “No lo hacía para presionar – recuerda ahora riendo–, pero reconozco que sentía curiosidad por ver cómo avanzaba la obra. No obstante, como bien sabe cualquiera que merodee por el mundo del transporte, un autónomo bien poco puede permitirse tener el camión parado. Polanco es un maestro que, echando un café, es capaz de desplegar buenas ideas sobre una servilleta. De esos ratos salió el dotar de unos tonos rojizos el cielo, o colocar los nombres de mis hijos sobre el logo de Volvo”.

El concepto general estaba claro, pero a la hora de concretarlo es cuando se advierte si uno es experto o no en aerografía. “Yo Decorado Volvo Adriveía que con las nubes la obra corría muy rápido –sigue riendo– , pero cuando sombreaba o se detenía en algún detalle del color, eso no avanzaba. Me ponía malo y me tenía que acabar yendo. Ahora veo el resultado final y lo entiendo todo”.

Nunca hubo para Adri juguete alguno que rivalizara con una flauta clavada entre dos cojines (el cambio), un banco de coser (los pedales) y una caja de galletas (el volante). El pequeño de Viveda fijaba siempre la mirada en el cambio de marchas del autobusero, así que sabía perfectamente cómo manejar su palanca y sus curvas imaginarias. ¿Un poco loco? Por supuesto. Y pobre del que no lo esté para abordar nuestro oficio.

Su padre, que había perdido a los 27 años una pierna en la mina, lo llevaba cuando podía a la misma. Adri flipaba con los dúmper, así como en los talleres y las salas de máquinas. Con 12 años tuvo su primera Vespino, que su padre le dejaba conducir sin carnet, a condición de ir detrás de él y con el casco puesto. Tenía tanta fiebre por conducir, que cuando estaba con sus tíos, les ofrecía lavarles el coche a cambio de que estos le dejaran las llaves para poder llevarlo unos metros.

Decorado Volvo AdriA los 15 años, por fin, consiguió trabajo de repartidor en una moto, por 30.000 pesetas al mes (180 euros), mientras remontaba el último trecho de la ESO obligatoria.

En el camino hasta el Volvo actual, nuestro cántabro se ha bregado con dúmper, furgoneta, portacoches, grúa y hasta con un vehículo bautizado “camioneto” (un Citroën con caja trasera), con el que ejercía tareas de mantenimiento para el Ayuntamiento de Polanco.

Un transportista autónomo fue el que finalmente, al jubilarse, le brindó el relevo, al venderle su Volvo 460 y pasarle toda su cartera de portes. “Tenía mis reservas para convertirme en autónomo antes de los 30, pero la ocasión que se me presentaba podía no repetirse. Con mi título de transportista he conseguido afianzarme en Global Steel (Grupo Celsa), donde cada autónomo tenemos asignada una zona. La mía – nos explica– comprende Asturias, País Vasco y Burgos. El 460 casi Decorado Volvo Adrirondaba los 2 millones de kilómetros, y decidí cambiarlo. El resto de la historia ya la conocéis. Mi padre señaló con su dedo este Volvo FH13 500 y no hubo más que decir”.

Si a Luis y Santiago, padre y suegro, van dedicados los grabados de este decorado, Adrián manifiesta un leal y perseverante deseo de dedicar este reportaje a una gran amiga, recientemente fallecida, a una edad en la que, y por mucho, no le tocaba aún. “Yoli era alegría en estado puro. Compartíamos nuestra afición por los dardos y por el Gimnástica Torrelavega. Éramos –concluye, aparcando por una vez su sonrisa – más que familia. Su ‘descordura’ se echa muchísimo de menos”.

Decorado Volvo AdriEste Volvo decorado está a punto de cumplir dos años, pero Adri no ha bajado nunca la guardia en su cuidado. Es más, al margen de la decoración, nuestro cántabro gusta de atender toda su guarnición ornamental: focos, barras, cortinas, cubre-motor, cromados, fundas, etc. “Manuela, mi suegra –vuelve a la cara su sonrisa–, me pregunta siempre el precio de cada cosa, para decirme que con el dinero que me gasto en esto o aquello podría comprarme eso o aquello otro”.

A Manuela se le podría recordar el chiste de aquel que decía a un fumador: “Con lo que gastas en tabaco, ya te habrías comprado un Ferrari. ¿Tú fumas? No . ¿Y dónde está tu Ferrari?”. Lo que viene a avalar la idea de que finalmente uno escoge dónde emplear todo aquel dinero ubicado fuera del lindar de las necesidades básicas.

Decorado Volvo AdriCuando a Adrián Fernández le pide cualquiera en un área de descanso el poder fotografiarse con su Volvo decorado, o acude con este a Torrelavega, Pola de Siero u Hoznayo, y más de la mano de Seila, o sus hijos Xael y Sofía, no hay ser más feliz que él.

¿A quién si no se le pueden abrir las puertas de Santillana del Mar, un conjunto histórico bello como pocos en España, para que por sus empedradas calles, entre colegiatas y palacios, transite su camión, a fin de ilustrar un reportaje como este? Sin duda, a alguien, para grata sorpresa de muchos turistas, con un decorado que no desentone con la belleza circundante.

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