Accitania, 20 años en la campaña de la uva

Hace algo más de dos décadas que Enrique Casado se impregna de olor a uva durante el mes de septiembre. Habitualmente trabaja haciendo transporte por Cataluña, España y Francia con el puerto de Tarragona como punto de carga habitual —carbón, clínker y cereal, principalmente—, pero cuando arranca la vendimia, la rutina cambia drásticamente y todos los esfuerzos de Accitania —así se llama la empresa familiar— se dirigen a la Accitaniarecogida de la uva. Cambia la actividad de la flota —durante esas cinco semanas, cuatro de sus nueve vehículos trabajan exclusivamente cargando uva—, pero también cambia la actividad en casa. Los Casado viven en Banyeres del Penedès, rodeados de campo, camiones y una enorme nave. Lo hacen en comunidad: son Enrique, su mujer y gestora de la empresa, Celestina; los tres hijos del matrimonio, Eric, Sergio y Esteban; un sobrino, Kevin, y muy a menudo una sobrina más, Mónica.

La vendimia fuerza a recombinar horarios. Es una época dura y exigente, por eso la familia arrima el hombro. Las particularidades de algunas variedades de uva hacen que la vendimia se haga, en ocasiones, por la noche, cosa que fuerza a los transportistas a desplazarse hasta los cargadores durante la madrugada. Algunos tipos de uva delicada —como el Chardonnay— se oxidan muy rápidamente cuando el calor aprieta, así que no queda otra que robarle horas de sueño a la cama: “Ayer, por ejemplo —cuenta Enrique—, llegué a la bodega a las tres de la mañana. Había seis camiones, unas 130 toneladas de uva, y eso significa que has de esperar entre 5 y 6 horas para que te carguen”.

AccitaniaEnrique confiesa que tener a sus hijos conduciendo facilita mucho las cosas. No es un trabajo que cualquier chófer se preste a hacer. Sergio y Esteban viajan con sendos Scania; Manolo, uno de los hermanos de Enrique, aparca su trabajo habitual para pedirse vacaciones y echar una mano a su familia en septiembre con otro vehículo; y Enrique va haciendo de comodín con un tauliner para trasladar la uva en boxes, cajas de plástico con capacidad para algo más de un centenar de kilogramos. Si bien lo habitual es hacer el porte en bañeras con la uva amontonada, hay calidades específicas que requieren un transporte más especial en estas cajas. “Hacemos dos viajes diarios con la uva por camión. Seis días a la semana —el domingo no se vendimia—, tres camiones. Si eso lo multiplicas por unas cinco semanas de trabajo, te salen 180 viajes por campaña. Y yo, con el tauliner y relevando al resto para cumplir con los descansos”. Aquí nadie para. La vendimia está marcada en rojo en el calendario de los Casado desde hace más de 20 años.

La época de vendimia reestructura la vida de esta familia. Es así desde que hace 23 años Enrique fundó Accitania. Era la tercera empresa que montaba nuestro entrevistado. Siempre había estado relacionado con el mundo de la construcción y a la tercera aprendió que diversificar era vital. La crisis y varios Accitaniacobros pendientes mandaron al traste sus anteriores aventuras empresariales —hasta perdió el piso—, pero volvió a levantarse, él y toda la familia, y nació Accitania (con ese nombre se conoce también a la comarca granadina de Guadix, de donde es originario Enrique), y con ella la recogida de la uva.

Desde los inicios de Accitania, Enrique trabaja para Lodial Serv, el intermediario que organiza la logística del transporte de Bodegas Torres. “Contratan a cerca de 15 camiones durante la primera fase de recogida, del 28 de agosto al 3 de septiembre, y a partir de ese día ya somos, entre bañeras y camiones pequeños, unos 40 vehículos”, explica nuestro entrevistado, todos trabajando para nutrir los depósitos de Torres. “Transportamos, entre todos, cerca de 700.000 kg de uva al día, o lo que es lo mismo: 40 millones de kg durante toda la campaña”. Con razón todo se para cuando toca vendimiar. Y es así desde que los niños eran pequeños. Celestina recuerda que durante los primeros viajes de la uva se montaban Enrique, ella y los tres pequeños en un Mercedes diminuto, cargados de tortillas de patata, jamón y embutido, a hacer la campaña. “Enrique y yo dormíamos en los asientos y los tres niños en la litera”, explica Celestina entre risas. “Entonces teníamos 29 años y aguantaba todo”, añade Enrique.

AccitaniaEric, Sergio y Esteban, de 28, 23 y 21 años, respectivamente, han mamado transporte desde la cuna. Eric, con solo cinco años, ya maniobraba los camiones de su padre para colocarlos sobre el foso del taller. Y Enrique, contento con el ayudante. Los otros dos hermanos crecieron haciendo lo que hacía el mayor y, como no podía ser de otra manera, terminaron al volante: Eric, “scaniero a matar”, según su padre, pilota un R500; Sergio trabaja en su Volvo FH16 580 CV y Esteban, que acaba de sacarse el carnet, con un R580 comprado en Holanda de segunda mano. Los tres sonríen en cuanto hablamos de camiones. “Anda que no he hecho justificantes para la escuela cuando había campaña”, reconoce Celestina.

Durante estas semanas, Lodial es el principal cliente de Enrique, lo que significa sacrificar, aunque mínimamente, al resto de los clientes del año. No se les abandona, obviamente. Eric sigue con la faena fuera de la uva, especialmente con el cereal, más dos chóferes que continúan con el transporte general. Pero tres camiones más el comodín de Enrique están a disposición de la vendimia 24 horas al día. Eso sí, el sacrificio tiene su contrapartida. “Yo he sido siempre claro con ellos desde el primer día –explica Enrique–. Yo vengo a hacer una campaña para facturar como mínimo un 30 % más que en mi faena habitual, porque los esfuerzos están fuera de lo normal. En tiempos de conducción no, pero en esperas, sí. Con mi trabajo normal, haces tu faena y te puedes retirar pronto, a las 4 de la tarde ya has parado si quieres. Pero aquí, te has levantado a las 6 y son, quizás, las 2 de la noche cuando te metes en la cama. Por eso pido, como mínimo, facturar un 30 % más”.

Fruta específica, logística adaptada

AccitaniaLas rutas habituales en campaña viajan por los viñedos del Penedès (D.O. Penedès), como en Verdú, Santes Creus, L’Anoia o Cabra del Camp. Sin embargo, también ponen rumbo al resto de la comunidad (D.O Cataluña). Los límites están en Batea —donde nos encontramos hoy haciendo el reportaje—, en el límite entre Tarragona y Teruel; o en Garriguella, en Girona, a solo 8 km de Francia. En Lleida, los camiones de Accitania recogen uva hasta Almacelles, cerca de Huesca. Muchos kilómetros y poco tiempo. “El resto de las empresas ya saben que este mes me dedico a esto –cuenta nuestro protagonista–. Quieres mantener a los clientes con los que llevas tanto tiempo, lógicamente, pero nosotros tenemos también que aprovechar este trabajo extra”.

Para llevar a cabo ese trabajo extra que se concentra en apenas cinco semanas, Enrique cuenta con tres bañeras y un tauliner. Las bañeras se dedican a otro tipo de transporte Accitaniadurante el resto del año, por eso, cuando llega la época de la vendimia, toca también pintar el interior con un producto especial homologado para el transporte de la uva. Igualmente, y en busca de mejorar la seguridad, las bañeras se equipan con un doble fondo: una rejilla que hace de filtro y separa el grano del caldo, que queda abajo y minimiza el movimiento de la carga. “A veces llevamos un 60 % de la carga en forma líquida – explica Enrique–. A 80 km por hora eso es una dificultad añadida. Conducir se hace difícil y ha habido más de un problema grave”.

Dejamos a los Casado a las 9 de la noche. Los tres hijos ya están en casa, aunque alguno de ellos todavía anda debajo del camión haciendo puesta a punto para el día siguiente. A Celestina le toca ir a buscar el pan para la cena y Enrique, que lo dejamos después de comer, aún no ha aparecido. La uva manda. No hay horario.

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Jose Mari Iriarte comenzó su actividad en el transporte con su padre. En los 44 años que lleva en la profesión ha pasado de poseer un Pegaso Europa 170 a regentar una gran empresa con actividades en lugares tan diversos como el País de Gales o Polonia.

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