El Pegaso 1098 de Sergio Vergara

Nunca ha sido camionero, pero toda la vida lo ha soñado. Con 7 u 8 años, cuando la mayoría de sus amiguitos iban a darle pelotazos al balón nada más acabar las clases, Sergio se iba con su tío Manolo, que le esperaba en la puerta del cole en Sils (Gerona), con sus Pegaso Super Comet o el posterior Barreiros 4220, para acompañarle en sus recados por Barcelona. A la madre, Cinta, no es que le hiciera mucha gracia, pero al lado del tío Pegaso Sergio VergaraManolo, que a día de hoy ya volvió a su Andalucía, nada malo le podía ocurrir.

Conservar hasta la vejez el espíritu de aquel niño entusiasmado es una de esas riquezas que no salen de cajero automático alguno. El azar puede adoptar muchas formas que en un modo u otro determinan nuestra vida. Nuestro protagonista nació hace 27 años en Palma de Mallorca, por una simple eventualidad relacionada con el trabajo de su padre.

Pero es otra casualidad en la vida de Sergio la que más casa con lo que atañe a nuestra revista. Un buen día se topó con un Pegaso 200 restaurado y se quedó petrificado ante él. Segundos después, salía de un restaurante el propietario del mismo, un tal Jordi Ros (SOLO CAMIÓN, nº 255), y Sergio se armó de valor para entrarle a pecho descubierto.

Pegaso Sergio Vergara“Me dejó arrancarlo, sin conocerme de nada, y me trató fenomenalmente. Nunca podré olvidar esa generosidad. Una palabra define plenamente su camión: impecable. Con el tiempo, y ahora que tengo yo mi propio Pegaso, mi amistad con él está muy bien cimentada en torno a nuestra afición común, y se asienta en la página de Facebook classictruck’s.cat, donde convergemos grandes amantes de los clásicos de esta zona como el propio Ros, Iván Pou, El Chorrina, Joan Garrel, Jordi Díaz o el Sebas, por sólo citar algunos nombres. La primera concentración a la que llevé mi Pegaso –recuerda– fue en Torrelavega, no sin cierto pudor por el nivel que allí se maneja, pero me sentí acogido enseguida en la familia. Es un mundo especialmente afable éste de los clásicos, y aunque soy muy joven aún, eso es algo que se percibe a la primera”.

Al ir cada día a su antiguo trabajo, a Sergio siempre se le iban sus claros ojos a una empresa de corcho y madera que albergaba en su campa este Pegaso, visiblemente deteriorado, con una cuba de agua para la prevención de incendios. Al habilitarse nuevos protocolos para estos menesteres, nuestro joven llegó a un acuerdo económico con el dueño, que le confesó que al menos hacía 10 años que dicho Pegaso no se movía. A pesar de lo dicho, arrancó y se subió casi de un brinco a la góndola.

Un proceso gradual

El primer paso de la restauración que Sergio iba a emprender estaba muy meditado: suprimir la cuba acoplada, pues sobresalía un par de metros por detrás. Lo demás, a buen paso, pero sin marcarse fechas, pues sus turnos laborales (siete días seguidos de trabajo, Pegaso Sergio Vergarapor tres de fiesta) no son de los que permiten compromisos inamovibles.

Restauro según mis posibilidades, y sin estirar nunca más el brazo que la manga. Tengo mucha paciencia y eso me ayuda –una virtud que le agradecemos especialmente, pues bien sabemos que pasaron más de 4 meses desde que lo fuimos a visitar a Sils para elaborar este reportaje–, porque mi forma de restaurar es a base de desmontar y mirar. No he estudiado nada relacionado con esto, y al principio sólo pretendía un lavado de cara general, pero cuando empiezas a desarmar y desarmar el camión, llega un momento en el que ya no hay vuelta atrás. Mirando en Internet, en ocasiones te sale mejor comprar un Comet viejo entero que ir pillando pieza a pieza.”

“Por supuesto que he gastado más en su restauración que en lo que me costó de primeras. La cabina es la que más trabajo me dio, pues tuve que cortar mucha chapa y hacer trozos nuevos. En ello me ayudó mucho Andrés Gordo, el padre de mi antigua novia. Mis padres, sin embargo, intentaba que no lo vieran mucho cuando estaba todo despiezado. Lo tenía debajo de un porche y guardaba meticulosamente cada día las herramientas… je, je. Cuando lo tienes ya a punto, el mantenimiento ya es por suerte algo más sencillo y rutinario”.

ITV cada 3 años

Al estar este Comet 1098 de chasis corto, con una tara superior a las 7 toneladas, matriculado como histórico, la periodicidad en la inspección técnica es menor. El seguro, por otra parte, es de igual valía que el que se paga por un coche clásico. En la ficha técnica de Pegaso Sergio Vergaraeste Pegaso figura como camión basculante, y es que antes de llevar acoplada una cuba, había ejercido con volquete. De tal manera, Sergio tuvo que cambiar la caja fija que le había acoplado en un principio a su vehículo, si es que quería matricularlo como histórico.

Para ello tuvo que hacerse con otro Pegaso volquete, con la bomba, pistones y todo el sistema. “Ahora ya está, y me encanta sacarlo para alguna concentración o simplemente ir con él a almorzar un fin de semana por ahí. Trabajar con este vehículo tenía que dejarte hecho polvo, como explican algunos veteranos en esas rutas de la memoria que tanto me gustan, pero si lo tienes por gusto, como es mi caso, es un placer. Cuando la gente lo mira y me pregunta por él, se me llena el corazón de orgullo. Aquel loco pequeñajo que iba con su tío Manolo a todos los sitios sentado en medio del capó siempre seré yo. El sonido de un camión clásico será siempre el que mejor puede evocar mi infancia. A Gloria, mi novia –se le ablanda el gesto–, no le gustan los camiones tanto como a mí, pero me apoya en mi afición, y eso es algo también muy esencial en mi vida”.

Pegaso Sergio VergaraSergio suele decir de sí mismo que, por su afición, es como si hubiera nacido en la época equivocada, pero Santos, su padre, le recuerda que ahora tendría entonces más de 50 años, para quitarle así tal reflexión de la cabeza.

Dejamos la lonja de Sergio Vergara echando un último vistazo a su museo particular, con un Iveco Turbostar 48, un Barreiros Dodge 350 o una furgoneta Sava por restaurar. “Me voy a tener que aplicar en la faena –nos dice riendo–, porque sé que cuando vengan los hijos ya no va a ser lo mismo eso de administrarse las horas”.

Si nos da tiempo de hacer el reportaje de otro de tus restaurados antes de que eso pase, te felicitaremos por ello; pero, amigo, si no nos lo diera porque eso ha pasado, ten por seguro que la felicitación sería doble.

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