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Túnez, la caída de una dictadura

Desde que el ex presidente Ben Ali salió del país para refugiarse en Arabia Saudita, Túnez está sobresaltada. Delante de nosotros, la carretera enfila en línea recta a través del Sáhara. A ambos lados del asfalto, algunos camellos famélicos observan pasar los vehículos con mirada de desprecio a todo Túnez transporteaquel que se acerca más de la cuenta. Con las manos firmes en el volante, fumando cigarro tras cigarro, Abdi con el oído centrado en el aparato de radio pero sin quitar la vista a la carretera. 23 años de dictadura no se olvidan a golpe de varita mágica, y los habitantes temen por su futuro. Según los acontecimientos acaecidos tras la caída del dictador, Abdi prudentemente ha guardado su camión en la cochera de su casa, esperando que todo se calme, puesto que numerosos comercios, distribuidores de dinero y supermercados han sido saqueados, incluso,pequeños tenderetes de venta de frutos secos y tabaco.

Su camión es un viejo y fatigado Scania, en el que la pintura ha perdido su color original, consecuencia de la inclemente solana que suele azotar el país y el desierto sahariano. Aunque, según él, es el más fabuloso del mundo, puesto que le permite a él y a su familia vivir. Abdi ahorró durante largos años, con la ayuda de un hermano que emigró a Francia, y pudo lograr el sueño de su vida siendo el propietario de su propio camión. Su estatus social cambió al instante, porque en su país hay una diferencia abismal entre un chófer asalariado, que gana un centenar de euros al mes, y ser el patrón, al que los ingresos se le multiplican por 10. Las rutas hacia Libia o el gran sur sahariano siguen la misma regularidad que un reloj. El trabajo no falta para todo aquel que es propietario de su propia máquina.

Túnez transportePero hoy Túnez, que representaba uno de los más estables del Magreb, se ha desintegrado en un abrir y cerrar de ojos bajo la revolución. No hace demasiado tiempo, a un diplomado universitario sin trabajo, que vendía frutas y legumbres sin permiso, la mercancía le fue confiscada por la policía municipal. El joven muchacho, desesperado, se quemó, imitado algunos días después por otro sin empleo que se electrocutó con la ayuda de algunos cables eléctricos. Estas escenas se repetían constantemente durante el último período dictatorial. “Es el paro y la miseria quienes son los responsables de este caos”, explica Abdi, “no sirve de nada formar a los jóvenes si éstos después no pueden encontrar un trabajo”. Le preguntamos si sus tres hijos han terminado los estudios. “¿Y para qué? Muchos chavales de mi entorno fueron a la universidad para ser ingenieros o abogados, pero no les sirvió de nada. Aquí les llamamos ‘muristas’, porque se pasan los días apoyados contra un muro soñando partir hacia Europa.” En Túnez, los menores de 30 años representan el 75 % de la población. Ben Ali estaba sentado sobre una bomba de relojería y no se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde.

Un reino de terror

Nada hacía presagiar una revuelta como la que sucede en la actualidad; los cuerpos de seguridad, colocados a dedo por el ex dictador, eran de una eficacia Túnez transportetemible. Justo una semana antes de los primeros sucesos, llegué al país, a través de la costa de la Goulette, al gran puerto de Tunis, donde fui retenido por policías vestidos de paisano. Los extranjeros son bienvenidos a Túnez, siempre y cuando permanezcan en los lugares turísticos designados para ellos, como Djerba o Monastir. Después de un corto interrogatorio pero firme, pude dirigirme a las playas de arena blanca. Pero esta educación y cordialidad de fachada, reservada para los extranjeros, es totalmente desconocida por los tunecinos. Por haber pasado toda su vida sobre la carretera, Abdi conoce bien las prácticas de la gendarmería. “La policía es la cangrena de nuestro país”, asiente, “nos pisan por todos lados. Ellos pueden hacer todo lo que les parezca, porque saben que nada podemos hacer contra ellos. Sólo ayudan a los poderosos y hacen su agosto a costa de los pobres. Además, se les puede ver en terrazas de cafés con bonitas jovencitas, de las que podrían ser sus padres. Verdaderamente, espero que, a partir de ahora, todo cambie y el nuevo Gobierno sepa gestionar el país.”

Un sistema mafioso

Si la policía era la cangrena de la sociedad tunecina, la corrupción era el cáncer. Hay algunos días en que pronunciar en público el nombre de Ben Ali provoca miradas bajas y molestas sonrisas. Pero, con la revuelta, las lenguas por fin se sueltan y cada uno deja ir su cólera después de largos años de Túnez transportefrustraciones. Abdi, a pesar de su sonrisa y su gentileza natural, está particularmente animado, “la corrupción cotidiana nos ha podrido la vida” afirma, mientras echa un vistazo por el retrovisor para comprobar que nadie le sigue ni le escucha. “Era necesario ofrecer ‘donativos’ para conseguir una cama en un hospital, para colocar los niños en el colegio, para obtener más rápida una mercancía o para realizar el paso por la aduana del puerto de la Goulette. Por el contrario, quien poseía buenos contactos, podía vivir al margen de la ley y con total impunidad”. Estos últimos años Túnez no era un estado militar, más bien se había convertido en un estado mafioso donde todavía prevalecía la diezma (tributo del 10 % que pagaban los mercaderes por cada transacción portuaria al rey). Se estima que el clan de Ben Ali estaba relacionado con más del 40 % de la economía del país.

Por otra parte, en primera instancia Abdi deberá invertir en un segundo camión para que su hijo mayor pueda trabajar con él, pero teme ampliar el negocio y que “la familia” reclame su parte. Así que primero le devolverá a su hermano residente en Francia la parte que aportó, para mayor seguridad. Los dos hijos siguientes… está por ver el futuro que les espera con el cambio político.

Una difícil transición

Túnez transporteEn un restaurante plantado al borde del asfalto de la carretera -donde el viento barre sobre el desierto, y el Sáhara se extiende hasta el infinito, y la sala del restaurante está decorada con pinturas representativas de camellos y palmeras, un exotismo destinado exclusivamente a los turistas- dos chóferes de rostro fatigado toman una taza de té en silencio. En el parking, sus camiones parecen derrumbarse bajo un cargamento típico de la región. Es la estación de la recolecta de dátiles, y numerosos camiones con base en el sur hacen el transporte entre los oasis saharianos y las grandes ciudades costeras. Una labor estacional de varios meses que no debe desperdiciarse. Hay un breve instante de pánico, Abdi ha visto una foto del dictador en una portada de un periódico, y, por unos breves instantes, ha retrocedido en el tiempo. En el televisor, enganchado a un muro, se ve una escena surrealista. Una excavadora, circulando a relativa velocidad por una autopista, monta en su pala un Ferrari de uno de los miembros del clan del antiguo dirigente. A los mandos de la máquina, un chófer que, mientras conduce, responde las preguntas de un periodista que marcha a su lado en otro coche. “No estoy loco”, vocifera para hacerse entender, “después de todo, no hago más que recuperar lo que nos robaron. Es nuestro dinero”.

Túnez transporteLos tres chóferes presentes en el salón del restaurante sonríen ligeramente. Desde la expulsión del régimen, la televisión muestra escenas de pillaje en todo el país y sobre todo muestra que el país está sumergido en un enorme caos. Asimismo, si Ben Ali era odiado por sus compatriotas, garantizaba un buen crecimiento económico y el integrismo religioso como lo podemos ver en Argelia o en Egipto. Es la razón por la que éste se había mantenido en el poder hasta estos días, con el beneplácito de los países occidentales. “Hoy tenemos un país por reconstruir”, grita uno de los chóferes, “y los políticos no tomarán el poder a la ligera, porque el pueblo es demasiado inteligente para caer en la misma trampa”.

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