El Pegaso 1061, homenaje a “El Tonet”

Llevaba unos años nuestro amigo Jordi Ros dándole vueltas al álbum de fotos de su padre. Recuerdos en blanco y negro de sus camiones, de sus viajes, de la familia. Entre páginas y páginas de instantáneas, nuestro protagonista se detenía y contemplaba una fotografía más que ninguna. Se trataba de un Pegaso 1061, un Cabezón cuyo significado era para él muy especial. “Es el camión que más recuerdo. Tenía unos 8 años y en cuanto acababa el cole me subía a su cabina, incluso hacía novillos para acompañar a mi padre. Era feliz haciéndolo, sobre todo en los viajes a Madrid con el aluminio”, rememora Jordi.

Pegaso 1061

Una vida camionera

Tercera generación de camioneros, nuestro protagonista vive con máxima intensidad su trabajo. “Es lo que siempre he hecho, me apasiona. El que me introdujo en este mundillo fue mi padre. Él empezó en el transporte en 1967 y dos años más tarde lo hizo por cuenta propia. Su primer camión fue Pegaso 1061un Barreiros, luego se compró un Ebro y más tarde el Pegaso, cuya réplica he hecho yo. Este vehículo se ha movido por toda España haciendo aluminio, algo de vino y en sus últimos días cargando pollos”, recuerda Jordi.

Ésa fue precisamente su primera faena. Con 13 años dejó los libros y se subió al camión, aunque en esta época –claro está– como ayudante del chófer para cargar la mercancía. “Antes se necesitaban dos personas para cargar las jaulas de los pollos. Yo estaba encantado de la vida, vivía al máximo el ambiente. Me estrené con un Barreiros 4217. Fueron pasando los años y Jordi se sacó el carnet. “El primer camión que conduje fue un Pegaso Comet de 16.000 kilos. Tras un parón de dos años en los que llevé una bañera de áridos, volví al transporte de pollos pero como autónomo. Era 1993 y compré un Pegaso 1080, un camión desfasado para la época pero que era lo que me podía permitir”. Poco a poco y con mucho esfuerzo le fueron saliendo bien las cosas. Esto le permitió ir renovando y ampliando algo su flota de camiones para el porte avícola. “Ahora tengo dos Mercedes, uno que lleva Manu, mi cuñado, y otro, un Actros 1855 con motor de 550 CV que conduzco yo. Es el primer camión que he estrenado, el resto siempre habían sido de segunda mano. Lo compré porque fue el capricho de mi vida. Con él hago normalmente Cataluña, algo de Aragón y Castellón”.

Pegaso 1061A todas estas, el mayor de los Ros, Antonio, conocido en el mundo del transporte como El Tonet, enfermó, le tuvieron que operar de un cáncer. Poco a poco se repuso y fue entonces cuando Jordi le sugirió la idea de comprar un camión para restaurarlo juntos. La idea cogió forma. Nuestro anfitrión se puso manos a la obra, había que buscar un Cabezón, ese camión que tanto había mirado en las fotografías y que tantos buenos recuerdos le traía a la memoria. “Pregunté por diferentes talleres, por granjas, hasta que al final di con él, no fue fácil porque es un vehículo muy buscado. Lo negocié y lo compré. Fui con mi padre, lo arrancamos con las pinzas, lo subimos a la góndola y lo llevamos hasta Santa Coloma de Farners, donde mi padre tenía una casa con suficiente espacio como para acometer la restauración”, nos cuenta Jordi Ros, que sigue explicándonos: “El Pegaso era una auténtica chatarra, poco a poco lo tuvimos que desmontar completamente. Como mi padre estaba jubilado, entre semana iba trabajando en la reconstrucción del camión, lo conocía al detalle, sabía trastearlo. Los fines de semana yo subía con la familia y los dos nos poníamos el mono de trabajo, mano a mano, él estaba muy ilusionado, se le notaba que estaba disfrutando”.

Un golpe duro

Al año de comenzar la restauración, la desgracia se cernió en casa de los Ros. “En uno de esos fines de semana, cuando estábamos pintando por dentro la cabina del Pegaso, por la noche, mi padre murió de un infarto. Fue un disgusto muy grande. Me encontré con el camión medio desmontando y con el Pegaso 1061sinsabor de que no lo vería acabado”, nos cuenta emocionado Jordi.

Pasaron dos meses de la muerte de El Tonet y nuestro protagonista tomó la iniciativa de continuar él solo con la restauración. “Cada vez que veía el camión me acordaba de mi padre, quería acabarlo. Aunque me veía solo y me faltaba una ayuda, decidí seguir adelante. De un hobby pasó a ser una obligación”. Cuando Jordi se puso de nuevo manos a la obra, todavía quedaba mucho por hacer: dirección, eje trasero y delantero, amortiguadores, instalación eléctrica, asientos. “Lo monté en la góndola como pude para sacarlo de casa de mis padres y traerlo hasta la nave que tengo en Mataró, al lado de casa. Allí volví a cogerle la ilusión y culminé los trabajos, año y medio de dura y costosa rehabilitación, a lo que hay que sumar el año que pasó mi padre”.

El Pegaso sólo ha pasado por la manos de Antonio y Jordi, excepto la carrocería, que la tocó un carrocero de la zona. “Si hubiéramos estado los dos, también lo habríamos hecho”, afirma nuestro invitado. Al final, el estado del 1061 es impecable, las fotografías dan muestra de ello, al camión no le falta un detalle. “No hicimos una restauración, sino que convertimos una chatarra en un camión nuevo. De hecho, puse el cuentakilómetros a cero. Cualquier pieza que no quedaba perfecta, como si acabara de salir de fábrica, se volvía a repetir y se ponía como nueva. Eso es mucho dinero y trabajo, pero así lo quise hacer”, nos detalla Jordi, que se sincera confesándonos: “Me sabe muy mal que no haya visto el Pegaso acabado. Son muchas horas las que pasamos juntos, muchas conversaciones, todo el rato hablaba de los detalles, de cómo hacerlo, de cómo quedaría una vez concluido”.

Que estas páginas de Solo Camión sirvan de fiel testimonio de esta magna restauración del Pegaso 1061. Jordi y los suyos, con su mujer Àngels a la cabeza, seguro que lo disfrutarán, por lo menos eso esperamos. A los demás nos queda contemplar las fotografías y admirar el estado del Cabezón de Ros in situ en alguna de las múltiples concentraciones a las que suele acudir. La chapa negra y azul del Pegaso llama la atención allá donde va.

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