Museo del Camión en Iowa 80

El billete de avión hasta allí es caro. Para qué engañarnos. Pero si algún amante de los camiones clásicos tiene planeado un viaje a Estados Unidos esta Semana Santa -o cuando sea-, le recomendamos que haga lo posible por acercarse al estado de Iowa, y más concretamente a Walcott, donde se levanta esta pequeña Museo Iowa 80joya de la historia de la automoción. A pocos metros del truckstop Iowa 80 -del que ya os hemos hablado en alguna ocasión-, este exquisito Museo del Camión reúne cerca de 30 piezas clásicas totalmente restauradas sobre una superficie de 1.500 metros cuadrados. Los vehículos abarcan un arco temporal de aproximadamente 80 años, desde el más antiguo -un Avery de 1910 destinado a labores de granja- hasta el más moderno -un Kenworth de 1978-. La muestra se renueva cada medio año, ya que el museo cuenta con cerca de un centenar de clásicos, la mayoría de los cuales forman parte del legado de Bill Moon, el artífice de este proyecto.

Una vida con el camión

El museo abrió sus puertas hace aproximadamente dos años, pero para entender el papel que desempeñó Bill Moon tenemos que remontarnos a mediados de los sesenta, cuando la autovía Interstate-80 todavía no estaba finalizada, y el punto donde hoy se levanta el mayor truckstop del mundo Museo Iowa 80estaba ocupado apenas por un par de surtidores junto a un pequeño restaurante de carretera y una humilde tienda. Bill Moon se hizo cargo del negocio, transformándolo en una auténtica área de servicio para profesionales del transporte. Remodeló y agrandó la zona de restaurante y la tienda, y abrió nuevos servicios, muchos de los cuales eran una auténtica novedad a mediados de los 80, como las duchas privadas o un zona de ocio para los camioneros. Moon fue el artífice, también, de una de las concentraciones de camiones decorados más importantes en Estados Unidos, el Walcott Truckers Jamboree. Un auténtico derroche de cromo, pintura y excentricidad camionera que anualmente se celebra en este truckstop.

Pese a sus esfuerzos y dedicación al mundo camionero, Bill Moon dejó incompleto uno de los proyectos que más ilusión le generaba: abrir un museo Museo Iowa 80dedicado al mundo del camión. Durante la mitad de su vida, cuando las obligaciones se lo permitían, el mánager de Iowa 80 se dedicó a buscar, comprar y restaurar todo tipo de viejos vehículos de transporte. Recorrió miles de kilómetros por todo el país visitando vendedores particulares, desguaces y subastas públicas en busca de trozos de memoria en peligro de desaparición irreversible. Su objetivo era recuperar esas piezas únicas para poder explicarle al público cómo había evolucionado la industria camionera en el país y cómo había moldeado, asimismo, el way of life norteamericano. El año de su muerte, en 1992, Moon poseía una colección que rondaba los sesenta vehículos, pero se fue sin ver cumplido su sueño. Su familia ha ido dando forma al proyecto durante años, y en 2008, finalmente las puertas del museo se abrieron al público. Sueño cumplido.

Una colección única

Hoy, Dave Meier -yerno de Bill Moon- es el mánager del museo y responsable de la gestión de la colección. Gracias a las donaciones y a la cesión de Museo Iowa 80algunas unidades, actualmente el fondo está formado por cerca de cien vehículos, cada uno de los cuales tiene una historia que contar al visitante y proporciona una pequeña idea de una época engullida ya por el paso del tiempo. En la zona de proyección se exhiben también documentales cortos sobre la historia de la evolución del transporte por carretera en Norteamérica. Desde el Avery de 1910 hasta un Mack Jr de 1912, pasando por un Ford A de 1930 con tracción de oruga y esquís delanteros, un Diamond T 201 del 48, un Dodge C-600 de 1972, un Rambler de 1913 o el Kenworth más antiguo que aún existe (un KS de 1925), cada una de las reliquias están restauradas y cuidadas de arriba abajo, conservando, en la medida de los posible, su aspecto original.

Una de las últimas incorporaciones ha sido un Kenworth KDC825C Bullnose, donado por un camionero. El vehículo es el último ejemplar que queda de este modelo y, cuando el cuentakilómetros dejó de funcionar, en 1998, marcaba la friolera de cerca de 8 millones de kilómetros, el equivalente a ir a la luna y volver veinte veces. Ray S. O’Hanesian, su dueño, lo compró en 1958 por 18.000 euros, una pequeña fortuna en aquella época.

Museo Iowa 80El museo está repleto de historias curiosas como ésta. Basta acercarse al panel explicativo situado delante de los vehículos para dejarse sorprender y viajar al pasado esbozando una irremediable sonrisa. Como cuando uno contempla una furgoneta Walker de reparto de leche, fabricada en 1911, y en las especificaciones lee “tipo de combustible: eléctrico”. Y no es la única. El museo acaba de abrir una sección de vehículos de época propulsado por motores eléctricos. Piezas fantásticas que nos enseñan que ya a principios del siglo XX, hace un siglo, los fabricantes de vehículos ya apostaron por este tipo de energía. De hecho, la historia dice que los propulsores alimentados por gasolina y los eléctricos fueron inventados al mismo tiempo, y que sólo la falta de una infraestructura para la recarga hizo que los primeros se convirtieran en los favoritos para los constructores.

El asombroso legado de Bill Moon es una auténtica clase de historia de la automoción y, por extensión, del desarrollo de la sociedad moderna occidental. Una pena que Iowa quede tan lejos de España.

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