Y también un descanso, podríamos añadir con el beneplácito de mujer e hijos. Seguro que Lucía y Antonio tienen un espejo donde mirarse el día de mañana tras la fuerza de voluntad de la que ha hecho gala su padre.

Para empezar a contar la historia de este vehículo hay que echar la vista a su parte trasera, allí donde termina el chasis y se levantan incólumes la carbonera y el depósito de un viejo gasógeno que hoy luce impecable. El artilugio descansaba en el taller de Francisco Palau (Barcelona, 1942) y pedía a gritos un camión donde acoplarse. Cuando el restaurador catalán dio con el chasis del Ford AA se le iluminaron los ojos.

A finales de los años cincuenta, la mayoría de los parques de bomberos españoles tenían en dotación este modelo de camión. Era un vehículo tremendamente especializado y cuya eficiencia estaba fuera de duda, razones más que suficientes para que se mantuviera en activo durante décadas.

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